Ideal

EL MORTERO

El diario

En mi vida vocacional de maestro viví muchas circunstancias, como aquella vez que se me acercó un pequeño de siete años para contarme entristecido que sus padres se iban a separar. Después de hablarle de que la relación de los padres puede pasar por malos momentos e incluso acabarse, de tranquilizarle asegurándole que su madre y su padre le iban a seguir dando todo el cariño del mundo, que los abuelos y sus seres queridos iban a estar ahí y de animarle a crecerse en la adversidad, le sugerí que escribiera un diario. Tenía que ser su amigo, al diario no debía acudir de manera rutinaria, sino cuando se agitara su corazón porque algo relevante pasaba en su vida. Quedamos en que si necesitaba un desahogo normal tenía que hablar con el padre y la madre, el diario solo debía abrirlo cuando la necesidad de conversar consigo mismo tuviera un carácter íntimo, especial, extraordinario. Si la separación es un trauma, aquel chiquillo superó el trauma como lo superan todos los niños que viven situaciones semejantes.

Pasados los años, con el chaval llamando a la puerta de la adolescencia, me dijo que seguía escribiendo en el diario, que lo hacía de tarde en tarde y que no le pasaba por la cabeza abandonarlo, porque un amigo de verdad nunca se deja.

El tiempo pasa de forme inexorable y el dedicado a la enseñanza más rápidamente si cabe, así que llegó mi jubilación. Yo quería transitar hacia ella de puntillas, sin que se notara mucho, de manera poco visible, pero no fue así: alumnos, padres, compañeros, familiares y amigos se pusieron de acuerdo y me tocó vivir una emoción detrás de otra. Los niños me obsequiaron con evocaciones, versos, dibujos, relatos, teatralizaciones, recuerdos. Entre los obsequios, un paquetito envuelto en papel de regalo reciclado. El chico me lo entregó con una sonrisa de complicidad que me desarmó por entero: Era su diario. Debí decirle que era intransferible, que si le correspondía a alguien era a sus padres, pero no le dije nada, le miré a los ojos, le di las gracias y le abracé.

Un diario personal no puede quedarse en un registro de actividades diarias, debe expresar sentimientos, los más íntimos pensamientos. En mi caso, que valoro lo cotidiano y huyo de las emociones fuertes, así me gustaría encabezar las páginas de un diario imaginario: «Hoy el día ha pasado como uno más, sin pena ni gloria, sin males absolutos. Me levanto, me ducho, desayuno. la rutina y yo somos una misma persona». Justo lo contrario de lo que le dije a mi querido alumno. Lo haría así porque no necesito una profunda exploración de la mente para expresar esa sensación indefinible que me apaga y oscurece.

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