El catalejo jubilante

Que comprendan los dirigentes que las pensiones no son ni un regalo ni una concesión, sino un derecho.

ERNESTO MEDINA RINCÓN

Los catalejos sirven para ver de lejos. Son mi sueño de jubilado. Instalarlo sobre un trípode en la terraza para contemplar al alcance de la mano los olivares y las sierras. No les cuento si en el campo de visión, recién levantado, se me cruzare una Bo Derek sacada de la película ‘10. La mujer perfecta’. Ese día me ahorro desayuno y comida con el subsiguiente alivio de mi paga de jubilado que, como dice el maestro Agudo a propósito de su madre, tiene que llegarme, por más que la mengüen, para que pueda seguir viviendo como un cuarentón de alma, un cincuentón de cuerpo y un sexagenario de pensión. Excuso contarles que mi mente atisba para ese tiempo de ocio perpetuo distracciones y vicios que requerirán gastos extras. Aun así no he de quejarme por mí, que estaré en la franja alta de las pensiones, sino por quienes tras años de trabajo y cotización rozan apenas el placer del descanso constreñidos por una paga que no les llega. Los obligan a mirar por el lado que no es del catalejo. Se empequeñecen campos, sueldo, felicidad y futuro.

Pidan los pensionistas a los gobernantes que utilicen adecuadamente el catalejo. Si los políticos escudriñan correctamente podrán contar años de cotización; sacrificios para pagar la Seguridad Social cuando además había que sacar adelante a la familia; horas extras que no computaron; una semana en la playa durante el mes de vacaciones, si acaso, porque para más no daba; impuestos que construyeron la España de la que ahora disfrutamos. Si le dan la vuelta al artefacto y lo enfocan percibirán con nitidez caras con arrugas ganadas en el tajo y ojos cansados que se merecen el reposo. La lucha del trabajador consiguió a lo largo de la historia la reducción de jornada, el descanso dominical, las vacaciones pagadas, la asistencia sanitaria gratuita y el retiro en condiciones dignas tras años de curro. Que comprendan los dirigentes que las pensiones no son ni un regalo ni una concesión, sino un derecho labrado en el día a día de una vida laboral.

Busquen ahorro en gastos superfluos, verbi gratia, esas cartas de propaganda que insultan la inteligencia. Racionalicen el gasto público, cuadren el déficit, pero respeten al ejército de los que quieren portar catalejos no sea que los utilicen para abrirles la testa a los regidores por precisamente llevar sobre los hombros una cabeza mala e insolidaria.

Fotos

Vídeos