Ideal

Una vida entre instrumentos musicales

Andrés Martínez no pasa ni un sólo día sin tocar alguno de los muchos instrumentos que tiene.
Andrés Martínez no pasa ni un sólo día sin tocar alguno de los muchos instrumentos que tiene. / IDEAL
  • DE PROFESIÓN... MÚSICO

  • Andrés Martínez heredó la afición de su padre y acabó convirtiéndola en su pasión y en su trabajo y hoy, ya jubilado, no tiene ni un sólo día a la semana libre de ensayos

A sus 67 años, Andrés Martínez lleva ya 7 años jubilado, pero eso no significa que no tenga la mayor parte de su tiempo ocupado en algo que, aunque perfectamente puede considerarse un trabajo, él define claramente como su «pasión»: la música. Maestro de escuela, como le gusta considerarse, de toda la vida, Andrés, a lo largo de su trayectoria profesional, ha dado clases en numerosos puntos de la provincia. Cuando él estudió Magisterio, aún no existía la especialidad de Música, pero se la sacó cuando tenía 40 años, formando parte de la primera promoción de maestros especialistas en Educación Musical. «He dado clase de todas las materias, pero la música, cuando se podía, siempre estaba presente», explica este jienense que apunta que la afición por la música le viene desde muy pequeño y se la inculcó su padre.

«Él era guardia civil porque le tocó vivir la época de la posguerra y había que buscarse la vida como mejor se podía, pero siempre le había gustado la música, en la familia, en Jódar, ya había varios, algunos profesionales y otros aficionados y yo siempre lo había visto eso en mi casa», apunta Andrés, que añade que no fue hasta que tenía 13 años cuando a él realmente le picó el gusanillo y decidió coger primero una bandurria y un laúd y luego una guitarra. «Mi padre me enseñaba y fue así como me fui introduciendo en este mundo, aunque por aquel entonces no me planteaba estudiar música, sólo lo hice cuando entré en Magisterio y era obligatorio», relata.

Entonces, siendo ya universitario, tuvo la oportunidad de participar primero en la tuna de la Facultad y luego en rondallas y varios conjuntos musicales de la época, como 'Los vándalos' o 'Los zares'. Fue en aquel momento también cuando decidió que tenía que apuntarse al conservatorio, donde estudio guitarra y solfeo.

Y ya su relación con la música fue y sigue siendo permanente. Como apasionado de la música popular que se confiesa, Andrés también formó parte durante un tiempo de la agrupación 'Lola Torres', con la que grabó varios discos y con la que acudió a festivales internacionales en Estados Unidos, Francia o Polonia, por poner algunos ejemplos. También fue durante 20 años miembro del grupo 'Panaceite', con quienes también dio recitales por todo el mundo.

Y poco antes de jubilarse, gracias a la insistencia de un amigo, decidió comprarse un saxofón y aprender también a tocar este instrumento, con el que ahora también forma parte de la Sociedad Filarmónica de Jaén que dirige Juan Ramón Fuentes. Además, está en el Coro y orquesta provincial dirigido por Antonio Ariza, en el grupo de pulso y púa 'Hadira Plectro' y en la rondalla 'María José Armenteros'. Nada más y nada menos.

Es decir, que entre pitos y flautas, nunca mejor dicho, Andrés pasa la mayor parte del día con sus instrumentos. «En la casa ensayo algo, lo que me dejan, porque tampoco se puede molestar y casi todas las tardes tengo algún ensayo con algunos de los colectivos en los que participo, no me aburro nunca, eso es cierto», recalca.

Siempre investigando

Y es que no sólo este músico acude puntualmente a los ensayos que le programan, es que él mismo por su cuenta no deja nunca de investigar. «Hay instrumentos como la bandurria o la guitarra que he tocado siempre y con los que me siento más seguro, pero hay otros como el saxo en los que sé que todavía tengo mucho que perfeccionar y por eso nunca paro», indica.

Y Andrés no sólo es músico, también sabe cantar. Durante varios años, se marchaba en los veranos a Madrid o a Burgos a hacer cursos de canto y pedagogía de canto escolar. Además, tiene dos guitarras eléctricas y también transcribe canciones de finales del siglo XIX a cifra musical. Y no tiene ninguna intención de plantarse aquí y quedarse con lo que ya sabe, «porque siempre se puede mejorar y aprender más·.

Gracias a haber trabajado como músico, Andrés se congratula de haber conocido a muchas personas interesantes, de haber descubierto muchos países y, sobre todo, de haber disfrutado tanto haciendo algo que él considera maravilloso. «No se puede describir con palabras lo que se siente cuando estás encima de un escenario y sientes que has conectado con el público, que realmente está entendiendo tu música, eso es muy valioso», subraya Martínez, que se declara un admirador de compositores jienenses como el maestro Cebrián, Pedro Morales, Vicente Garrido, Andrés y Francisco Pulido o Pedro Gámez Laserna, este último compositor de Jódar referente en la música cofrade andaluza con el que, además, tiene parentesco.

Cinco bandurrias, dos laúdes, seis guitarras (dos de ellas eléctricas), dos saxos, una flauta travesera y una armónica componen el «tesoro» musical de este jienense que asegura que cuando toca es como una evasión, «es algo que te llena muchísimo».