Ralph Van Raar, el más joven ganador del Premio Gaudeamus y receptor del Dutch VSC Classical Music Award el pasado noviembre -entre otros galardones- y alumno de Pierre-Laurent Aimard es de los nombres que comienzan a oírse con insistencia en las salas de conciertos europeas y en festivales.
Sus ricas interpretaciones, que combinan análisis con energía, han sido amplia y justamente ensalzadas, pero gran parte de la frescura y novedad de la que disfruta proviene de su capacidad para encajar programas muy amplios, intensos en sus contrastes y provocativos en su intención, ya sea unidos por inesperadas relaciones o construidos como rompecabezas.
En definitiva, programas que dejen poso. «Como ser humano y como músico tengo la gran ventaja de vivir en el mundo de hoy. Nunca antes se ha podido escuchar mundialmente tal diversidad de música», afirma. «Muy a menudo -añade- me pregunto cómo puede alguien limitarse a un único tipo o estilo de música. Después de todo, cada pieza de música, más allá de su estilo, se concentra sólo en un aspecto de la personalidad humana».
Programa
Reflejo de sus ideas es el programa diseñado para el recital de esta noche, a las 21 horas, en el teatro José Tamayo de la Chana, dentro de las Jornadas de Música Contemporánea.
Estilos que tienden a anularse entre sí dan paso el uno al otro dirigidos por la mano de Van Raat. El recital comienza con una pieza inspirada en el jazz que da paso a la que sirvió de semilla para el posterior Concierto para piano de Cristóbal Halffter.
A continuación, una obra perteneciente a la 'nueva espiritualidad' y una pieza de denuncia de las condiciones de trabajo, obra de Frederic Rzewski.
Uno de los momentos culmen será la interpretación de una de las partituras más importantes del minimalismo, Phrygian Gates de John Adams. «Cada obra de arte debe ser juzgada por su propio mundo individual», afirma este pianista lleno de convicción y técnica.