Cuando las redes dictan sentencia

Cuando las redes dictan sentencia

El odio en Internet es una realidad: miles de usuarios insultan y amenazan sin saber que en la red todo deja rastro

LAURA VELASCOJAÉN

Una chica se fotografía enseñando los pechos junto al Cristo de la Buena Muerte, en la Catedral de Jaén. Lo sube a sus redes sociales y se hace viral. La chica borra la publicación, pero ya es tarde: corren como la pólvora pantallazos por Internet. Y genera cientos de comentarios, muchos de ellos en contra. Algunos más agresivos de la cuenta. 'Pedazo de puta, cuando te vea por la calle te voy a reventar la cabeza. Me suda la polla si me caen quince o veinte años. A ti te quito la tontería. Lo de 'La Manada' va a ser un cumpleaños comparado con lo que te pienso hacer. Asquerosa, engendro, montón de mierda'.

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Se trata de uno de los comentarios textuales en respuesta a la publicación inicial, que también se hizo después viral. La pescadilla que se muerde la cola. En solo unas horas, los mensajes intimidatorios pasaron de dirigirse a la chica a tener el foco puesto en el usuario que la amenazó después. 'Localizadlo y matadlo anónimamente', 'No merece vivir, te deseo lo peor' o 'Ya te tenemos fichado facha de mierda' fueron algunos de los mensajes dirigidos al individuo. Odio que genera más odio. Un bucle sinfín en el que muchos no son conscientes de las posibles consecuencias de sus palabras.

Este es el ejemplo más reciente en la provincia, pero no el más conocido. Ese puesto se lo lleva el joven condenado al pago de una multa de 480 euros como autor de un delito contra los sentimientos religiosos por subir a Instagram un fotomontaje del Cristo de la Amargura, popularmente conocido en la Semana Santa de Jaén como El Despojado. El rostro de la imagen religiosa fue sustituido por el del acusado. El caso alcanzó una visibilidad nacional y generó una gran polémica. Decenas de personas hicieron el mismo montaje con sus rostros en señal de protesta con la sentencia. En este caso, los mensajes negativos hacia el condenado y hacia la hermandad también se sucedieron.

En marzo de 2013, la Fiscalía General del Estado puso en marcha una red de Fiscales especializados en delitos contra el odio, con la designación de un Fiscal en cada provincia que coordinara la actuación en su jurisdicción de los asuntos relacionados con este fenómeno delictivo

La del Despojado es una de las primeras condenas por delitos de odio relacionados con los sentimientos religiosos que trasciende en la provincia de Jaén. La primera se dictó en 2016, cuando la Audiencia Provincial de Jaén condenó a penas de cuatro años de cárcel y un año y medio de prisión a los dos autores del robo de la Custodia del convento de Las Bernardas en la capital. En ese caso el Fiscal unía en su escrito de calificación el delito de odio con el de robo, aunque finalmente la condena fue por el robo. Hubo el año pasado otro juicio por supuesto delito de odio por motivos de raza, pero tampoco quedó acreditado este hecho como móvil de una agresión.

Delito de odio

El concepto de delito de odio hace referencia, según recoge la Memoria de la Fiscalía, a todas aquellas conductas motivadas por la intolerancia, es decir, por prejuicios o animadversión en atención a la pertenencia de la víctima a grupos, colectivos o asociaciones considerados como diferentes por razones diversas tales como el sexo, la raza, la nacionalidad, la orientación sexual, la discapacidad, la ideología o las creencias religiosas.

En marzo de 2013, la Fiscalía General del Estado puso en marcha una red de Fiscales especializados en delitos contra el odio, con la designación de un Fiscal en cada provincia que coordinara la actuación en su jurisdicción de los asuntos relacionados con este fenómeno delictivo. En Jaén, el encargado es Cristóbal Jiménez, de la sección territorial de Úbeda. Con esta medida, el Ministerio Fiscal trataba, en sentido amplio, de dar una respuesta eficaz al incremento de estos delitos en la sociedad española. Y, más concretamente, de ofrecer una especial protección a quienes sufren el odio irracional y la discriminación por prejuicios basados en la raza, las creencias, la orientación e identidad sexual o la situación de exclusión social.

En la última Memoria de la Fiscalía General del Estado, la de 2017, donde se recoge la evolución de la criminalidad, se ha realizado un especial seguimiento a estos delitos, que arrojan la cifra de 425 procedimientos judiciales abiertos a lo largo del 2016. Se apuntan 134 diligencias de investigación incoadas y 82 escritos de acusación formulados por los fiscales. En este mismo ejercicio, los delitos de odio generaron 35 sentencias en las que se puede observar, aunque no de manera sistemática, que los motivos fundamentales de odio y discriminación vienen derivados del racismo y la xenofobia, seguidos de la orientación e identidad sexual, la ideología política, aporofobia y la discriminación por discapacidad.

El Fiscal General del Estado, Julián Sánchez Melgar, ya alertó sobre la proliferación en un futuro próximo de estos comportamientos delictivos, que encuentran en las redes sociales unos altavoces que multiplican su propagación a múltiples destinatarios.

Fenómeno nuevo

El portavoz del Cuerpo Nacional de Policía en Jaén, Diego Moya, asegura que el cauce más «normal» por el que se producen delitos de odio son las redes sociales, aunque también puede darse en la calle -por ejemplo, una manifestación reivindicando los derechos de las lesbianas en la que alguien les ataca por su condición sexual-. Además, es un fenómeno relativamente nuevo. «Hace años estos delitos ni siquiera existían, porque no existía Internet. El odio lo expresaban, pero no al extremo actual. El caldo de cultivo son las redes sociales, porque los usuarios creen que si escriben algo y lo borran es como si no existiese, pero eso deja un rastro, siempre queda ahí», añade.

Eso sí, para investigar un delito de odio hace falta una denuncia, a no ser que el ataque sea contra una institución como la Corona, la Policía Nacional o la Guardia Civil, en cuyo caso es la propia institución la que denuncia. En el resto de casos, hace falta denuncia para comenzar a investigar.

Diego Moya incide en que no hay un perfil concreto del que ejerce estos delitos. «Los policías que ahora se están preparando en la Academia de Policía Nacional de Ávila estudian para adelantarse a ellos. Las redes sociales nos han hecho descubrir nuevos delitos, llamados delitos tecnológicos, que campan con total impunidad», apostilla.

En cuanto a las recomendaciones para evitar estos delitos, incide en la educación y el diálogo en las familias. «Estamos educando a nuestros hijos en una habitación a puerta cerrada con una pantalla. Los niños ya no preguntan a sus padres, lo buscan en Internet y ahí hay de todo. Además, así crecen en soledad, sin diálogo», lamenta.

Uno de los debates más complicados es clarificar si retuitear en Twitter es delito. Diego Moya insiste en que hay un vacío legal, y que retuitear no tiene por qué significar que se está de acuerdo con el mensaje.

Sin embargo, hay una sentencia del Tribunal Supremo que considera que para cometer delito de enaltecimiento del terrorismo en redes sociales no hace falta ser el autor del mensaje. Así lo acordó la Sala de lo Penal en una sentencia en la que establecía la condena de un año y medio de prisión a un tuitero que colgó en su cuenta un vídeo de Youtube y retuiteó imágenes de homenajes a ETA.

Casos más sonados

A nivel nacional, uno de los casos más sonados es el de la condena de tres años y medio de cárcel a Josep Miquel Arenas, conocido como Valtònyc, por delitos de enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona, y amenazas por el contenido de algunas de sus canciones publicadas en Internet. Según la sentencia, las canciones incluyen expresiones en apoyo y alabanza a las organizaciones terroristas Grapo, ETA, y a algunos de sus miembros, así como contra el titular de la Corona y sus familiares, y contra el presidente del Círculo Balear, Jorge Campos, contra quien se dirigieron las amenazas. La Audiencia Nacional le dio el pasado lunes un plazo de diez días para ingresar en prisión. Las redes sociales mostraron su indignación con la misma, poniendo el foco en el debate sobre si está realmente en riesgo la libertad de expresión.

Otros casos recientes son la condena del Tribunal Supremo a dos años y medio de cárcel a un tuitero por el delito de incitación al odio contra las mujeres al publicar en la red social Twitter mensajes en los que defendía la violencia de género, absolviéndole de un delito de enaltecimiento del terrorismo por difundir mensajes sobre actos terroristas. Por otra parte, el Juzgado de Instrucción 8 de Cerdanyola del Vallès Barcelona) condenó a ocho meses de prisión a un usuario de Twitter que publicó el siguiente comentario sobre el accidente de avión de Germanwings: «Poca mierda veo en Twitter para haberse estrellado un avión lleno de catalanes».

En cualquier caso, el odio en Internet es un fenómeno que asusta. Muestra lo peor del ser humano, que manifiesta toda su agresividad escondiéndose detrás de un avatar. Lejos de disminuir, todo apunta a que seguirán aumentando, y evitarlos pasa por una solución muy profunda: la educación.

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