El espartano jienense

El 'eterno' capitán del Unicaja manteado en el día de su despedida, el 23 de septiembre./UNICAJA ATLETISMO
El 'eterno' capitán del Unicaja manteado en el día de su despedida, el 23 de septiembre. / UNICAJA ATLETISMO

Fran Lara, bombero y exatleta internacional | De no valer para el fútbol por no tocar el balón a ser un símbolo del atletismo jienense, veinticinco años como capitán del club estandarte y no para, desvelando el que será su futuro

Miguel Ángel Contreras
MIGUEL ÁNGEL CONTRERASJaén

Francisco Javier Lara Serrano vino al mundo en una noche mágica. El 24 de junio de 1976, mientras ardían las hogueras de la Noche de San Juan, nacía el jienense en la capital, y como si su destino hubiera quedado grabado a fuego acabaría convirtiéndose en bombero. Y también en uno de los atletas más incombustibles que ha dado nunca esta tierra; este verano, tras un cuarto de siglo corriendo, se apagó su llama.

Dice la leyenda que el apóstol San Juan Bautista nació un día 24 del sexto mes y lo hizo protegido por unas energías mágicas provenientes del solsticio estival, de ahí los rituales paganos para captar su suerte. A tenor de su kilométrica carrera de carreras, Lara quedó bien impregnado de ella desde su nacimiento, como Obélix al caer en el caldero de la poción mágica. Pero decir sólo eso, claro, sería quedarnos en la superficie, a poco que uno rasque verá que hay más de la célebre aseveración picassiana que de fortuna: «cuanto más trabajo, más suerte tengo».

Y es que Lara es, probablemente, lo más parecido a un espartano que ha parido el atletismo jienense en lo que va de siglo. Al menos, a lo que literatura y cine nos han hecho llegar de estos, sin material escrito propio legado. Al sacrificio y la lucha se une la lealtad por el escudo, el del Caja de Jaén (hoy Unicaja, Zeus en su origen), en la selección andaluza y la española -bronce en Puerto Rico 2006 y plata en Chile 2008 en sénior y título mundial en 2015 en veteranos-.

El pequeño Fran se quedaba embelesado mirando el traje de bombero de su vecino colgado en el tendedero; hoy sus vecinos miran el suyo

Su mejor momento fue cuando oyó, por él, el himno de España en Francia; el peor, correr tras fallecer su técnico, Juan David de la Casa

Posee además un carisma y una bonhomía, que le ha convertido en uno de los atletas más queridos de la provincia. Basta ver las mil muestras de apoyo en redes sociales al anunciar su adiós o el cariño que se le profesa en la San Antón, la carrera de fuego en la noche más mágica de Jaén (a la que sólo ha faltado un año por una fuerte gripe), aún con la espina clavada de no haberla ganado.

Cuando la célebre caída de nuestro olímpico, el huelmense Sebas Martos, le mandó un mensaje de ánimo: «Aquí está permitido caerse, pero es obligado levantarse. Vamos Sebas»; a lo que este contestó: «Gracias Fran. Aprendí de ti desde pequeño en Jaén, mas bien que nadie sabes cómo es este deporte y cómo es la vida. Somos espartanos, ¡Auh, auh!». Otra de nuestras atletas destacadas, Cynthia Ramírez, le escribió al hoy entrenador: «Eres todo un ejemplo de atleta y persona. Un honor ser tu pupila». La lista de piropos sigue.

El porqué de todo

Como casi todos los niños por estos lares, Lara empezó jugando al fútbol en el colegio y en el barrio hasta que un día un profesor de Educación Física le dijo que en todo el partido había tocado el balón; es decir, que no era muy bueno, pero que no paraba de correr y debería pensar en apuntarse a las escuelas de atletismo. Con 13 años. Por suerte, lo hizo.

En su primera carrera de cross fue a verle su padre José, «humilde pintor de coches», había mucho barro y le prestaron unos clavos para correr. «Todos se iban escurriendo y cayendo, yo gané y cuando llegué a meta mi padre lo primero que hizo fue levantarme la zapatilla a ver qué leches llevaba puesto. Pensó que le había puesto tornillos a zapatillas normales», ríe.

De sus triunfos, jamás olvidará «cuando escuché el himno de España en Lyon (Francia) después de proclamarme campeón del mundo de 3.000 metros obstáculos Máster 35». En el otro extremo, el momento más duro de su carrera, sin duda, el campeonato de España en Tenerife. «Poco antes falleció mi entrenador Juan David de la Casa en accidente de trafico (volviendo de un campeonato con tres de sus pupilos, en 2008). Corrí roto de pena», recuerda. Cuando llegó a meta se derrumbó.

Si el atletismo es su pasión, su profesión junto a su familia lo es todo. Quiso ser bombero desde que le alcanza la memoria. El hijo de su vecina, pared con pared, lo era y el pequeño Fran se quedaba «embobado mirando el traje tendido después de que se lo lavara su madre». «Es el trabajo mas bonito del mundo», asegura hogaño, encantado de que sus hijos siguieran algún día sus pasos, aunque «su madre lo pasaría mal».

«Cuando vas a alguna intervención y sacas a alguien con vida de un edificio o de un accidente de tráfico es increíble. Pero cuando llegas a un accidente y ves niños involucrados, se te parte el alma y encima la imagen te dura en la retina mucho tiempo», apostilla. Desde 2009 tiene su plaza fija, dos años después de entrar en los bomberos de Andújar y cuatro de aprobar un grupo de rescate con helicóptero en Sevilla.

«Trabajo y esfuerzo: el único camino a la meta», es su máxima en la vida, él que tantas ha conquistado. Y todavía no ha alcanzado la última. «En principio voy a estar un año parado sin competir, entrenando con mi grupo y haciendo otros deportes, después lo más seguro es que haga duatlón. Ya tengo alguna oferta... atractiva», explica sonriendo al recalcar la última palabra. Una cosa parece meridianmente clara: el eterno capitán no está quemado.

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