Ideal

El móvil ganó la batalla

Estado de conservación deficiente de una cabina situada en la capital.
Estado de conservación deficiente de una cabina situada en la capital. / M. Á. C.
  • Jaén solo conserva 350 cabinas telefónicas, vestigios en peligro del 'pleistoceno' de las comunicaciones

Se supone que es la crónica de una muerte anunciada. Que aquel cubículo donde Clark Kent se despojaba de su chaqueta para convertirse en Superman o Tippi Hedren se guarecía de los pájaros de Hitchock, desaparecerá de nuestras ciudades -y de nuestras vidas- en tanto que el móvil ha venido para quedarse y el Gobierno decide sobre su continuidad antes del 1 de enero de 2017. Pero por ahora no. Según los últimos datos aportados por Telefónica, en la provincia de Jaén aún subsisten cerca de 350 teléfonos públicos -a principios de los noventa había casi medio millar-, vestigios de aquella comunicación por cable que cambió el mundo y que ahora sirven básicamente como soportes publicitarios. A nivel nacional quedan unas 18.400. de las que la mayoría de la población reconoce no hacer uso. Telefónica reconoce su escasa utilización, ya que estas cabinas tan solo son usadas unos 30 segundos de media al año en el país.

Las cabinas se emplean poco para llamar -sólo recurre a ellas el 12% de la población alguna vez al año, según el Eurobarómetro-. Hubo un tiempo, no tan lejano, en que los inmigrantes sí acudían a ellas con relativa frecuencia para saber de sus familiares allende nuestras fronteras. Había algo de demanda. Pero ahora no. Según los últimos estudios de la consultora Deloitte, la tasa de penetración de los 'smartphones' en España sigue creciendo. El 88% de los españoles ya cuenta con uno de estos dispositivos. Tan sólo Singapur, con el 92%, supera este porcentaje.

La solución a las necesidades comunicativas no está en estos 'artefactos', muchos de ellos con un estado de conservación muy deficiente, que aún se pueden encontrar en medio de calles y plazas de los municipios de Jaén -por ley debe haber uno por cada 3.000 residentes en localidades con más de un millar de empadronados-.

La solución está en el bolsillo. En los móviles. En esos aparatos ultramodernos que, paradójicamente, cada vez se usan menos para hablar y más para escribir.

A pesar de ello, desde Telefónica insisten en que las cabinas tienen muchas ventajas. «Están en servicio las veinticuatro horas del día y los 365 días del año, no necesitan batería y siempre tienen cobertura», aseguran. «Además -agregan- si una persona no tiene saldo suficiente y sufre una emergencia, pueden contactar de forma gratuita con los servicios de emergencias residenciados en el 112». Esta prestación, por cierto, no se ofrece en otros países. Respecto a las formas de pago, Telefónica indica que se admiten varios medios, que van desde la inserción de las tradicionales monedas hasta el moderno microchip. También a través de tarjetas de prepago de otros operadores contactando con un 900.

Fuentes de la compañía también resaltan la supresión de barreras arquitectónicas para los discapacitados y la mejora de la accesibilidad. Para ello, se ha puesto especial empeño, según Telefónica, en la adaptación de los teléfonos con teclados utilizables por invidentes, espacios habilitados para usuarios que vayan en silla de ruedas, conexión con audífonos y más de un millar de bastidores en toda España con una altura reducida de menos de un metro. Además, de forma adicional se ofrece la recarga de celulares de prepago en cualquier momento.

Un nuevo enemigo

A las cabinas les ha salido ahora un nuevo enemigo, el Tribunal de la Competencia, que critica que su coste se haya triplicado en España los últimos cuatro años pese a bajar el parque a un ritmo anual del 40%. Y es que sólo el 12% de las personas que viven en España las utilizan. Son más de la media europea (8%), pero bastante menos que en Portugal (18%) o Austria (17%), por ejemplo. Los datos corresponden al Eurobarómetro, un estudio que revela que el 81% de los europeos estaba en contra de que este sistema siga teniendo la consideración de 'servicio universal'.

Países más alejados como Estonia, República Checa o Finlandia ya optaron por esa vía hace un año y últimamente se unió a ellos nuestro vecino del norte, Francia, que ha acabado con la red pública de teléfonos, lo que ha beneficiado a Orange (France Telecom) porque como antiguo operador monopolista el Gobierno le obligaba a mantenerla.

Es lo mismo que ocurre en España con Telefónica, que en 1928 instaló en Madrid la primera cabina de España. Ahora se encarga de ellas su filial TTP Cabitel y el último contrato firmado con el Ministerio de Industria vence a finales de este año.

El coste de su mantenimiento lo reparte con Orange y Vodafone. El problema es que dicha factura se ha triplicado con creces desde 2012, al pasar de 400.000 euros a 1,5 millones.