Ideal

«Aquí todos pueden tener comida y compañía»

Voluntarias en el comedor de Cáritas en San Agustín.
Voluntarias en el comedor de Cáritas en San Agustín. / ENRIQUE
  • OTRAS MIRADAS | COMEDOR DE CÁRITAS EN LINARES

  • El comedor de Cáritas en la parroquia de San Agustín en Linares lleva dos años ofreciendo alimento a los 'sin techo' gracias a sus voluntarios

El pasillo de su casa parece El Corte Inglés. Lo afirma sin disimular su risa Virtudes Maya, aludiendo a que siempre tiene algo de ropa y zapatos disponibles en casa para quien los necesite. Nunca son las mismas prendas porque salen con la misma rapidez que entran, a la búsqueda de un dueño que precise abrigo para el cuerpo o una suelas nuevas para sus cansados pies. Virtudes sabe mucho de solidaridad, pero no de la teórica, de la que llena solo la boca. Porque ella, junto a un grupo de voluntarios la practica día a día, de lunes a domingo, sin faltar una sola jornada a su cita con los que los que les urge que alguien les tienda la mano.

Aunque no es la única que colabora porque son muchos los voluntarios que se vuelcan, Virtudes es el alma del comedor de Cáritas, situado en la plaza de San Agustín, en la casa anexa a la parroquia. Hoy disponen de estas instalaciones, pero no siempre fue así. Su germen nació hace diez años, cuando el párroco Juan, de San Agustín, al finalizar su homilía, hizo un llamamiento para aquel que quisiera saliera a repartir un bocadillo y café caliente a las personas que se encontraban resguardadas del frío de Linares en cajeros y soportales. Así lo hizo un grupo, que volvió a hacerlo a la semana siguiente y al que se unió Virtudes. «Yo pensaba que las salidas acabarían una vez que se fuera el frío, pero después decidimos seguir una semana más y después otra y otra...», cuenta Virtudes. «Mientras nosotros regresábamos a nuestra casa calentitos ellos se quedaban a la intemperie, no podía pensar en otra cosa después de haber hablado con ellos y conocer sus historias. «Al principio no podía dejar de llorar porque lo pasa mal viendo en las condiciones en las que se encuentran», apunta.

Pasó el tiempo y, del grupo primitivo, tan solo quedaron dos para seguir haciendo las salidas. «Pensábamos que esto se acabaría, pero la gente empezó a animarse y cada vez se sumaron más voluntarios». Con la vista puesta en poder ayudar a más gente y ofrecerles algo más, el párroco de la iglesia les cedió una habitación en la que colocaron una pequeña cocina de gas. «Allí hacíamos un caldo, una tortilla...». Se lo daban en táper y también repartían galletas y fruta. «La gente empezó a conocernos y a venir para tener algo que comer», añade. Una vez que había concluido la jornada y antes de volver a casa, daban una vuelta con el coche por si había alguien que no les conocía para ofrecerles algo de comida. Así funcionaron durante algunos años más.

Pero también esta habitación se les quedó pequeña, por lo que el Obispado les cedió un local en una casa cerca de la parroquia de San Agustín, en la que hicieron una remodelación para acondicionarla. Fue hace dos años y desde entonces cada día atienden a 30 'sin techo' y transeúntes de media, una cifra que oscila según la época del año. «Estas semanas hemos tenido un repunte y hemos estado dando cenas a unas 40 personas». Platos calientes, como si fuera mediodía: lentejas, pollo empanado, fruta... Con su primer y segundo plato. En navidades, además, han hecho menús especiales. Primero un puré y después muslos de pollo al horno. Para fin de año, uvas y botellitas de sidra. «También ellos tienen derecho a celebrarlo», dice. El Día de los Sin Techo lo pasaron en grande. «Les pusimos jarrones con flores en las mesas y les llevamos a la tuna de Linares», cuenta Virtudes. «Se quedaron impresionados», ríe.

«Estoy aquí para ellos»

«Alguno de ellos se han convertido ya en mis niños, aunque tengan 60 o 70 años», admite. «Son como mis hijos adoptados y saben que siempre estoy aquí cuando lo necesitan», añade. «Yo los quiero y ellos me quieren a mí; supone una satisfacción muy grande poder aportar nuestro granito de arena a que estén un poco mejor». Además, Virtudes asegura que Linares es muy generoso. «Tengo un amigo que nos da aceite, otros nos ofrecen jamón o queso y hay quien dona dinero para el comedor». Ahora también han realizado una recolecta de juguetes para los niños, con la colaboración de la ciudadanía. También las hermandades se prestan y los bomberos de la ciudad venden lotería con la que obtener una ayuda que después donan al centro para su funcionamiento.

En el comedor no solo los proveen de comida, sino también de otros elementos imprescindibles. Medicamentos, visitas al doctor, ropa, ducha... Si se trasladan les ayudan con el coste del transporte. Algunos que están enfermos se hospedan en una pensión y otros son enviados a centros (Siles, La Carolina, Alcolea en Córdoba, etc.). Otros deciden quedarse tal y como están y continuar viviendo en la calle. «Cada uno pasa por una situación diferente y nosotros la respetamos», argumenta.

Familias sin recursos

Desde hace un año y medio, además de a transeúntes y 'sin techo' también dedican parte de su tiempo a las familias con niños sin recursos. «Personas que tienen casa en la que dormir, pero no pueden pagar la luz o el butano, no pueden cocinar», manifiesta Virtudes. De lunes a viernes, los padres pasan al mediodía a recoger la comida. Les llegan derivados de las parroquias. Por el momento, atienden a 11 familias, para las que preparan de 90 a 100 comidas. Además del almuerzo, también les preparan fruta, pan, galletas o yogur para las meriendas de la tarde. «Tres o cuatro mujeres voluntarias van por las mañanas a preparar las comidas del mediodía para las familias y otras cuantas acudimos por las tardes para las cenas».

«¿Eres de Linares?», me pregunta con ciertas expectativas casi a punto de concluir la entrevista. Ante mi negativa, responde con algo de desencanto por mi respuesta, pero sin perder un ápice su seguridad. «!Ah, es que era por si vives aquí y te encuentras por la calle a alguien que no nos conozca, que lo mandes a nuestro comedor para que sepa que aquí tiene comida caliente!». Así es Virtudes y el grupo de voluntarios que llevan adelante este proyecto, sin perder la oportunidad para hacer saber en cualquier rincón que la solidaridad no acaba en navidad y que aquel que precise de un plato de comida, de aseo y compañía lo obtendrá en la plaza de San Agustín de Linares.