LA mayoría obtenida por los partidos afines al actual presidente de Colombia, Álvaro Uribe, supone, sin ser formalmente candidato, un nuevo y redondo éxito político para el tenaz mandatario colombiano. De hecho, la amplia coalición de partidos de variado signo, con el suyo en cabeza, alcanzó este pasado domingo una amplia mayoría en las dos cámaras legislativas y deja entrever lo que con toda seguridad será una victoria del presidente en las presidenciales que deben celebrarse el próximo mes de mayo. Álvaro Uribe ha demostrado desde su elección como presidente en 2002 ser un ejemplo de constancia y voluntad política, como prueban el referéndum convocado a los 14 meses de su llegada al poder para respaldar sus medidas anticorrupción o que la Corte Constitucional aprobase la reforma de la Constitución para poder aspirar a un segundo mandato. Pero, sobre todo, ha sido el mantenimiento del lema con el que llegó a la presidencia colombiana en 2002: 'Mano firme, corazón grande', el que mayores réditos le está dando al presidente Uribe. Tanto que una vez conocidos los resultados no dudó el presidente en volver a lanzar su mensaje inequívoco a la guerrilla de las FARC: «es la hora de una negociación seria y sincera». El respaldo de los electores a la política del presidente ha estado incluso por encima de la dura ofensiva lanzada por la narcoguerrilla de las FARC, que trató de identificar el voto a los partidarios de Uribe con la guerra, y está convirtiendo a Uribe en el estandarte más visible del ala conservadora en Latinoamérica. No en vano, los partidos de la oposición van a acusar los resultados de estas legislativas, especialmente el veterano aspirante del Partido Liberal a la presidencia, Horacio Serpa, ya derrotado en dos ocasiones. Y aunque será menos dramática para el Polo Democrático de Luis Eduardo Garzón, más atento en estos momentos a consolidarse como la alternativa viable de la 'izquierda' y a confirmarse en la política práctica que a conquistar el poder, la realidad es que mucho tendrían que cambiar las cosas en Colombia para que el 'uribismo' dejase de ser la corriente mayoritaria en el país.