El nuevo polígono no despega

La enorme escultura de una hormiga metálica da la bienvenida a quien entre al polígono por la zona norte. / POVEDA

Tras doce años, una de las sociedades que lo gestiona está en liquidación y la otra arruinada

Juan Esteban Poveda
JUAN ESTEBAN POVEDAJAÉN

Un gato sale de detrás de una palmera y corre por mitad de la calzada. La calle vacía se pierde a lo lejos, hasta donde alcanza la vista, a los pies de una ladera negra de placas solares. Durante un minuto solo se escucha el silencio, y el viento silbando agitando las palmeras que adornan ambos lados de la vía y silbando por los hierros de una nave a medio construir, en medio de un secarral pelado y cuadriculado de calles que casi nadie usa. El autobús de Las Infantas, el urbano de la línea 4, pasa lento, como temeroso, hacia una rotonda dominada por una hormiga gigante, metálica y apocalíptica. La escena es casi surrealista, pero es el paisaje real en uno de los extremos del polígono industrial Nuevo Jaén, la mayor superficie dedicada a la actividad económica de Jaén, creada hace doce años. Pero que está medio vacía. Y con pocas perspectivas de cobrar vida a medio plazo.

La economía sí que bulle en otro de los extremos del nuevo polígono, el que pega al Polígono de los Olivares, a la rotonda de la Pajarita y a la antigua fábrica de Molina. Hace una década llegaron las primeras empresas. Hoy no es que aquello sea un hervidero, pero hay vida al menos. Las naves con actividad se alternan con otras a medio levantar y con los solares sin construir. Hay coches en la aceras y algo de tráfico de furgonetas y camiones. El otro extremo, el que va a salir a la vieja carretera N-323a por un lado y a la rotonda de la hormiga por otro, está prácticamente vacío.

Vacío no quiere decir abandonado. La jardinería está en razonable estado, no faltan apenas tapas de registro, hay farolas y otros elementos metálicos en el mobiliario urbano (lo que denota mantenimiento y cierta vigilancia, porque los ladrones de metales no dan tregua). Pero no hay naves ni actividad.

El presidente de la asociación de empresarios del nuevo polígono, Juan Arévalo, aseguró en una reciente reunión con concejales del PSOE que el polígono necesita un gran trabajo de promoción en aspectos que van desde lo más básico, como el mantenimiento y la limpieza, hasta propuestas de calado para el futuro como la visibilización del área como un lugar atractivo y seguro para atraer a los inversores. «Qué mejor sitio que poner en valor que este, que ya está hecha la inversión y que es un nudo de comunicación privilegiado», dijo el empresario, que no entiende por qué no se apuesta desde la administración local «por esta joya».

El polígono se inauguró el noviembre de 2006, en pleno optimismo económico. Una obra faraónica de 1.265.387 metros (764.244 de ellos de uso industrial). El entonces alcalde, Miguel Sánchez, dijo que con este polígono Jaén llegaría al pleno empleo. Se estimaba un impacto directo de 3.000 puestos.

Para gestionar el polígono se creó una sociedad mixta en la que participaban el Ayuntamiento y Cajasur. Se nombró presidente a Alfonso Sánchez Herrera. Esa sociedad se dio maña en vender parcelas de la primera fase. Comenzaron a llegar empresas. Colocaron más de setenta parcelas de unos 1.500 metros cada una. Pero llegó la crisis, y muchas empresas que habían comprado suelo quebraron antes de construir.

La sociedad mixta del polígono está hoy en liquidación. No porque fuera mal económicamente, sino por la voluntad de los socios.

La gestión de la segunda fase del polígono se encomendó a la sociedad municipal de la vivienda, Somuvisa (que hoy ha asumido la totalidad del polígono). En el consistorio siempre se ha considerado a Somuvisa como la joya de la corona. Hasta que entró en el negocio del polígono. Apenas si pudo vender parcelas. Su parte está hoy casi desierta. Hoy Somuvisa está contra las cuerdas económicamente, en buena medida lastrada por el Nuevo Jaén. Casi doce años después de la inauguración, el polígono industrial no despega.

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