Las promesas fallidas de Playa Lagarto

Vista de la zona donde tendrían que haberse colocado las piscinas y los toboganes./Laura Velasco
Vista de la zona donde tendrían que haberse colocado las piscinas y los toboganes. / Laura Velasco

La zona se encuentra abandonada, invadida por la suciedad y los destrozos, y ha sufrido robos de material en los últimos años | Han pasado ocho años desde que se anunció el parque acuático y a día de hoy el proyecto ha caído en el olvido

Laura Velasco
LAURA VELASCOJAÉN

Parque acuático, parque de aventuras, nada. Ese es el orden cronológico que ha seguido el proyecto de Playa Lagarto, que lleva años avergonzando a los jienenses y siendo el referente del despilfarro en España. Han pasado ocho años desde su anuncio -supuestamente se inauguraría en 2010-, y a día de hoy se ha convertido en un parque fantasma, abandonado, destrozado y, lo peor, sin vistas a ser arreglado. Los políticos parecen haberlo echado a un lado, pero los jienenses lo siguen teniendo presente, sobre todo en verano, cuando con las altas temperaturas lamentan no tener un espacio así para refrescarse. Y muchos de ellos se siguen desplazando a provincias vecinas para disfrutar de los toboganes y las piscinas.

Para entender la cronología del despilfarro hay que remontarse a 2010. Ese fue el año en el que se anunció que los jienenses tendrían a final de verano un parque acuático en el que pasar mejor los rigores propios de esta estación. Un aforo de 3.000 personas, toboganes de diferentes formas y para todas las edades, piscina de olas, zona infantil, césped con sombrillas, chiringuito... No le faltaría ni un detalle a esta playa urbana, que tendría un coste final de unos nueve millones de euros, todos ellos a cargo de las cuentas del Plan E (Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo).

4
millones de euros costó la primera fase La segunda, por importe de 4,8 millones, nunca llegó.
20%
es el porcentaje que quedaba de las obras del parque cuando se detuvo su construcción.

A mediados de 2010 estaban finalizadas las obras de la primera fase, ejecutada por la empresa Garasa, con un presupuesto de 4 millones de euros. La segunda, por importe de 4,8 millones, que consistía precisamente en instalar todas las atracciones, vestuarios y demás dependencias, nunca llegó. Aquella primera fase dio trabajo a casi 50 personas. Con el parque en funcionamiento, la alcaldesa de Jaén por aquel entonces, Carmen Peñalver (PSOE), insistió en que se necesitarían entre 150 y 200 personas para cubrir los puestos de trabajo.

Tras esa primera fase comenzaron los problemas, concretamente de tipo urbanístico, ya que su construcción requería una modificación puntual del Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU), porque se construiría en el paraje de La Imora, en suelo urbanizable, junto a la urbanización Valdeastillas (suelo urbano), más cerca de lo que permite el actual PGOU. Este retraso conllevaba también un retraso de los tiempos, y el Ayuntamiento aseguró que en el verano de 2011 los jienenses estarían deslizándose por los toboganes de Playa Lagarto. Otra promesa incumplida.

A esas alturas, el presupuesto inicial de 8,8 millones ya se había visto superado. El PP cifró el coste en marzo de 2011 en 12,3 millones, debido a las demoliciones y derribos de elementos ya construidos (100.000 euros), la realización de pilotes de hormigón donde se ubica el edificio principal (250.000), modificación del acceso (600.000) y las atracciones (2,5 millones de euros). El gobierno municipal no desmintió estas cifras y puso el acento en que todo se había hecho con transparencia (a través de la Mesa de Contratación) y que sería «muy útil a los jienenses».

Cinco millones pendientes

Nos plantamos en el final de 2011, la situación no avanza y el futuro comienza a verse negro, con el problema del 'millón en el aire'. En este momento eran necesarios cinco millones de euros para acabar el proyecto. De esos cinco, uno estaba pendiente, al ser concedido por la Junta con cargo al Plan Proteja. Es decir, un millón que no se podía gastar porque la adjudicataria se había quitado de en medio, alegando que no podía cumplir con los requisitos.

Y es que originariamente la intención del consistorio era emplear ese millón de euros en comprar piscinas y toboganes, pero resulta que el 60% de ese millón estaba supeditado a la contratación de personal. Es decir, realmente habría 400.000 euros para equipos y 600.000 para nóminas, seguros sociales, etc. Por este motivo, para evitar que se perdiese ese millón de euros, el Ayuntamiento pidió a la Junta que, en virtud de algunas excepciones recogidas en el Proteja, exonerase de la obligatoriedad de que el 60% se aplique a costes laborales.

Pero el gran problema era que hacían falta otros cuatro millones para finiquitar la obra civil, que se encontraba ejecutada al 80%. Descartada la financiación por la vía de planes autonómicos o estatales, este montante tan sólo podría salir de las arcas municipales, una posibilidad inasumible para un Ayuntamiento que, según el PP, estaba al borde de la ruina. Así que se comenzó a negociar con empresas especializadas. La que resulte elegida pone los cuatro millones, acaba el parque y, a cambio, se queda con la explotación. Había «receptividad», decían desde el Consistorio, pero también un pero importante: el negocio era inviable. Quizás por eso ocho años después seguimos en el mismo punto.

Y así llegamos al momento en el que el lagarto mudó de piel. El proyecto del parque acuático pasó a reconvierte en 2012 en el Centro Deportivo y de Ocio La Imora, ya bajo el mandado de José Enrique Fernández de Moya en el Ayuntamiento de Jaén. Contaría con pistas de fútbol, tenis, pádel, esquí, rocódromo, tirolina, karting, un escenario al aire libre, gimnasio, spa y dos piscinas de verano. En total, casi 50.000 metros cuadrados. Y estaría listo para antes del verano de 2015, decían.

Las instalaciones, indicó el entonces alcalde, significarían una inversión global «no más allá de los 2 ó 2,4 millones de euros» y, en principio, tendría «coste cero» para las arcas municipales.

Y hasta aquí se puede leer. Después de idear un proyecto inicial, construir parte de él y cambiar después de idea, la situación en 2018 es la misma que la de aquel 2012. En los años posteriores, el parque acuático o de aventuras, según se mire, solo ha sido noticia por los robos de material y los destrozos causados en la zona en estos años.

Abandono absoluto

Visitar el recinto es caer en la indignación. El más absoluto abandono azota cada rincón. En la entrada, vallas caídas. Por los suelos, mucha suciedad. Papeles, cristales y muchos restos de botellones, con latas y botellines por doquier. En las zonas techadas los destrozos son incluso más evidentes. Cables arrancados, azulejos reventados, cristales rotos de ventanas tirados por los suelos, etc. Hasta se pueden ver restos de gomaespuma rodeados de ceniza, que hace pensar que alguien le prendió fuego en algún momento. En las paredes, pintadas y más pintadas. En definitiva, el abandono en su máxima expresión.

Las noticias sobre el proyecto han caído con cuentagotas en los últimos tres años. La última novedad sobre el tema se remonta a abril de 2016, cuando el actual alcalde jienense, Javier Márquez, anunciaba que un grupo de empresarios se había puesto en contacto con el Ayuntamiento para interesarse por la explotación del proyecto del Parque de Aventuras Valdeastillas.

En aquel momento, Márquez reconoció que el gobierno municipal no había tenido hasta entonces prisa por sacar a licitación dicha concesión, ya que no se tenía garantizada la concurrencia de empresas interesadas y no estaban dispuestos a que el concurso quedara desierto. Sin embargo, tras conocerse el interés de este grupo de empresarios dijo que se estudiará el proyecto «en profundidad», para ver si finalmente se promovía esta zona desde el Ayuntamiento y se acogía así una nueva iniciativa que contribuya al desarrollo de la ciudad.

Desde entonces no ha habido novedades. Mientras, el olvidado parque acuático sigue en boca de los jienenses, indignados por el despilfarro de dinero.

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