La extracción de agua del Guadalbullón pone en alerta a la guardería de la CHG

Lugar junto a la carretera de acceso a la zona residencial del Puente Tablas, de donde suele extraerse agua del río Guadalbullón. / LIÉBANA

Ecologistas en Acción exige a la Confederación Hidrográfica que controle y garantice el caudal mínimo ecológico al que está obligada por ley

JOSÉ M. LIÉBANAJAÉN

La guardería fluvial de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) está vigilante para evitar más extracciones de agua en el río Guadalbullón, que apenas tiene caudal este año y que en algunos tramos se secó durante este verano, provocando por ejemplo la mortandad de peces de agosto en las proximidades del Puente Tablas. La CHG, como organismo gestor de la cuenca, está obligado a mantener un caudal mínimo ecológico. De ahí que refuerce la vigilancia en dicho río, según informó, al menos hasta que llueva, para impedir que regantes sin autorización extraigan más agua. El Guadalbullón carece de presas y por tanto su caudal no se puede regular, dependiendo en exclusiva de las precipitaciones.

El ingeniero jefe de la Confederación Hidrográfica en Jaén, José Martín, dijo a primeros de este mes que el problema del río es únicamente que «no ha llovido» y que los regantes tienen «derechos de riego preexistentes», por lo que lo único que ha podido hacer la CHG es repartir el poco agua que lleva, además de preservar el caudal ecológico, que tienen obligación de mantener por ley, según recordó.

Javier Ramírez, portavoz de Ecologistas en Acción de Jaén, lamentó ayer el «descontrol» que existe en el Guadalbullón e instó a la Confederación a que cumpla con su cometido. «Sin control de las extracciones - añadió - no se puede mantener el caudal ecológico. Tienen que controlar el río y hacer un reparto equilibrado entre la naturaleza y las comunidades de regantes que tienen autorización, entre naturaleza y economía, ya que el agua es un bien escaso, y cada vez lo va a ser más».

El portavoz ecologista recordó que en los meses de marzo y abril ya presentaron una denuncia en la Confederación y en el Seprona de la Guardia Civil porque a la altura del paraje del Cadimo «el río bajaba seco ya en esa fecha».

En el tramo próximo al Puente Tablas, el agua dejo de correr en agosto y en los charcos agonizaron por falta de oxígeno decenas de grandes barbos. Otros 400 fueron rescatados por la Delegación de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y soltados río abajo para evitar su muerte. La lluvia de finales de agosto alivió algo la situación y el agua volvió a correr por el Guadalbullón, aunque muy poco en algunas zonas.

El portavoz de Ecologista en Acción asegura que «no se respeta un caudal mínimo ecológico» y explicó que, junto a la escasez de precipitaciones en el último año, especialmente agudizada por un verano seco y de altas temperaturas como el que ahora termina, existe la «contaminación fruto de todas las zonas residenciales, que vierten de manera irregular al cauce» aguas residuales.

No hay agua para todos

Javier Ramírez añadió que «no hay agua para regar todo lo que se quiere regar». «Es un problema muy grave y más en un año de sequía. Y eso tienen que tenerlo en cuenta las administraciones, no se puede ir haciendo campos de riego sabiendo que en un año de sequía no hay agua para todos», aseveró, poniendo de relieve «el daño que se provoca a los ecosistemas acuáticos, que son muy sensibles».

El portavoz subrayó que se trata de una «debacle ecológica», pero también «económica y social», ya que «la gente invierte en esas instalaciones y precisamente el año que necesitan agua no pueden regar». En este sentido, defendió que «las administraciones deben de regular sus previsiones de riego en base a los años de sequía», además de concienciar de que «todo el mundo no puede tener riego».

Ramírez se refirió en concreto a la CHG. «Es la que tenía que articular la manera de que no ocurra esto, que exista un cauce mínimo ecológico, que se puede conseguir», declaró. «Ha intentado regularlo pero se ve que con poco éxito», admitió.

La CHG afirmó que realiza esta regulación y que, de hecho, el pasado junio informó de la paralización del riego del olivar acordada en la mesa del agua del Guadalbullón. Y que más adelante se podría retomar, estableciendo turnos, siempre que procedieran las circunstancias y teniendo en cuenta el caudal ecológico. Ya entonces dijo que su guardería fluvial y el Seprona vigilarían, pero las extracciones han seguido.

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