Un año de vuelo solitario de Gacelo

Vicente Oya Rodríguez. / Jorge Pastor

Vicente Oya Rodríguez, el cronista de la provincia, se marchó dejando huella en todos los que le conocieron

IDEALJAÉN

Hasta el último momento, con esa razón que siempre alimentaba con la ponderación y la bonhomía, estuvo a pie de folio, escribiendo su última jaenciana, columnas cargadas de costumbrismo, sabiduría y sentido común, aleteado por su fiel y querido Gacelo, que vuela solitario desde entonces, o quizás no. La madrugada del 11 de agosto de hace un año nos dejaba Vicente Oya Rodríguez (Cambil, 1939-2016), quedando Jaén un poco más gris.

Ryszard Kapuscinski mantenía la teoría de que «para ser buen periodista hay que ser buena persona». Vicente Oya era, en sí mismo, un paradigma de ambas bondades. Alguien que no necesitaba morir para recibir elogios de esta índole.

Cronista oficial de la provincia, de la ciudad de Jaén y del municipio de Cambil, fundador y primer presidente de la Asociación Provincial de Cronistas Oficiales 'Reino de Jaén', presidente de Aprompsi, corresponsal de RNE, La Vanguardia y ABC, secretario del Consejo Social de la Universidad de Jaén, columnista de IDEAL y todo una serie de títulos más que llenarían casi por completo esta crónica, falleció en Beas de Segura, donde pasaba unos días de descanso, a la edad de 78 años, víctima de un infarto.

Como señaló su «amigo y alumno» Juan Eslava Galán, «con la muerte de Vicente Oya pierde Jaén algo más que un amigo que lo supo ser de todos. Era el archivo viviente del último medio siglo en la provincia de Jaén». «Recuerdo sus sabios consejos que tanto me han servido: el estilo debe tener el sabor del agua clara, o sea, ninguno». «Era un hombre amigo de todos».

Los homenajes y recuerdos se han repetido durante este año y continuarán. La Diputación de Jaén está promoviendo junto a ayuntamientos, entidades y colectivos la organización de un programa común de actividades en homenaje a la figura y obra durante este año y el próximo 2018. Figurarán desde publicaciones hasta exposiciones, conferencias, congresos y reconocimientos, entre otras.

Y es que nos ha dejado además un legado único: su familia con su mujer, Isabel Jiménez Cuadros, su hijo Vicente y su hija Isabel María, «su bendición del cielo», como él mismo la llamaba; una organización, como es Aprompsi, con 4.500 usuarios y más de 250 trabajadores; y el trabajo de medio siglo al servicio de las letras, documentado en un archivo personal.

Dejó escritos miles de artículos en más de cinco décadas de profesión, medio centenar de biografías, prólogos de un centenar de libros y más de setenta pregones. Su generosidad y su compromiso con Jaén no tenía límites. «El cronista es algo así como un profeta del pasado y un vigía permanente que otea el horizonte», decía Vicente Oya, orgulloso de ese cargo de cronista, que ha quedado escrito para siempre en la placa que da nombre a una plaza de Jaén. De su Jaén, que lo añora y no lo olvida.

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