Compañeras de piso con 50 años de diferencia

Purificación Anguita, Yolanda Sánchez y su perra Luna, en la casa que comparten desde mayo./IDEAL
Purificación Anguita, Yolanda Sánchez y su perra Luna, en la casa que comparten desde mayo. / IDEAL

El Programa de Alojamiento compartido con mayores de la Universidad de Jaén aporta «solo beneficios» | Purificación Anguita y Yolanda Sánchez llevan siete meses viviendo juntas, a través de un proyecto que busca el intercambio generacional

Laura Velasco
LAURA VELASCOJaén

Una persona de 76 años y una de 25 años compartiendo piso. Comida típica de la abuela cada mediodía, libros de la universidad por las mesas y una mezcla interesante de géneros musicales de generaciones separadas. Son algunos de los aspectos con los que conviven cada día Purificación Anguita y Yolanda Sánchez. Con una curiosidad de por medio: no son parientes. Ambas pertenecen al Programa de Alojamiento compartido con mayores de la Universidad de Jaén (UJA). Los estudiantes que acceden a este programa reciben alojamiento gratuito por parte de una persona mayor. A cambio, deben prestar compañía. Por su parte, las personas mayores deben tener más de 55 años, no deben encontrarse activas laboralmente, deben vivir solas y no ser dependientes, entre otros requisitos.

Una comisión integrada por especialistas pertenecientes al ámbito psicológico, asistencial y universitario es la encargada de seleccionar a las personas que participen en este proyecto, a las que se les da un periodo de 15 días de prueba, realizando una asistenta social un seguimiento continuo.

Purificación Anguita y Yolanda Sánchez llevan siete meses siendo 'compañeras de piso'. Antes, Purificación alojó también a un estudiante de Erasmus durante tres meses. «Me pareció una forma de ayudar a la gente y que te ayuden, qué menos que llevarnos todos bien el poco tiempo de vida que nos quede. Yo vivo sola en casa y relativamente apartada, por el Bulevar, y con dos cuartos vacíos pensé que podría apuntarme al programa», detalla.

La convivencia, asegura, va viento en popa, y no se «tiran de los pelos», bromea. «Normalmente hago la comida para las dos, porque ella está ocupada con su universidad y demás. Si la necesito ella me ayuda, pero por lo general no necesito nada, soy independiente. Yo le enseño a ella algunas tareas y a ser ordenada, pero es muy buena», recalca, admitiendo que en el fondo es la abuela ficticia de Yolanda.

Sin ninguna duda, Purificación recomendaría esta experiencia, aunque reconoce que la gente suele ser «bastante desconfiada». «Está muy bien para tener compañía, en vez de estar solos con sitios libres en la casa. Yo estoy muy contenta», insiste.

Por su parte, Yolanda Sánchez, estudiante de cuarto curso de Educación Infantil, se apuntó a la iniciativa motivada por su afán de ayudar y, de paso, ahorrarse el alquiler. Ahora, Purificación se ha convertido en un pilar para ella. «Le cuento todo y si necesito cualquier cosa se lo pido y ella me ayuda, es como mi abuela», señala. Admite que al principio a Purificación le costó confiar, «era muy suya», pero poco a poco se ha ido abriendo hasta formar un gran equipo juntas. Hasta permitió que la estudiante trajese consigo a su perra Luna. «Ahora hasta duerme con ella -bromea-. Aprendo mucho de ella. Está ayudando en una organización donde dan ropa a los que lo necesitan, y como sé que ahora tienen más trabajo quiero ir a echarle una mano. A las dos nos gusta ayudar».

Así, anima a los jóvenes a unirse a esta bonita iniciativa que solo aporta beneficios. «No pagas ni alojamiento, ni luz, ni agua, solo tienes que darle compañía, que en definitiva es el objetivo del programa», recalca la estudiante.

Simbiosis entre generaciones

«Es una experiencia para los jóvenes, tanto en lo personal como en lo profesional. Para los mayores, es compañía, por lo que es una simbiosis entre generaciones diferentes, una experiencia enriquecedora», indica Arturo Montejo, director del Secretariado de Responsabilidad Social de la UJA. Esta es ya la segunda edición del programa. «El año pasado los resultados fueron muy positivos. Son solo beneficios los que aporta», agrega.

Montejo recuerda que no se trata de un programa asistencial, ya que los que ofrecen el alojamiento deben ser «totalmente independientes». Así, insiste en que en Europa ya se ha extendido este tipo de actividades, pero aquí aún le hace falta un empujón. «Ponerlo en marcha es complejo, hay que visibilizar que es seguro, porque las personas mayores suelen ser reticentes a abrir su casa a desconocidos», agrega el director del Secretariado de Responsabilidad Social, que recuerda que también pueden ser parejas las que ofrezcan el alojamiento. En la presente edición aún quedan plazas por cubrir, de personas mayores que han ofrecido su hogar sin tener aún quién les acompañe.

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