LÍNEAS DISCONTINUAS

4D de 1977. Jaén salió a la calle para celebrar el Día de Andalucía y pedir autonomía. Muerto el dictador, los españoles ansiábamos libertad. 40 años después, Antonio Agudo y Ernesto Medina recuerdan aquel momento entre la nostalgia de la esperanza y la realidad del presente.

LÍNEAS DISCONTINUAS
ANTONIO AGUDO MARTÍN Y ERNESTO MEDINA RINCÓNJAÉN

ESE DÍA SÍ FUIMOS IMPARABLES

Por Antonio Agudo Martín

Nada ni nadie podía parar aquella marea de gente orgullosa de sentirse ciudadana, libre y dueña de su destino que tomó las calles el 4D

Estaban de moda los pantalones y las faldas de cheviot y las trencas de botones de hueso. Yo ya era un poco repelenteniñovicente y solía pasear con el Diario16 bajo el brazo o con un elepé de Aguaviva. Éramos tan jóvenes. Con una guitarra de palo en la lonja de la iglesia atacábamos clásicos de los cantautores de la época. El 'Verde Blanca y Verde', de Carlos Cano o 'Al Vent', del Raimon. Un coñazo pero hablo de una época en la que las maxifaldas, las botas camperas, las camisas de tirilla y las bufandas kilométricas eran el outfit obligatorio. Aún sin años para votar nos vino a la cara un viento de colores y libertad que se plasmó en el ansia colectiva de una Andalucía que miraba al futuro intentando dejar atrás sus lastres históricos.

El 4 de diciembre quedé con uno de mis amigos y nos bajamos al cruce de la Nacional IV, al lado del Albergue de Bailén, para hacer dedo y venir hasta la capital a manifestarnos. Hasta ese momento no salíamos del pueblo si no tenías que venir al médico especialista. Nos recogieron en un Ford Fiesta azul celeste, Blas y Bartolomé, dos jóvenes maestros con profundas convicciones sociales que iniciaban sus pinitos en la naciente libertad y apertura política. El Paseo de la Estación fue un río de gente. Una corriente cuesta arriba exigiendo justicia para toda una región.

Dos años después de aquella manifestación, en febrero de 1980, los mismos de entonces, menudo cabreo agarrábamos cada vez que aparecía el lema de la UCD: «Andaluz, este no es tu referéndum». Hablábamos como si supiéramos de los artículos de la Constitución del 151 o del 143. Éramos jóvenes y lo queríamos todo: «Andalucía autonomía plena» y subíamos el volumen del tocadiscos con Jarcha a toda pastilla. En el referéndum del 28F de 1980 votaron en contra hasta los muertos y las pizarras de los recuentos oficiales ponían en entredicho a Jaén y a Almería. Al final se ganó la vía del 155 por güevos, por justicia y porque ya era hora.

Nada ni nadie podía parar aquellas mareas de gente orgullosa de sentirse ciudadana, libre y dueña de su destino que tomaron las calles el 4D y el 28F. Éramos muy jóvenes, muy ingenuos y muy barbudos y por todo aquello me duele que la autonomía por el 155 se quede reducida a Juan y Medio llenando las tardes televisivas de Andalucía.

Recuperemos el espíritu de aquel día y seremos, de verdad, una Andalucía imparable.

BANDERAS PARADAS

Por Ernesto Medina Rincón

Conviene analizar si la realidad se ajusta a las expectativas con las que los andaluces salieron a la calle

Mi formación política corría a cargo de mis tías maternas en cuya casa grababa con cintas de magnetofón 'La cantata de Santa María de Iquique'. Mi puesta de largo izquierdosa fue un concierto al que acudí con ellas, un año después de que el Maestro Agudo, mucho más precoz que yo en estos menesteres, anduviese de manifas envuelto en la verdiblanca. El Auditórium de La Alameda recibía a Jarcha en un septiembre primaveral. Cambiaron la letra de Andaluces de Jaén, «¿quién os robó vuestros olivos?», para que la gente corease «Solís, Solís». Repentinamente un espontáneo saltó a aquel altar de esperanza con una bandera de Andalucía. En silencio, con los brazos prolongados a la noche, sujetándola bien arriba con un runrún de abrazos, viva Andalucía libre y creyendo que el camino era sin espinas de rosas. Se apagaron las luces. «Vete, vete, que vienen los grises,...» No lo detuvieron porque ya avanzábamos hacia la libertad y la bandera se quedó presidiendo aquella ceremonia iniciática. Dice aquí el compañero que éramos tan jóvenes. Y tan soñadores, y tan ingenuos añado yo.

Tras cuarenta años de autonomía de partido único aquellas banderas decembrinas y callejeras, de lienzo barato, pero precisamente por eso alegres y virginales, aterciopeladas se han apoltronado en los despachos. Quien cuestiona los progresos de estos cuarenta años recibe la misma respuesta con la que los franquistas justificaban la dictadura, «no os acordáis de cómo estaba Andalucía en 1977. Hemos avanzado». A lo largo de cuatro decenios se progresa -velis, nolis- por pura inercia política y económica. Lo que conviene analizar es si la realidad se ajusta a las expectativas con las que los andaluces salieron a la calle para convertir aquel lejano diciembre en una fiesta de reivindicación y esperanza.

El sueño de ser imparables -tenga cuidado don Antonio con ciertos adjetivos, que algunos de ellos son ya propiedad de la Junta para la propaganda institucional- duró lo que duran los sueños: una noche. Al despertar vimos que la autonomía que había de borrar los males endémicos de Andalucía -paro, escasez de industrias, retraso cultural, desigualdad social- se convertía en un monstruo elefantiásico de agencias, oficinas, consejerías e instituciones de pelaje diverso. Concedo que ha habido transformaciones, y mejoras, pero el viejo lema de las manifestaciones por la autonomía, ¡levántate y Anda, Lucía!, sigue vivo. Extraigan sus conclusiones. Si Jarcha volviere ahora a actuar en el Auditórium tornaría a cambiar la letra de la canción, «Andaluces de Jaén, decidme en el alma quién, quién os robo vuestra ilusión».

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