Moción, emoción, conmoción

En los últimos días del mes de mayo, el sintagma 'moción de censura' ocupó la agenda política del país y las cabeceras de los medios de comunicación e inundó de opiniones las redes sociales

ANA MORENO SORIANOJAÉN

Me gusta acudir de vez en cuando al viejo diccionario de Latín de mis años de bachiller para rastrear el significado en su origen de algunos términos lingüísticos; a veces, me he sorprendido por el giro que los años han dado a ciertas expresiones y otras, he verificado la idea que tenía pero, siempre, ha sido un ejercicio gratificante, porque en cada ocasión he aprendido algo nuevo sobre el poder de las palabras, con las que tratamos no solo de comunicarnos, sino de crear el mundo.

En los últimos días del mes de mayo, el sintagma 'moción de censura' ocupó la agenda política del país y las cabeceras de los medios de comunicación e inundó de opiniones las redes sociales, tras la sentencia del caso Gürtel que ha condenado por corrupción no solo a responsables del Partido Popular, sino al propio partido como beneficiario de esos delitos. El hartazgo de la ciudadanía parecía llegar a un límite y empezó a crecer el clamor contra el Gobierno sustentado por ese partido: hacía falta una moción en el sentido etimológico de movimiento, de impulso, y la moción de censura se ha impuesto, en esta coyuntura, como el movimiento necesario para regenerar la vida política española.

Esa moción se ha vivido como una emoción colectiva y, según su origen, emoción es un movimiento que parte del interior. Esto para mí, es como decir que parte de la conciencia social y política de la ciudadanía, del debate y la propuesta de distintas organizaciones, de las movilizaciones de clase y de género que han tenido lugar en los últimos tiempos y de la convicción moral de muchas personas de que una cosa son las opiniones políticas y otra, utilizar las instituciones públicas en provecho de unos pocos.

Pero además ha supuesto una conmoción, una sacudida, que ha tenido distintas consecuencias: por un lado, ha concitado muchas voluntades en un objetivo bien claro que no era otro que echar al gobierno del PP y echarlo sin contrapartidas, sin justificaciones, sin cábalas para el día después, solo por el hecho de que no podía seguir gobernando. Por esa responsabilidad histórica, los partidos nacionalistas de Cataluña votaron al candidato del PSOE, a pesar del apoyo de este partido a la aplicación del artículo ciento cincuenta y cinco de la Constitución; el Partido Nacionalista Vasco se posicionó en contra del Gobierno de Mariano Rajoy, a pesar de haber votado los Presupuestos Generales del Estado y el Grupo Parlamentario de Unidos Podemos aceptó al candidato Pedro Sánchez, a pesar de que el PSOE reformó, con el Partido Popular, el artículo ciento treinta y cinco de la Constitución y de una larga lista de desencuentros entre quienes han sido durante muchos años un polo del bipartidismo como expresión política del estado neoliberal y quienes llevan años planteando una salida por la izquierda a la crisis del sistema capitalista, una alternativa política centrada en las personas y no en los mercados y un proceso constituyente para garantizar el pluralismo político, la libertad de expresión y los servicios públicos, los derechos de los trabajadores y trabajadoras en sus empleos y en sus pensiones, de las mujeres que luchan por la igualdad, de los jóvenes y de las personas más vulnerables.

Por otro lado, la conmoción se ha llevado por delante las expectativas de Ciudadanos que apostaba por el desgaste del Partido Popular en el Gobierno, para presentarse como flamante alternativa pero que, ya en el debate del pleno del Congreso, dio suficientes muestras de flaqueza en su intervención, pues hay que decir algo más que las palabras 'España' y 'españoles' -que no son solo suyas, por otra parte- para armar un discurso convincente y que se ha colocado al lado de los corruptos y en la derecha política y económica. Y qué decir de la conmoción en el Partido Popular: declaraciones bochornosas de algunos dirigentes, dimisión del presidente del partido y cruce de declaraciones entre Rajoy y Aznar sobre la reorganización del centro derecha. Está claro que algo se ha movido, pero para que el movimiento continúe en una determinada dirección, es necesario mucho diálogo y la paridad como un valor democrático, pero también mucha capacidad de propuesta y mucha movilización en la calle.

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