Ideal

Miedo y/o egoísmo

Ganó Trump. Sí, no es una pesadilla, ganó Donald Trump las elecciones para la presidencia de la primera potencia mundial, los Estados Unidos de América. Alguien me dijo al día siguiente: «¿a que ahora no te parece tan malo Rajoy?». Le miré a los ojos y en mi rostro quedó patente lo inconveniente de la pregunta. Lo primero que hice después, inmerso en la zozobra por la deriva reaccionaria que se nos avecina, fue intentar buscar una explicación a lo en apariencia inexplicable. Encontré varias, todas ellas complementarias unas de otras. Pero hubo una que, no por desconocida, me dejó muy preocupado: el sentido del voto por edades. Resulta que entre los mayores de 45 años, el apoyo al candidato republicano fue claramente mayoritario, mientras que Clinton era la sólida favorita para los menores de esa edad. No pude resistirme a comparar estos datos sobre las elecciones americanas con los existentes en cuanto a los comicios españoles. Es lícita esta comparativa porque, si en EEUU padecerán a Trump, aquí nos aflige una derecha carcomida por la corrupción y que sumerge a España en una deriva de desigualdad sin precedentes en democracia.

Ni que decir tiene que me di de bruces con unos números parecidos. Aquí, los hombres y mujeres mayores de 45 años superan los 19.900.000, más de la mitad de la población española incluyendo en el resto a los que aún no pueden votar porque no alcanzan la mayoría de edad. De entre ellos, los que votaron al PP fueron el 38,8 por ciento, cinco puntos por encima de la media total. A todo ello hay que unir que en este tramo de edad el porcentaje de abstención es sensiblemente menor. Hasta el punto que hay 14 puntos de diferencia con respecto a los jóvenes de entre 18 y 29 años -31 y 45 por ciento respectivamente-.

Miedo y/o egoísmo. Ese es el título de esta pieza. ¿Pregunta o afirmación?. ¿Qué empuja a las personas ya jubiladas, o a las que se encuentran cerca en el tiempo, a votar mayoritariamente a la derecha?. Alguien podría decirme: «la experiencia y el conocimiento, ¡qué narices miedo y/o egoísmo!». Yo asentiría sin menoscabo de mi maltrecho orgullo de no ser por la experiencia, la mía en este caso. Y es que conozco pocas personas mayores que no padezcan de un miedo atroz a casi todo y, sobre todo, a casi todos. No digamos en lo concerniente a la política. Pero no se trata de un miedo que se defina como la angustia a un peligro imaginario, más propio de una película de terror. Me refiero a un miedo, para ellas cierto, a perder lo acumulado durante toda una vida o -¡hay, Dios mío!- a perder la pensión. Ahí es donde el miedo se conecta con el egoísmo, mezclándose ambos sin saber donde termina uno y donde comienza el otro.

Habrá que discernir qué es más fuerte en su inconsciente a la hora de emitir su voto, la solidez de su patrimonio y de su pensión, o la corrupción, el paro y los precarios sueldos de la población más joven -que además, paradójicamente, les auguran míseras pensiones-. Dejó escrito Vicente Blasco Ibáñez que «la juventud es la edad de los sacrificios desinteresados, de la ausencia de egoísmo, de los excesos superfluos. Que manden los que tienen que perder». Pues eso.