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Antonio Peinado posa junto a la cámara en su estudio.
Antonio Peinado posa junto a la cámara en su estudio. / A.P.

El fotógrafo de los Goya

  • Antonio peinado, fotógrafo

  • Elegido a nivel nacional mejor fotógrafo del año, con dos nominaciones a los Goya el jienense es capaz de emocionar y transmitir con fotos de retratos o surrealistas

EL fútbol es lo más importante de las cosas sin importancia», dejó dicho Jorge Valdano en una de esas tardes en las que su retórica abandonó los vericuetos para dar en el blanco (tal vez haya aportado más al balompié por sus frases que por sus hechos); una aserción extensible probablemente a la pasión de cada uno. Como le dice el personaje interpretado por Guillermo Francella al de Ricardo Darín en 'El secreto de sus ojos' como truco para encontrar el lugar donde está: «El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión». La del andujareño Antonio Peinado es la fotografía. Y ha hecho de ella su forma de vida. «Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida», máxima del Confucianismo aplicable del todo a su caso, aunque deja en el tintero aquello de que cuando algo se convierte en obligación, aun gustando, se reduce considerable el placer.

Jaén es tierra fértil en grandes captadores de imágenes e historias. Peinado está en la punta de lanza de estos. Hace unos meses recibió en Segovia el premio al 'Mejor fotógrafo del año' en la categoría de 'Arte Ilustrativo', un galardón que cada año otorga la Federación Española de Profesionales de la Fotografía y de la Imagen (Fepfi). Poco después, en enero, recibía dos nominaciones a los Goya.

El mejor fotógrafo del año nació en Andújar en el verano de 1963. Hijo de médico y dentista y de maestra allí pasó una infancia y adolescencia que recuerda feliz. De hecho al preguntársele por lo primero que se le viene a la cabeza al escuchar la palabra Jaén responde sin titubear: «Mi niñez». La verdadera patria del hombre es la infancia (Esta es del poeta Rilke, no de Valdano; aunque gane leyéndola con acento argentino).

Entonces le regalaron una cámara de juguete, «no recuerdo si una Kodak Instamatic 25 o una Agfamatic, de plástico, muy básica, pero que me hacía disfrutar mucho. Fotografiaba todo a mi alrededor: no la soltaba», rememora. A los 15 años comienza a leer y a formarse en fotografía de forma autodidacta, sintiendo cada vez más pasión por este arte. En 1981 se establece en Pamplona y durante varios años su trayectoria laboral se centra en la consultoría, hasta que en 2006 abre su estudio de fotografía. Comienza a trabajar como fotógrafo social y comercial para empresas, agencias de publicidad y encargos privados, a la vez que imparte clases de Fotografía a estudiantes universitarios de Diseño.

«Una buena fotografía tiene que contar alguna historia. Observar nuestro alrededor y buscar aquello que nos cuenta algo y nos emociona; si queremos emocionar a alguien primero tenemos que emocionarnos nosotros. A continuación hay que intentar eliminar del encuadre todo lo demás. De esta forma tendremos una buena fotografía», asevera. Su inquietud creativa y perfeccionista le impulsa a buscar nuevas formas de expresarse a través de la fotografía, especialmente a través del retrato. Si tuviera que elegir a una persona famosa a quien fotografiar, elegiría a Marilyn Monroe.

¿Qué es necesario para ser fotógrafo y hacer buenas fotos? «Es necesario saber ver y tener algo que contar». Unas líneas maestras desvirtuadas en un momento en los que Instagram y las redes sociales han popularizado hasta la extenuación el término fotón. Qué tiempos en los que al oírlo uno pensaba en una partícula física.

El futuro del fotoperiodismo

Peinado es con todo optimista con el futuro de los fotógrafos y el fotoperiodismo. «Vivimos en un mundo lleno de imágenes. Miremos dónde miremos nos rodean. Puede que en ocasiones no nos fijemos en ellas, pero hablan de nuestro mundo, cuentan nuestra historia y nuestra actualidad y en ocasiones nos emocionan o remueven nuestra conciencia», analiza. «Hay futuro».

En estos últimos años ha recibido numerosos reconocimientos por su obra en diversos países, como la recién conseguida distinción QEP, uno de los reconocimientos internacionales más prestigiosos otorgado por la FEP, o uno de excelencia europea por una colección de desnudos. Y tiene claro cuál es su mejor fotografía: «La próxima que haré».

En la actualidad reside en Pamplona con su familia, casado y con un hijo que ya hace sus pinitos con la cámara, «pero que haga lo que quiera, cada uno tiene que seguir su pasión». Baja a Andújar «todos los años, aunque menos de lo que me gustaría. Echo de menos el clima y los recuerdos de la infancia, de los buenos momentos que pasé en Andújar y la sierra durante los interminables veranos. Otras cosas que echo mucho de menos son las tapas y los flamenquines. y la morcilla».

Su máxima en la vida, sencilla en el fondo, como son las cosas que funcionan: «disfrutar de la familia y de las pequeñas cosas que en realidad son las más importantes. Disfrutar del presente». La más importante de las cosas que de verdad importan.