líneas discontinuas: La tradición se crea, se transforma y se destruye

El maestro Agudo ataca a los irreductibles de las tradiciones para advertirles de que, como los nacionalismos, no está de moda levantar muros en un mundo cada vez más global. Frente a él Ernesto Medina, sin cuestionar ni una sola de sus tesis, abunda con ejemplos prácticos en la idea de cómo todo cambia de forma permanente.

líneas discontinuas: La tradición se crea, se transforma y se destruye
ANTONIO AGUDO MARTÍN Y ERNESTO MEDINA RINCÓN

SAN ANTÓN NUNCA MIRÓ EL ALMANAQUE

Corred amigos y haced la carrera aún más grande. Quien construye muros y cercas hace pequeñas las cosas. Abrid la ventana y los balcones. Por ANTONIO AGUDO MARTÍN

Las tradiciones no las crea el paso del tiempo. Una tradición, para serlo, necesita del concurso de un grupo de seres humanos que acepten una celebración y luego la repitan cada cierto periodo de tiempo. Por eso mismo la gente no puede, ni debe, ser esclava de una tradición que ella misma ha creado porque tiene la potestad de modificarla e incluso suprimirla. Nunca he entendido que un colectivo quede preso de un calendario para salvaguardar un rito dando más importancia a una fecha que al acontecimiento a celebrar. Debemos ser un pueblo que crezca y para ello, para crecer, la única forma de hacerlo es expandirse, ir hacia fuera, huir del ensimismamiento y compartir lo bueno con el resto de nuestros conciudadanos. El espíritu de un pueblo no está en un día señalado en rojo. El alma de una ciudad no es una fecha feriada. Un lugar es quienes lo habitan y lo comparten.

Por todo esto me sorprendió muy y mucho que cuando se anunció que la carrera internacional de San Antón se haría en fin de semana cientos de voces airadas se levantaron en defensa de la tradición, de lo nuestro, de lo propio que debía seguir siendo de una determinada manera y que o era cómo siempre o no sería.

De hecho dicen que hasta un referéndum van a celebrar para saber si una carrera tan espectacular como la de la noche de San Antón se sigue celebrando en el día que dicta la ortodoxia almanaquera o, por contra, se facilita la mezcla con los miles de personas que llegan a Jaén a disfrutar de una noche de antorchas, amistad, esfuerzo, frío, lumbres y rosetas. Más de 10.000 personas agotan los dorsales en un abrir y cerrar de ojos. El futuro está en la mezcla y en el cambio permanente. No moverse es morir.

Que se lo digan a San Antón que no miró el día que era cuando se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. El santo curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y lo defendió de cualquier alimaña que se acercara.

Corred amigos y haced la carrera aún más grande. Quien construye muros y cercas hace pequeñas a las cosas. Abrid la ventana y los balcones. Corran amigos y vivan la Noche de San Antón aunque no coincida con el santoral. Las tradiciones se construyen con los que corren en busca de la meta sin importar si es lunes, jueves o domingo.

ZAPATILLAS DE FELPA

Entre tradición y caspa o modernidad y lujo no hay alternativa. Lo que hace innecesario el referéndum que tenía previsto convocar el Ayuntamiento. Por ERNESTO MEDINA RINCÓN

Si el compadre Agudo viste muceta y birrete de doctor en Antropología para explayarse sobre la carrera de San Antón, no osaré yo corregirle la lección. Pero elevado en su cátedra desde la que imparte magisterio, distante y benévolo, pierde la poquita de mala leche que conviene al caso. Expedito el campo, expongo más coloquialmente mis razones.

De antiguo proclamaba el refrán «tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión». El primero ya no es festivo casi en ningún sitio. Apuradamente se salva en Andalucía por la Semana Santa. El Corpus, salvo en Granada y Toledo donde es fiesta local, se ha pasado al domingo. Y me apuesto un apartamento contra una camiseta, que decía un profesor mío de Griego, a que ninguno de ustedes sabe qué jueves es la Ascensión. Item más, esos giennenses de pro que hacen del integrismo localista su pendón, probablemente crean que San Antón se celebra el dieciséis de enero cuando en realidad las lumbres ardían la noche anterior, víspera del santo.

Sin embargo, todavía persisten galos irreductibles que no se pliegan a la civilización romana en la consideración de que la costumbre ha de prevalecer sobre los beneficios económicos que el cambio de fecha pueda traer hasta nuestra ciudad, tan necesitada de lluvias. Se me asemejan a aquellos individuos que en la cena de Nochevieja se sientan a la mesa, en camiseta y con las zapatillas de felpa de estar en casa, para cenar langostinos descongelados y beber vino de cartón. ¿Qué quieren que les diga? Sin ser devoto de celebraciones navideñas la ocasión requiere traje de chaqueta, corbata, colonia de la buena y unos carabineros en dos texturas para comérselos con cucharilla de plata acompañados por un brut nature muy frío.

Entre tradición y caspa o modernidad y lujo no hay alternativa. Lo que hace innecesario el referéndum que tiene previsto convocar el Ayuntamiento para establecer definitivamente la fecha de la carrera. Señor alcalde, ¿no ha escarmentado usted ya en referéndums ajenos? Que además bien sabido es que estos plebiscitos los carga el diablo. Haga usted caso de Mercedes Sosa que cantaba «cambia el sol en su carrera» y pregonaba «todo cambia, pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente. Lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana, cambia, todo cambia,...» Para una vez que damos el pelotazo no vayamos a cagarla por la leche del tipismo flatulento de morcillas y rosetas.

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