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Acabando con las chabolas desde 'NY'

El jienense, en medio de las obras del puende de Brooklyn, una de las construcciones más famosas de Nueva York.
El jienense, en medio de las obras del puende de Brooklyn, una de las construcciones más famosas de Nueva York.
  • Alejandro de castro, arquitecto y profesor en la universidad de columbia en Nueva york

  • El arquitecto jienense, que ha colaborado en proyectos de la ONU y prepara un congreso para Harvard, trabaja para acabar con las chabolas en el mundo

Decía Larra que «bienaventurados los que no hablan, porque ellos se entienden». A veces está todo dicho. Otras, como apuntaba también el recurrente por estos lares Groucho Marx, «es mejor estar callado y parecer idiota que abrir la boca y disipar las dudas». Él ha conseguido hacerse entender en la que muchos consideran capital del planeta, crisol de culturas y nacionalidades, y prepara un congreso en Harvard donde tratará de que se comprenda su idea para reducir el creciente problema del chabolismo en todo el mundo. Si no lo logra no será desde luego por el idioma: además de español habla inglés, portugués, francés, alemán y un poco de indonesio y mandarín.

Hay mil millones de personas en el mundo viviendo en chabolas y Alejandro de Castro Mazarro (Jaén, 1979) quiere acabar con ello. O al menos, colaborar a que se reduzcan al mínimo posible, lo que no deja de ser un objetivo titánico. Para lograrlo trabaja en Nueva York cerca de la sede de la ONU con la que ha colaborado en varios proyectos, buscando solución a un problema que no para de crecer por la concentración de población y que hace que en las grandes urbes, junto a rascacielos, haya cada vez más miseria y condiciones infrahumanas.

«La vida que me ha tocado es un regalo, no algo que he merecido», asegura este arquitecto y profesor de la Universidad de Columbia. El párroco de Navas, Jose María Martínez, «todo un sabio jienense», le solía decir «si te cuesta saber si hacer algo es bueno o malo, elige lo mejor; eso nunca falla», recuerda. Así que pensó a lo grande. Y en eso anda.

Con seis hermanos y una hermana y veinte sobrinos (para veintiuno) la idea le vino en cierto modo de familia. Su padre había trabajado siempre en el sector del ladrillo - con un tejar y con el comercio de barro - en torno a Bailén. Dos de sus hermanos hicieron también arquitectura. Tras formarse en Altocastillo se fue a la universidad a Sevilla, con un año de Erasmus en Nürnberg, Alemania, y obtuvo una beca de La Caixa para estudiar en Columbia en 2007. «Nueva York es, junto a Londres, el lugar donde se produce gran parte de la cultura arquitectónica internacional. Además, la sede central de Naciones Unidas está aquí, y me interesaba estar cerca en caso de poder trabajar en cuestiones de desarrollo sostenible».

«Una vez que terminé mi Master en Arquitectura e Investigación pensaba volver a España, pero en 2008 Lehman Brothers cayó, la crisis se desató, y me quedé trabajando en un par de grupos de investigación sobre Latinoamérica en Columbia. Allí descubrí mi vocación académica y seguí trabajando como profesor, especializándome en estudiar qué respuestas son mejores para el chabolismo».

Desde la ONU se han propuesto soluciones pero no está claro si se pueden generalizar a escala global. «Se apuesta por hacer más viviendas sociales en las zonas más baratas de las ciudades, el problema es que lleva a la segregación social y la escala de las ciudades hoy es demasiado grande (por ejemplo, dos millones de personas en São Paulo viven en favelas). La solución no es sólo tecnológica si no política». ¿Y cuál es su apuesta? «Incrementar la densidad de la ciudad consolidada: gravando viviendas y solares desocupados; incentivando el mercado de la rehabilitación de edificios; y subsidiando el transporte público con gravámenes al carbono».

Jugando ping pong en Google

En la Gran manzana se ha topado con famosos como Ethan Hawke o Woody Allen. «Esto es como la estación de autobuses del mundo, y todo el mundo medio conocido en su medio pasa por aquí. Aunque a quien me gustaría encontrarme es a Íñigo De la Serna, ministro de Fomento, para preguntarle sobre políticas de vivienda y territorio en España; o al alcalde de Jaén, por lo mismo».

Ha jugado al ping-pong en la sede de Google o escalando con investigadores del Museo de Historia Natural charlando sobre la reconstrucción genética de los mamuts. Vivió en la casa de Dore Ashton, famosa crítica de arte americana y fue vecino de Darren Aronofski (el director de Cisne Negro o Requiem por un sueño). A la derecha de su casa había una residencia de estudiantes y al otro lado de la calle un cine, un supermercado japonés, una iglesia ucraniana y una hamburguesería «cutre». Así es Nueva York, «mil ciudades en una».

¿Cómo es vivir en la 'América de Trump'? «Se respira un ambiente de polarización: los de derechas odian a los de izquierdas y viceversa. Espero que salgan adelante una sociedad más conciliadora porque el final lógico de esta tendencia es la violencia. Por ejemplo, me dijeron que empezaron a hacer redadas en algunas estaciones de metro a hora punta. Suena raro, ¿verdad?».

«Cuando le digo a la gente que soy de Jaén, me suelen preguntar de si está cerca de Barcelona. En general, la opinión de España y de Andalucía no puede ser mejor: buena vida, gente amable, buen clima, dieta excelente. Es uno de los lugares más agraciados del planeta».