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Sábado, 24 de junio de 2006
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OPINIÓN
TRIBUNA
Necesidad de sosiego
EL sosiego debe ser algo así como un estado de ánimo al que no perturba la crispación política, dicho sea con el mayor respeto hacia nuestros más señalados crispadores públicos. Pero el sosiego tal vez sea una situación política anormal, por los esfuerzos que realizan políticos de renombre para generar desasosiego. El presidente Zapatero parece haber metido el dedo en el ojo de algún adversario político cuando pidió anteayer, con vistas a un hipotético fin de la violencia etarra, 'sosiego', tranquilidad y perspectiva. Indudablemente, el sosiego no puede ser la solución a un problema de terrorismo doméstico, como es el de ETA, pero tampoco el desasosiego parece ser la fórmula más adecuada, cuando se han cumplido tres meses de tregua terrorista (y más de tres años sin victimas mortales), para alertar a la sociedad de la inconveniencia de que el Gobierno sondee y se adentre por un proyecto de paz, aventura que va a iniciarse sin garantías de éxito.

La sociedad española no está crispada, sobre todo a partir de veinte kilómetros de Madrid hacia la periferia, por lo que no puede hablarse de un divorcio entre clase política y quienes son representados por ella o, al menos, de un divorcio previsible y no consumado aún. Pero hay asuntos que llaman a rebato de iracundia al principal partido de la oposición, como el de avivar los rescoldos de la memoria histórica, las reformas estatutarias (excepto en las autonomías gobernadas por el PP) y el anunciado diálogo del Gobierno con ETA.

Ayer lo dijo el secretario general del PP, Ángel Acebes: Y no es solución pedir sosiego, porque desasosiego genera en los ciudadanos cuando escuchan decir a la vicepresidenta primera del Gobierno que el terrorismo ya no existe o, ayer, al portavoz en el Congreso de los Diputados, al señor López Garrido, decir textualmente «no existe ningún tipo de actividad terrorista». ¿Exageraron las dos jerarquías socialistas? Acebes demostró que sí, al precisar que «entre ayer y hoy, desconocidos atacan la sede de Correos de San Sebastián y un cajero automático en Vizcaya». Lo del cajero automático no debe dejarse pasar como si careciera de la debida importancia.

Como ex ministro de Interior, Acebes tiene experiencia política en asuntos de terrorismo, y de ahí que sus opiniones no sean para echar en saco roto. Añadía ayer a sus precisiones el dirigente 'popular' que ETA utiliza la violencia callejera como chantaje y que no piensa abandonar nunca la violencia, por lo que no hay nada que hablar con la banda terrorista. Ocurre, sin embargo, que Zapatero quiere abrir un diálogo con la banda terrorista, al menos para no desechar una hipótesis de paz sin haber intentado llevarla a la práctica.

Pero el sosiego no encaja en esta situación, por la disparidad de criterios entre el Gobierno y el PP, sobre todo en asuntos de Estado, como las reformas de los sistemas jurídicos territoriales, la memoria histórica o esclarecimiento de nuestro pasado colectivo y el diálogo con ETA. En cualquier circunstancia humana, excepto en las que mandan el ruido y la furia, es decir, la crispación, lo más aconsejable es el sosiego, que era precisamente lo que recomendaba Felipe II, que no será tan santo de la devoción de Zapatero como Manuel Azaña, a quienes recibía en audiencia. Llegaban los gentilhombres a la presencia real fatigados e impresionados tras recorrer el itinerario que atravesaba el monasterio de El Escorial, desde la Lonja al trono, y el rey Felipe, que Dios guarde, les decía: 'sosegaos'. Soseguémonos, pues, aunque sólo sea para comprobar si una banda terrorista, al margen de su farragosidad expositiva, desea verdaderamente su propio fin.



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