otros discernimientos

El Zaguán

Hay una parte del ser que lucha por cuestiones básicas, imperativas de cualquier persona, pero hay otros asuntos que es mejor dejar de lado, no inmiscuirse demasiado

ALFREDO YBARRAJAÉN

La ciudad es por momentos un hervidero en sus calles céntricas parece una Arcadia de deseos buscados con ahínco en la necesidad de un confort alienante, que cargue las pilas individuales y colectivas para ir tirando, sin más. Ir tirando es una actitud que se desgaja del fondo del compromiso del ciudadano. Hay una parte del ser que lucha por cuestiones básicas, imperativas de cualquier persona, pero hay otros asuntos que es mejor dejar de lado, no inmiscuirse demasiado, aunque estén en referencia a la calidad de vida, al desarrollo colectivo, al afán por asumir escalones de consideración (uno mismo, como sociedad) más elevados. Cada uno cree que otros nos sacarán para adelante en ese mundo del desarrollo avanzado, de búsqueda de una ciudad más completa, más llena de trabajo, más vivencial y más culta, con más ofertas de calidad, con más contenidos enjundiosos, con aprecios más altos. Y la inercia se ha introducido tanto en la vida local que la realidad amplia, de vista larga y de carga insondable, ha quedado encriptada, constreñida, y de algún modo un tanto secuestrada.

Quedan picos sociales cuya llama se alienta desde el profundo localismo cicatero, que por momentos se acalora en afanes fútiles, que se realimenta en el ombliguismo intransigente. Esos picos son los que llaman la atención, los que priman, los que tratan, consiguiéndolo en mucho que se siga el tantarantán de su tambor. Andújar es especial en esto. En todas partes las cosas se pueden cocer parecidamente, pero en Andújar la ración se multiplica porque la sociedad se achanta ante ello. Además en otros sitios junto a estas propuestas surgen otras, diferentes, de empaque, que equilibran, y la ciudadanía tiene ante sí un buen abanico de posibilidades.

Pues bien, en estos días de Black Friday, como digo el centro se llena de gente buscando la oferta, el chollo, o simplemente, como digo, con el ánimo de embeberse en la masa y dejarse llevar por ese subidón burbujeante que se palpa en una calle Ollerías a rebosar, por ejemplo, “escaparateando”, entrando a este o aquel establecimiento, y, buscando mesa en uno de los buenos bares. Por cierto, y al hilo de esto, quienes ya tengan una edad se darán cuenta como el centro en una parte sustancial se ha desplazado pero casi miméticamente, y lo que otrora significó la calle San Francisco, con sus comercios, sus bares, su especial ambiente, donde por momentos, en días grandes, no cabía un alfiler, es ahora la calle Doce de Agosto la que ha tomado su testigo.

Pero, la ciudad tiene otros puntos álgidos de interés, y, sobre todo si uno callejea con atención, es ingrato ver tanto y tanto local vacío con el cartel de se vende o alquila. En cierto modo Andújar se ha convertido en un espacio low cost, donde además de los muchos y tradicionales bares, han proliferado las fruterías, las tiendas-bazar de bajo coste, y sí, las tiendas de informática y las cadenas y franquicias que uno puede ver en cualquier calle de un gran pueblo o ciudad. Comparativamente, y salvando las distancias que hoy hay (los tiempos es verdad, han cambiado), hemos perdido, desde aquella ciudad, de hostales, hoteles, posadas y pensiones, en el casco urbano, de un reconocido y singular comercio con rúbrica propia, de cierta buena comunicación férrea, de algunas empresas que acogían a muchos trabajadores y que podían haber tenido una continuidad evolutiva.

Una ciudad que ha perdido en edificios artísticos o emblemáticos, que no ha apostado por valores que tenía a mano. Hay una parte del devenir de Andújar que por naturales circunstancias se ha perdido, pero otra, significativamente hablando, por intereses varios se ha perdido, y otra parte no ha sabido o querido dar el salto a un tiempo nuevo, de nuevas formulaciones de la vida. Y eso, creo, proviene muy mucho, de ese espíritu que se está fomentando de la falta de resuello en la búsqueda de un norte común de envergadura. Está muy bien el Black Friday, para eso, para un día. Está muy bien luchar por nuestros símbolos mayúsculos. Pero no, desde el low cost. Tenemos muchas carencias por las que armarnos y luchar desde el sentido común y los razonamientos elevados, discernidos, forjados desde la ecuanimidad.

Fotos

Vídeos