Una dieta pro-inflamatoria causa enfermedades

Una dieta pro-inflamatoria causa enfermedades
A ciencia cierta

¿Cómo se produce un proceso de inflamación crónico generalizado y de bajo grado? Hay diferentes factores involucrados, si bien el catedrático Gaforio se centra en este artículo en el papel que tiene la dieta en este proceso.

JOSÉ JUAN GAFORIOJAÉN

Disponemos de las suficientes evidencias científicas que nos indican que un proceso inflamatorio de bajo grado y mantenido en el tiempo, juega un papel importante en el inicio y progresión de diferentes patologías crónicas que, casualmente, son las de mayor prevalencia en la mayoría de países. No me refiero a una inflamación localizada en un determinado tejido, a lo que me refiero es a un proceso de inflamación generalizado en todo nuestro organismo, el cuál podemos detectar por el aumento de diferentes marcadores inmunológicos en la sangre del individuo. Pero, ¿cómo se produce este proceso de inflamación crónico generalizado y de bajo grado?

Hay diferentes factores involucrados, pero, hoy me quiero centrar en el papel que tiene la dieta en este proceso. A estas alturas, ya nadie duda del impacto de la dieta en nuestra salud, tanto en positivo como en negativo, es decir, la dieta como promotora de salud o, como promotora de enfermedad. En este sentido, existen dietas que tienen un potencial pro-inflamatorio, como la denominada 'dieta occidental' y, por el contrario, otras poseen características anti-inflamatorias, como la 'dieta Mediterránea'. La dieta tiene por tanto la capacidad de modular el estado inflamatorio de nuestro organismo. En base a esto, es interesante evidenciar que, la dieta podría ser tanto promotora de la aparición de una enfermedad como de su progresión. Entre las patologías que se asocian a un proceso inflamatorio crónico de bajo grado están: la diabetes tipo 2; las enfermedades cardiovasculares; el sobrepeso y obesidad y; algunos tipos de cáncer. Como puede observar, son todas ellas patologías importantes, tanto por su prevalencia, como por sus consecuencias.

En un interesante artículo firmado por investigadores de la Universidad de Navarra y publicado en la revista 'Obesity' que lleva por título: 'Inflammatory potential of diet, weight gain, and incidence of overweight/obesity: the SUN cohort', se demuestra que la dieta pro-inflamatoria podría provocar el estado inflamatorio que precede al sobrepeso y la obesidad. Este sería también el nexo de unión para incrementar el riesgo de padecer otras patologías como diabetes tipo 2 o enfermedad cardiovascular. Intentando resumir esta idea, una dieta insana provocaría un estado inflamatorio previo, que sería el desencadenante de la aparición de sobrepeso, obesidad y otras patologías como la diabetes tipos 2 y las enfermedades cardiovasculares.

Otro estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Harvard, publicado en la revista 'JAMA Oncology' y titulado: 'Association of dietary inflammatory potential with colorectal cáncer risk in men and women', establece el vínculo que hay entre las dietas que causan inflamación crónica y el aumento del riesgo de padecer cáncer colorrectal. Las personas que comen una mayoría de alimentos pro-inflamatorios, tienen una tasa de cáncer colorrectal más alta en comparación con los que comieron alimentos sin estos efectos. En los hombres, se incrementa el riesgo de padecer un cáncer colorrectal en un 44% y, en las mujeres, el incremento es de un 22%.

Con todas estas evidencias, parece claro que merece la pena prestar la suficiente atención a lo que comemos como eficiente medida preventiva de estas patologías. La típica 'dieta Mediterránea', donde están presentes los aceites de oliva vírgenes como elemento central, es una dieta anti-inflamatoria. La 'dieta occidental', es una dieta pro-inflamatoria. En esta última, predomina la ingesta significativa de carnes rojas y procesadas; bebidas azucaradas; granos refinados; alimentos procesados ricos en grasas trans y grasas saturadas; baja ingesta de alimentos de origen vegetal, como hortalizas y frutas; exceso de ingesta de hidratos de carbono simples.

Todo lo que podamos hacer para reducir el riesgo de inflamación crónica es una buena idea, por ejemplo, cuidar la alimentación, reducir el estrés y, hacer más ejercicio.

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