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Serrano en la prueba del pasado domingo en su Alcalá la Real.
Serrano en la prueba del pasado domingo en su Alcalá la Real. / B.S.

La reina de la Montaña

  • Las mil caras de jaén | Blanca Serrano, Atleta y empresaria

  • A sus 40 años, la mítica corredora alcalaína , subcampeona del mundo, ingeniera y enóloga, ha vuelto a calzarse las zapatillas tras ser madre

En la época del 'running' por doquier y las app para practicarlo ella se definiría como corredora. Y es que «un corredor seguirá corriendo cuando la moda pase, un 'runner' no. Y si lo hace, se habrá convertido en corredor». Un runner vendría a ser «un corredor fosforito», según Goyo Jiménez. Ella, a sus 40 años, es corredora. Con mayúsculas. Y atleta, que es un paso más (o unos miles). Y runner si le apetece. El domingo pasado volvió a correr tras un parón en su Alcalá la Real en la III Subida a la Martina, 25 kilómetros ascendentes. Acabó tercera. Había dado a luz pocos meses antes.

«La constancia es la clave del éxito», asegura Blanca Serrano (Alcalá, 1976). Y una prueba de que querer es poder y que nunca es tarde. Siempre había corrido, pero dio el salto a las carreras de montaña a los 27 años. Muy tarde para la disciplina. Ha llegado a ser subcampeona del mundo.

Todo ello sin contar con dedicación exclusiva ni grandes becas, al contrario. Compaginando horas y horas de entrenamiento con su formación y su trabajo. Es ingeniero técnico agrícola y licenciada en Enología por la Universidad de Córdoba. Ahí entra su segunda gran pasión. El vino. Trabaja en la conocida bodega de su padre en la localidad y puede presumir de tener una nariz privilegiada. Está reconocida por sus catas sensoriales y no sólo de vino, sino de comida en general.

Por qué corre

El pasado marzo, dentro del apartado 'Mujeres alcalaínas a la luz' fue reconocida por los suyos. En Acalá es una leyenda deportiva. Desde web informativas locales se habla de ella como «la mítica Blanca Serrano».

La vecina es muy alabada en su tierra por su destacada trayectoria como corredora de carreras de montaña, con títulos nacionales y podios en pruebas internacionales, que le valieron la concesión del Premio Hércules.

Su trayectoria ha sido tan espectacular como fulminante. Probablemente 2009 quede guardado para siempre en su memoria, el año de su consagración en lo más alto del deporte nacional de las carreras por montaña. Se ganó el apodo de forma merecida de la reina de las montañas. Tres años después se proclamó subcampeona del mundo de Maratón por Montaña en Vilaller, en el Pirineo catalán, en la prueba estrella de los campeonatos del mundo de carreras por montaña, en la que los integrantes de la selección española eran los grandes favoritos. El recorrido era de 42 kilómetros de distancia y 3.000 metros de desnivel positivo. Casi nada. Solo leerlo ya se cansa uno.

Defender a la Selección Española es «para mí, un orgullo muy grande representar a la Roja. Mi máximo objetivo en mi vida deportiva».

En su familia no hay antecedentes de grandes deportistas, pero ella siempre se recuerda corriendo. «Al principio hacía diez kilómetros, quince, medias maratones. Siempre me ha gustado el deporte y salía con un grupo que hacía más bien asfalto. Desde chiquitilla todos los deportes se me han dado bien, sobre todo los de resistencia».

En su retina está grabado cuando acabó la Ultratrail Mont Blanc, 178 kilómetros en los Alpes, con mucho desnivel acumulado, en 28 horas. «Completarla, como ganar, es una sensación increíble. Algo muy grande», subraya. Aunque tiene clavada «esa espinita de los ultras. No sé si retomaré la carrera más profesional. Si no lo hubiera dejado hubiera seguido por ahí», señala.

«Te pasa de todo, llegas hecha polvo, con las piernas fatal, pero llegas... Las sensaciones de una campeona son fantásticas», apostilla.

Ha destacado en campeonatos de Europa, del mundo y en los Sky Games, algo así como las olimpiadas de la montaña, al no estar considerado deporte olímpico. Es amiga de muchos de los grandes atletas españoles de los últimos años.

Jaén, tierra de vinos

Actualmente, está centrada en su faceta de enóloga, a través de la empresa familiar Viñedos y Bodega Marcelino Serrano. «Hay vinos jienense que pueden igualarse a cualquier vino francés o un Rioja, pero la gente todavía no está dispuesta a pagar lo mismo. No hay esa cultura», valora. La tierra y el clima jienense son «fantásticos para el vino. Cada vez más gente planta viñas», señala. Ese es su objetivo también, además de potenciar el enoturismo, visitas en las que todo gira en torno al vino y su disfrute.

«La crisis ha afectado relativamente. Se nota en que antes se vendían más lo vinos más caros, como los Privilegios de los Reyes Católicos, a 30 euros, y ahora un poco menos, pero casi todo lo tenemos vendido», asevera.

Mientras tanto, no piensa en colgar las zapatillas. Va a seguir corriendo, aunque la duda es si únicamente por diversión o le dará para algo más. En forma se le ve.

¿Mejora como el buen vino con la edad? «Qué más quisiera yo», ríe la alcalaína. «Me conformo con disfrutar de mi hijo y mi familia. Y con no dejar de correr».