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«Nos formamos para el trabajo, pero no para el matrimonio»

Carlos Andreu, coach y conferenciante.
Carlos Andreu, coach y conferenciante. / IDEAL
  • Carlos Andreu, coach y conferenciante

  • El diálogo y la convivencia en la familia, en la profesión y en las organizaciones son algunos de los temas que analiza este consultor

Carlos Andreu, coach y conferenciante, participará en el VIII Simposio sobre San Josemaría Escrivá, en el Palacio de Congresos de Jaén, los días 18 y 19 de noviembre. En él tratará de arrojar algo de luz sobre la necesidad de fomentar el diálogo en todos los ámbitos de la vida de las personas, a menudo olvidado por el auge del uso del móvil.

Va a participar en un simposio sobre San Josemaría en Jaén, ¿qué pinta un coach en un simposio dedicado a un santo?

Bueno, eso habría que preguntarlo a la organización... No, fíjese, un coach no es más que alguien que trata de mostrar a otras personas el camino de mejora (personal, profesional.) en su vida. El camino lo ha de recorrer la persona, y el coach simplemente le va mostrando distintas alternativas. Cualquier santo es un modelo al que aspirar, un objetivo que alcanzar. Un alguien a quien parecerse, y el trabajo de un coach es mostrar el camino para llegar a ese modelo.

¿Piensa que la religión puede hacer algún bien a las personas? Mucha gente que opina lo contrario...

Hay estudios científicos que demuestran que la gente que tiene creencias religiosas vive más, más feliz y más intensamente. El creer que esta vida no es más que un caminar para alcanzar otra vida mejor ya de por sí nos da una importante misión por la que vivir. Y en este mundo nos faltan muchos 'porqués' en nuestras existencias. Cada vez hay más gente que dice que ha completado su vida, que ya no le encuentra sentido. Porque ciertamente, si nos quedamos con una visión únicamente terrenal de la misma, esta, llega un momento en que cuesta vivirla. La religión nos da esa capacidad de trascender de esta vida a otra, y nos permite apurarla hasta el último sorbo, porque hasta ese, tiene valor para el más allá.

El tema del simposio es el diálogo, ¿no le parece que es más fácil dialogar desde la incredulidad que si se tiene una fe y práctica religiosa? ¿No son más intolerantes los creyentes?

Supongo que va por barrios. Hay creyentes intolerantes y no creyentes que también. Pero en general como bien indica la práctica religiosa se basa, especialmente la católica, en la caridad. En el amor. Si realmente fuéramos consecuentes con lo que creemos, deberíamos estar siempre abiertos al diálogo, porque es el mejor ejemplo de caridad y amor a los demás: escuchar, atender, disentir con amor y respeto, tender puentes. Así que una Fe religiosa basada en el amor debería ayudarnos. Otra cosa es que los humanos, imperfectos, nos olvidemos de ello a menudo.

Por su edad no ha podido conocer personalmente a Escrivá. ¿Hay algo de él, de su personalidad o de sus escritos, rescatable para su profesión de coach y conferenciante?

No le conocí personalmente, aunque sí que he leído bastantes de sus obras. Hay muchos pensamientos de él que pueden tener mucho que ver con las cosas que yo digo. La base de su pensamiento era la santidad en medio del mundo, y el coach pretende ayudar a la gente a mejorar (si quieres, ser santo) en medio del mundo.

Pero si me preguntas por alguna cita concreta te diré que hay un punto que me gusta especialmente que dice: «Libros. Pedí libros. Y me llevé cada chasco.»

¿Tiene hijos? Hoy muchas familias se rompen. Y si han tenido niños acaban usándolos como arma arrojadiza. ¿Estamos un poco locos? ¿Nos falta madurez para el compromiso? ¿Qué falla? Tengo seis niños con la misma mujer. El índice de rupturas matrimoniales es brutal, sin que además parezca importar demasiado. Sin duda lo que falla es la educación. Educación en el compromiso, en el sacrificio, en el caerse y levantarse, en el perdonarse, en el entenderse, en el conocerse. Quizá pensamos que tras la boda (en el que caso siquiera de que la haya, ya que cada vez hay menos) todo va a ser 'de cine'. Y no. El amor hay que trabajarlo día a día. Nos formamos para nuestro trabajo, pero no para nuestro matrimonio. Eso lo dejamos 'al albur de los vientos'. Y ahí está el error.

Pero también es cierto que quizá falte que contemos las cosas bonitas de los matrimonios que se salvan en medio de la tempestad. Que se agarran a una tabla y son capaces de llegar a la orilla. De esos se habla poco. Hablamos poco. Y serían formidables ejemplos para muchos.

¿Qué pautas daría para mejorar el diálogo dentro de la familia? Me refiero tanto al diálogo entre padre y madre, como al diálogo de los padres con los hijos.

Fíjate que yo diría que para mejorar el diálogo en la familia lo más importante es que haya diálogo. Las familias estamos muy sobrepasadas: trabajos, casa, coles, niños, tareas, extraescolares, compromisos sociales. No llegamos a todo. O llegamos con la lengua fuera. Y al final del día, después de una jornada maratoniana y agotadora. ¿a quién le apetece hablar? O somos capaces de incluir en nuestras agendas momentos de diálogo con nuestra pareja, o con nuestros hijos, aunque sean pocos, pero intensos, sin distracciones y sin móviles, o iremos perdiendo esa costumbre y nos convertiremos en meros compañeros de piso. El mejor regalo que se puede hacer a una familia es una mesa camilla alrededor de la cual sentarse a hablar.

Así que yo diría que en primer lugar hay que buscar esos momentos para el diálogo. Diálogo sobre cosas profundas, claro. Lo demás es 'logística' (lleva a fulanita al médico, hay que ir a comprar leche.).

En segundo lugar, diría que es importante conocer al otro y ponerse en sus zapatos. Lo que se llama la empatía.

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