Chiquito Conde de Mor

TOMÁS DE LA TORRE LENDÍNEZJaén

Sumo mi palabra a la de otros españoles que piden al Rey que nombre a Chiquito de la Calzada con el título de Conde de Mor de modo póstumo. Se lo merece desde todos los ángulos de la razón personal y colectiva de pueblo español.

Por el contrario, en programas de televisión, como el que dirige Bertín Osborne, en Telecinco, seguramente la última larga entrevista realizada al humorista malagueño, se pidió la Medalla de Oro de Andalucía a un personaje tan importante como Chiquito y su obra de hacernos reír a todos los españoles de toda manera de pensar.

El silencio en Sevilla fue clamoroso y cicatero, ya que aquella petición cayó en el saco roto de las ocasiones perdidas a los gobernantes ciegos ante llamadas tan evidentes.

Ahora, cuando Chiquito descansa en paz, su tierra de Málaga ha quedado como madre del humorista haciéndolo hijo predilecto y otras honras, que dadas en vida gustan más que cuando se abandona la vida camino de la muerte.

Era tradición de la casa real española nombrar a los bufones de la corte como duques o condes a título de las bromas propias y las envidias internas entre aquellas personas, cuyas figuras han pasado a engrosar la galería de personajes retratados por los grandes pintores del palacio real.

Chiquito ha sido mucho más que aquellos personajes encogidos. Chiquito ha creado un lenguaje, que un día futuro se estudiará, ha dado un porte de categoría única a su manera de contar sus chistes, y ha entrado en el cine como un personaje digno de quedarse siempre entre nosotros dentro del séptimo arte.

Por lo tanto, apoyo la iniciativa de tal petición ante el actual Rey, Felipe VI, quien siempre será recordado como el que dio un condado a una buena persona, a un andaluz universal y a un artista de pies a cabeza al que la fortuna le sonrió en la última parte de su vida.

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