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El jienense muestra una cartulina a Adúriz junto a Muniaín en San Mamés.
El jienense muestra una cartulina a Adúriz junto a Muniaín en San Mamés. / EFE

Un juez de primera

  • LAS MIL CARAS DE JAÉN

  • José Luis Munuera Montero | Árbitro de Primera División

  • El sexto de diez hermanos el jienense, al que hizo famoso hace años Mourinho, ha alcanzado la cima del deporte rey este verano como árbitro principal

Si quisiera, podría montar un equipo de fútbol sin salir de casa, solo con sus nueve hermanos y su padre; si por aquello de incluir a toda la familia como buenos hermanos hiciera hueco a su madre, incluso le sobraría uno del once para poder así ejercer de árbitro, aunque igual tendría que disputarse el puesto con tres de ellos que también son colegiados y desde antes que él. La educación familiar es un pilar básico para José Luis Munuera Montero (Jaén, 19-5-1983), tanto que cuando le comunicaron el pasado verano que era árbitro de Primera División lo primero que hizo fue llamar a sus padres y decirles que dónde estaban, que cogía el coche e iba para allá a celebrarlo. Imaginen, solo informando a sus hermanos debió de echar el día.

Sus progenitores, ingeniero electrónico él y ama de casa «y de todo» ella, siempre le inculcaron que hay que esforzarse y compartir. Muchos sábados, cuando no le toca arbitrar ese fin de semana, acude a comedores sociales con ellos. En las últimas semanas se ha dejado ver en el centro de día de Santa Clara de la capital jienense, gastando parte del escaso tiempo libre que le dejan su carrera deportiva (entrena cinco días a la semana, como árbitro tiene que superar marcas duras, como 2.000 metros en menos de siete minutos y medio o seis series de 40 metros en menos de seis segundos cada) y la profesional como 'key-account manager' (gestor de grandes cuentas) en una empresa del sector farmacéutico, el Grupo Alter. Por ello se fue a Córdoba hace siete años (está adscrito al comité cordobés), aunque sigue siendo «más de Jaén que los olivos, vamos».

«Criado en una familia tan numerosa hay cualidades que te vienen de serie. Es inevitable tener empatía, saber compartir, comprender y ser generoso», afirma el jienense, licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada.

Mourinho dijo de él que tiene una personalidad imponente. Hasta ahí lo que se puede considerar hasta un piropo del de Setúbal al jienense, al que hizo célebre a nivel nacional -y hasta internacional- cuando afirmó que era «el cuarto árbitro más arrogante que conocí jamás». Sí, sí, él, Mourinho, tal cual. Como lo leen. Cosas del fútbol y de la vida. Declinó responder al técnico y siguió a lo suyo, y lo suyo era una carrera meteórica hacia la élite. A los cuatro años ascendía como primer árbitro a Primera.

«Sentí una satisfacción enorme, es una sensación increíble mirar atrás 18 años (el tiempo que lleva arbitrando), y ver que has cumplido un sueño», apunta el trencilla aún entusiasmado, meses ya entre los cracks del balón. «Se nota el salto en la velocidad del juego, mucho, en la repercusión mediática y en la responsabilidad. Ya sabemos que es la mejor liga del mundo y hay que tener conciencia y estar con los pies en el suelo. También tenemos que estar tranquilos para poder hacer las cosas bien y trabajar en equipo», señala. Su equipo, fuera de casa, lo completan los asistentes Matías Caballero de Córdoba y Alfonso Baena de Sevilla.

Esperando un Madrid o Barça

El fútbol siempre ha sido una de sus grandes pasiones. Jugaba en el equipo del colegio, de central, y estudiando en Altocastillo decidió seguir los pasos de sus hermanos árbitros para continuar ligado al mundo del balón. Con 16 años empezó a dirigir los primeros partidos en las categorías base, debutando como asistente en Arjona. «Para mí es como un torero, un sacerdote o un profesor, algo totalmente vocacional», subraya. El ascenso a la máxima categoría lo logró quedando primero en la Liga Adelante con una máxima puntuación de 9,72 puntos, tras cuatro años impartiendo justicia en la categoría de plata. La cruz fue el descenso del linarense Pedro Pérez Montero después de cinco temporadas en la máxima categoría con actuaciones excelentes.

El 22 de agosto debutaba en Primera en un Celta de Vigo-Deportivo Leganés (0-1). Desde entonces ha dirigido un Sporting de Gijón-Valencia o en San Mamés al Athletic de Bilbao. Aún no le ha tocado arbitrar al Madrid, al Barça o al Atlético, pero será cuestión de tiempo que imparta justicia entre los Messi, Ronaldo y compañía. «Ese primer partido y el ascenso han sido momentos clave, pero también guardo un recuerdo muy especial del ascenso a Tercera y a Segunda B después de cinco años y tres cursos de ascenso». En el lado de los momentos amargos quedan precisamente «esos cursos de ascenso en Tercera en los que no conseguía mi objetivo, pero con trabajo, constancia y sacrificio logré al final llegar».

Su secreto

De hecho, esa es su máxima en la vida y el único consejo que se atreve a dar a los jóvenes que quieran llegar lejos (junto al libro El mercader de Venecia, de Shakespeare; y la canción Blowin in The Wind, del Nobel Bob Dylan). «Que no busquen el éxito, que busquen siempre la felicidad. La felicidad está en el transcurso, durante las temporadas, no en el cuándo. En la vida hay que disfrutar del durante y no del cuándo».

Concretando en el arbitraje, recalca que «te exige sobre todo mentalmente, tener una mentalidad muy férrea, especialmente cuando lo pasas mal al principio cuando vas a campos donde el público es muy hostil». Es un aserción habitual de muchos colegiados: se pasa peor en los campos 'dejados de Dios' que en los grandes templos del balompié, aunque cien mil tipos te piten y se acuerden de tu progenitora o tus antepasados.

En algún momento llegó, incluso, a plantearse la retirada del mundo del arbitraje. «Siempre se piensa, pero forma parte de la experiencia del árbitro y del bagaje que tienes que adquirir para llegar arriba», matiza.

Con 19 años le mandó una carta a Alberto Undiano Mallenco al comité navarro y «no sólo me contestó sino que me llamó por teléfono, me ilusionó». Este verano estuvo con él en las pruebas físicas en Santander. Doce años después, su cuándo había llegado. Y lo mejor, confía, está por llegar, aunque mientras tanto disfruta del durante.