Todas las calles van a la plaza

LA TREPOLINA

Semana placera. Los jienenses aguantamos mucho, pero que no nos toquen las plazas. Hagan lo que hagan, estará mal, aunque lo necesiten y aunque critiquemos su estado actual. Y es que la experiencia previa no es la mejor y luego está la moda de las plazas duras importada del norte

JOSÉ M. LIÉBANA

Hasta en la más pequeña cortijadas hay plaza. Hasta en la Prehistoria ponían las chozas en círculo para dejar un espacio colectivo en el centro. Hasta el diccionario está lleno de plazas. Once acepciones tiene. Y luego tenemos la plaza del habla ‘abarrotá’ de plazas: plaza mayor, plaza de toros, plaza de abastos, plaza fuerte, plaza de armas, plaza alta, baja y de en medio;sentar plaza, pasar plaza, sacar la plaza, hacer plaza, atacar la plaza.

¡Habrá algo más mediterráneo que una plaza! (‘Alegría en la villa que hay berenjenas en la plaza’), elemento nuclear de una población (‘El que más lejos vive de la plaza, más tarda en llegar a su casa’), salón urbano (‘No estés mucho en la plaza, ni te rías de quien pasa’), lugar de poder (‘Casa en plaza, los quicios tienen de plata’), de lo bueno (‘Más vale amigos en la plaza que dineros en el arca’) y de lo malo (‘Chico de plaza, chico de mala raza’). Todas las calles van a la plaza.

Eso ha ocurrido esta semana en Jaén, ‘abarrotá’ de debate sobre los proyectos municipales de «adecuación funcional» de las plazas de Deán Mazas y El Pósito, la primera convertida en los últimos años en la ‘plaza mayor’ de la capital por su bullicio, centralidad y actividad, y la segunda, plazoleta más bien, pero recoleta y con encanto especial, de paso y de largas estancias.

Y luego está la experiencia jienense de los últimos años, de cruentos debates, unos con razón y otros no tanto. El Arche, la plaza de la Constitución, la de San Ildefonso, la de Santa María... No hay plaza que se haya librado de la filípica. Y ahora con las calles virtuales que son las redes sociales – unas con las alcantarillas pestilentes y otras con las ventanas abiertas – , ni les cuento cómo han sido recibidos los nuevos proyectos. Ya hay hasta concentración de protesta para el día 18, que una plaza mueve montañas, y si en el cincuentón Mayo francés la playa estaba debajo de los adoquines, la plaza está encima.

Las plazas tienen funciones para todo: simbólica, política, social, religiosa, festiva, deportiva, económica... Lo mismo se ejecuta que se canoniza, arden en la hoguera o erigen una estatua, lo mismo se da un mitin que te das el lote, o te vas de procesión, o de carnaval. A las plazas actuales se les pide de todo, porque la democracia ha hecho que sean de todos, no como antes, que la calle era de uno solo. ‘El hombre en la plaza y la mujer en casa’, se decía. Tienen que ser accesibles, dar sombra, tener vegetación, ser diáfanas, dejar que se vea el entorno, que no desentone, que tengan terrazas, que puedan pasar los viandantes, que respeten la tradición, que sean actuales... y, por supuesto, que sean bonitas.

Y a veces no es fácil. La denostada por algunos plaza de Santa María tenía mucha sombra pero no dejaba ver entera la fachada de la Catedral (‘descubrimos’ que tenía esquinas), tenía también muchos bancos pero no podía albergar grandes eventos. A veces hay que elegir y luego está el gusto de cada cual. Cada español lleva un seleccionador dentro. Y un placero.

Quizá para evitar la rebelión en las calles, no presentó el Ayuntamiento la reforma de Deán. La alcaldesa Peñalver presentó la de Santa María con una carpa en la mitad de la plaza y el PP aprovisionó munición para varios años (‘plaza situada, plaza tomada’), con argumentos de todo tipo, razonables o de dudosa procedencia, como el invento del granito negro y las luces psicodélicas, un sacrilegio ante la Catedral, decían. Cuando volvió a gobernar no solo no la ‘contrarreformó’ sino que la utilizó con desparpajo. Ni gratis lo habría hecho. Atacar las plazas da votos. Cambiarlas no. Las plazas son populares y criticarlas es una tentación, una necesidad, un deporte o un desahogo. Puedes tener el mejor programa electoral del mundo que nadie lee, pero como toques una plaza, te la cargas.

Pero qué menos que algo tan del pueblo se someta al debate popular. A los críticos de oficio se les espera, a los destructivos por sistema les servirá de terapia y los que estén de acuerdo callarán. Pero algunas críticas serán útiles.

La del Pósito es tan equilibrada en su desequilibrio que cualquier pequeño cambio amenaza con romperlo. Es lo que viene a decir la Comisión Provincial de Patrimonio cuando dice que la reforma afectaría a la «concepción global de la plaza». Y eso que la intención municipal es loable: hacerla llana, incorporar la calzada en desuso con la peatonalización, mejor alumbrado y poner un mirador y un pequeño escenario. Pero con la experiencia anterior y sin una recreación de cómo quedará, es mucho riesgo.

La del clérigo ilustrado Martínez es también una plaza entrañable pero no es tan delicada. De hecho, la reforma tiene el visto bueno de Cultura y eso que el Palacio de los Vilches y su entorno están protegidos desde 2010. Está un tanto obsoleta, aunque lo que hay podría reponerse y actualizarse sin más. Pero no acabaría con su principal problema, la saturación. Porque Deán Mazas es básicamente cuatro grandes parterres en las esquinas y mesas ocupando los pasillos, el centro y los laterales, más una fuente que fue desplazada para dejar más espacio libre. Los parterres están en barbecho, abandonados, por lo que el Ayuntamiento ha optado por la calle de en medio: mantener el arbolado, quitar los parterres y poner las mesas donde estos, dejando superficie sin ocupar. Ecologistas en Acción rechaza y con razón que se pierda vegetación, pues aparte de su estética, amortigua el ruido y absorbe el calor, y más si el nuevo suelo es de granito.

Pero hay plazas de tanto uso que no cabe todo. Deán Mazas se ha convertido en la plaza mayor de Jaén, lugar de encuentro y epicentro de todo tipo de actividades: terrazas, conciertos, mercadillos, teatro, esculturas humanas, mítines y gente de paso. Y necesita espacio. ¿Qué hacer? ¿Sacrificar los parterres o los veladores? Es obvio que las terrazas se nos han ido de las manos, en Jaén y en muchos sitios. La ley antitabaco, las nuevas estufas y la crisis (es una de las actividades de ocio menos costosas y que más nos gustan) han convertido algunas zonas en una mesa corrida. El Ayuntamiento deja entrever que la ordenanza que prepara intentará poner coto, pero eso será después. Incluso hay miedo a que el espacio que se libere sea llenado por más mesas. El gobierno municipal lo niega.

¿Qué hacer? Pues tal vez lo que nunca nadie hace: reunir a varios colectivos, presentarles el proyecto, escuchar, cernir los argumentos y luego decidir con todas las consecuencias. Por ejemplo, parterres de pantalla, más pequeños pero más frondosos y cuidados, o incrementar la vegetación en zonas próximas con menor uso, o agilizar la ordenanza con un tope a la superficie ocupada. Y seguro que en el debate saldrían otras fórmulas mejores para compaginar usos en Deán, pues, como dice el Ayuntamiento de la estética, «para gustos, los colores».

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