El escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner, residente en España desde 1970, desveló recientemente en un artículo que «hace un par de décadas un senador socialista español me confió un curioso secreto: poco antes de la muerte de Franco el dictador libio Gadafi le había entregado cincuenta mil dólares para ayudarlo a liberar Andalucía del control tiránico de Madrid. Gadafi soñaba con la restauración en el sur de España de un estado islámico que recreara la gloria de Granada, tristemente perdida en 1492». Montaner añadía en el texto que «el senador de marras -que entonces era un joven revoltoso- se embolsó los cincuenta mil dólares, se olvidó del asunto y en su momento se convirtió en un legislador prudente del establishment, pero lo que la historia tiene de interesante no es la pícara estafa del político español, sino la memoria enfermiza de Gadafi: para el coronel libio, Granada no era un episodio remoto ocurrido hace medio milenio, cuando Colón descubría América, sino un agravio vivo y vigente contra el Islam que merecía ser vengado a sangre y fuego en nuestros días».