Renacido para siempre

Javier de la Torre con su carné de donante./ IDEAL
Javier de la Torre con su carné de donante. / IDEAL

Despedida multitudinaria a Javier de la Torre, jienense transplantado que enarboló la defensa de la sanidad pública andaluza y de la donación de órganos

MIGUEL ÁNGEL CONTRERASJAÉN

Javier de la Torre (Jaén, 1971-2018) era todo pasión. Te arrollaba con su ímpetu, «abrazando la vida a cada minuto», como rezaba en su estado de whatsapp. Y era un buen tío, lo que es decir mucho cuando es verdad; sobre todo porque casi todos lo son cuando ya se han ido y muchos menos lo son mientras aún te los cruzas por la calle. Él lo era.

Ayer, entre múltiples muestras de condolencia y cariño y de recuerdo en las redes sociales, familiares y amigos despidieron al jienense tras poner fin demasiado pronto a su segunda vida. Así la llamaba él, después de estar a punto de morir en 2011, tras dos años de un calvario en el que se asomó al abismo más absoluto, cuando por una cirrosis se perdió la mitad del jienense, de 85 kilogramos se quedó en 46. Cuando ya ni reconocía a su mujer e hijos, un transplante que le comunicaron sobre la bocina, un día antes de sacarle de la lista por darle por desahuciado, le comunicaron que había un hígado compatible.

Tras una recuperación lenta (pasó de tomar 28 pastillas a una), se cargó de energía y empezó a ganar fuerza y a concienciarse de que debía algo a la vida y a la sociedad, y comenzó a luchar por ello, haciendo una defensa a ultranza de la sanidad pública andaluza y de la donación de órganos, con vídeos en internet o multitud de charlas contando su caso. Ha sido cofundador de la plataforma de Hepatitis C de Jaén y formado parte de la ejecutiva local del Partido Socialista de Jaén capital.

Su historia fue el armazón de un reportaje de este periódico, 'El renacido jienense', que valió el premio «Luis Portero a la Promoción de Donante de Órganos y Tejidos de Andalucía». Por entonces estaba en cines la película de El Renacido y le iba como un guante, viendo las fotos de 2011 y las de ahora, de amarillo a rosa. Hablaba con un ímpetu sobre su vuelta a la vida, mostrando fotos, contando todo al mínimo detalle, que realmente transmitía y llegaba. Me pareció un buen tío y después me lo confirmaría. El premio lo ganamos juntos, porque no sólo era el protagonista, él me azuzó convencido de que ganaría cualquier premio al que lo presentara. Si lo gano te debo una cerveza mínimo, que es por ti, le dije. Una coca cola mejor, me respondió entre risas. Se alegró como el que más, que supongo que fue mi madre.

Hace pocos meses que lo vi por última vez. «El reportaje tiene segunda parte», me soltó y me contó, seguro de que esto era menos y saldría. Pero se complicó todo. No me cabe duda de que ha aprovechado al máximo su segunda vida.

«Mi deber, así lo siento, es continuar con la labor que comenzó mi donante. Un donante joven que tuvo su accidente y me lo ha dado todo. La salud la pido para todos, sean del sexo, la religión, raza o partido político que sean. La sanidad pública es patrimonio de todos y hay que luchar por ella. La muerte estaba ahí, pero hice equipo con ella, mi donante, su familia, la mía y la sociedad, y ganamos el partido», aseguraba el jienense dispuesto a dar guerra hace dos años y medio en el reportaje.

Todo el cariño del mundo para su mujer Rosa, sus dos hijos y su hija. Queda su ejemplo, su legado, la defensa de la donación y de la sanidad pública, cuando hace falta quizás más que nunca. «La enfermedad me ha humanizado. Soy mejor. Quiero darme a los demás y disfrutar el día a día, minuto a minuto, que es algo que creo que se nos olvida a menudo. La vida es maravillosa». DEP.

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