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Martes, 11 de julio de 2006
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 Actualizado: 3.01 a.m.
 
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«¿Vendetta!», fue lo primero que gritó el domingo un 'tifoso' romano, con el rostro desencajado, nada más marcar Grosso el gol de la victoria. Estaba en un bar al lado de la embajada francesa de Piazza Farnese, con un auditorio dividido de italianos y 'bleus', y el alarido le salió del alma. La pasión reprimida de los italianos durante décadas, tras ser eliminados por penaltis en el Mundial en 1990, en 1994 y 1998, por no ganar a Francia desde el 78, por haber perdido ante ellos de forma inmerecida la Eurocopa de 2000, estalló por fin en una noche desquiciada. Trastevere, Testaccio, Campo de Fiori, plaza Venezia, cualquier rincón de Roma se convirtió en un río humano de gente cantando y agitando banderas.
 
La entrada en los Pirineos será en esta ocasión mucho más dulce que en años anteriores. La primera montaña seria de la prueba no llegará después del día de descanso, sino 24 horas después, mañana miércoles, con una etapa que finalizará en Pau y que tendrá dos puertos puntuables para el premio de la montaña. No debe de ser una etapa de grandes diferencias puesto que desde la cima del Marie Blanque a la meta quedarán 42 kilómetros de bajada. No es un inicio preocupante, pero si puede resultar peligroso, a la espera de la gran jornada pirenaica, con final en Plá de Beret.
 

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