Ora et labora

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La Trepolina

"Somos como esos monjes de la Edad Media que favorecieron que llegara el Renacimiento", soltó el alcalde abad de Jaén

José M. Liébana
JOSÉ M. LIÉBANAJAÉN

Fue interesante en los planteamientos y decepcionante en los acuerdos, el debate municipal de esta semana. Interesante porque mostró distintos prismas sobre la dura realidad de Jaén. Y decepcionante porque no se hace lo que se acuerda. Y es que estos debates han quedado solo para lo primero. El ejemplo más claro fue la disparidad entre los ediles no adscritos, que no hace mucho acordaron medidas bautizadas 'Prasana'. Iván Martínez dejó patente que su adhesión al PP sigue inquebrantable, y Víctor Santiago repartió estopa con chispa («¡Flipo en colores! Ustedes viven en otra ciudad») y estuvo ocurrente cuando dijo: «El tranvía lo van a poner, unos y otros, antes de las elecciones, pero mientras está abandonado».

Manuel Montejo (Jaén en Común) optó por el lado social: altas tasas de paro en la ciudad, jóvenes que se van, pérdida de población, trabajo precario, pobreza, desahucios, desigualdad... Y Manuel Fernández (PSOE), además de denunciar el estado de la ciudad a golpe de titulares, sentenció que en el Ayuntamiento ni había dinero ni ganas ni hoja de ruta, e intentó que del debate salieran algunas medidas, «porque esta ciudad no va a mejor».

Esto espoleó al alcalde, que acusó a la oposición de cicatera por no reconocer nada de lo hecho y por ver la realidad con gafas ideológicas, que bien pudo extender a la mirada que había hecho la portavoz de su grupo, quien dibujó un colorido arco iris entre el Ayuntamiento y el Gobierno central y culpó a Junta y Diputación hasta de muerte de Manolete.

Pero al margen de discursos bizcos hubo algún matiz que pasó inadvertido en el fragor de las visiones sesgadas. Por ejemplo, el portavoz socialista dijo que se habían hecho cosas, aunque eran insuficientes, y el alcalde reconoció que el Ayuntamiento «no está bien, pero no está peor que hace un año», cuando la cosa estaba para salir corriendo, y casi.

Aunque lo más llamativo fue cuando dijo que los concejales de su gobierno son como esos monjes del Medievo, que gracias a su trabajo paciente en monasterios copiando las obras de sabios de la Antigüedad posibilitaron que este conocimiento llegara al Renacimiento. «Nuestra labor servirá para generaciones futuras», proclamó el abad Márquez, aferrado a la fe en un futuro de salvación municipal y para la ciudad, que de momento no se ve, y defendiendo el «derecho al optimismo», frente a la «crisis de esperanza» que ofrecía una oposición milenarista. «¡Hasta Castillo ha adquirido un vehículo híbrido!», dijo casi en éxtasis místico como el colmo de las proezas, aludiendo también al nuevo contrato de la limpieza, la RPT de la plantilla, la oferta de empleo municipal, la liquidación presupuestaria, el Jaén Plaza o la peatonalización.

La transición

De posibles acuerdos y diálogo también se habló en la mesa redonda que, con motivo del 40º aniversario de las primeras elecciones democráticas, organizó la Universidad y coordinó la historiadora y entonces concejala Pilar Palazón, que ofreció una clase de historia, con la ayuda del IEG, con Fernando Calahorro, Alfredo Márquez y José Rodríguez, entre otros. Y que sirvió de reconocimiento a quienes en tiempos tan convulsos dieron un paso al frente para hacer la Transición, con sus aciertos y sus imperfecciones, pero que no puede ser vista sin más con los ojos de hoy, entre otras cosas porque las grandes tareas son siempre inacabadas y puede mejorar.

Y en el presente, la semana nos dejó nuevos encontronazos en el seno del PP provincial, con acusaciones ya de calado, más denuncias en los tribunales e insultos gruesos tras el congreso local de Rus. Y mientras del PP jienense arde, Moreno Bonilla toca la lira en Itálica, algo incomprensible en quien espera ir a por todas en las próximas elecciones.

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