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Lunes, 13 de febrero de 2006
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El Gobierno italiano pide que no se toquen animales muertos tras varias imprudencias
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«No toquéis las aves muertas, no hagáis como una señora de Pescara que esta mañana ha encontrado un cisne muerto, lo ha metido en una bolsa de basura y lo ha llevado a un centro sanitario», advertía ayer a los italianos el ministro de Sanidad, Francesco Storace, nada más salir de la reunión de la unidad de crisis. Ese episodio de Pescara es el del último animal encontrado y que hace el número 22, junto a los 21 anunciados el sábado. De ellos el número de casos de H5N1, la variante más peligrosa del virus, sigue siendo cinco. Lo cierto es que la gripe aviar ha pillado a Italia un poco desinformada, pese a que se lleva tres años hablando del tema. Lo demuestra el comportamiento de algunos ciudadanos en los hallazgos de los cisnes muertos que han marcado la llegada de la enfermedad a Europa.

En observación

En la bahía de Ognina, en la ciudad siciliana de Catania, un hombre rescató un ejemplar moribundo del puerto con una lancha y luego lo llevó a la terraza de su oficina. «Todos vinieron a verlo, mis hijos han jugado con él toda la tarde, acariciándolo. No habían visto uno tan grande en su vida, y yo tampoco, la verdad», contaba a los medios italianos Tomasso T., que mientras el hermoso cisne real se convertía en la atracción del barrio llamó al servicio veterinario. Se lo llevaron y no volvió a pensar en ello, pero empezó a preocuparse al ver las noticias del sábado, cuando los análisis confirmaron los casos de gripe aviar. «Nadie nos había dicho nada, no sabíamos que era peligroso», comenta. A cada uno de los 22 cisnes descubiertos corresponde una historia similar.

Todas las personas que han estado en contacto con los animales infectados o bajo sospecha están en observación, y son varias decenas. En Riposto, también en Sicilia, un pescador y un chaval cogieron otro cisne en el mar y se lo llevaron a su garaje. Dos 'carabinieri' lo tuvieron en comisaría. Otros dos amigos encontraron siete cisnes moribundos en un río y avisaron a un servicio veterinario, pero como no llegaban y empezaba a oscurecer los metieron en su 'jeep' para llevarlos al chalé de uno de ellos. Allí los encerraron en una pajarera, donde había palomas y otras aves. Encima, uno de los cisnes se escapó.

Storace quiso tranquilizar a la población: «No hay peligro de contagio de animal a hombre». En cualquier caso, parece que este tipo de situaciones no volverán a repetirse, porque la alarma por la gripe aviar ya está muy extendida. Es más, ayer se produjo el fenómeno contrario, con un goteo constante de denuncias en todo el país ante la presencia de cualquier pájaro muerto. Un granjero de Puglia, en el sur, llegó a llamar a un centro epidemiológico, presa del pánico, para que se llevaran a sus gallinas.



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