Ideal

huesos de aceituna

Universidad libertaria

Norbert Wiener, matemático estadounidense considerado como el fundador de la Cibernética, dejó esta frase para la posteridad: «cuanto más conservadoras son las ideas, más revolucionarios los discursos». Tal dicotomía suele llevarse al extremo en el ámbito universitario; así es y así fue siempre. Y yo me atrevería a decir que así debe ser. La Universidad, como decía Santiago Carrillo, es un permanente «foco de impugnación de la sociedad capitalista». Porque es allí donde han de dejarse al margen las corrientes de opinión vertidas en redes sociales, medios de comunicación y tertulias de verbo inopinado para entrar en el fondo de los asuntos políticos, intelectuales y sociales. Es allí donde el pensamiento crítico se baña en el saber, en lo que dejan y dejaron escrito intelectuales y científicos de todo ámbito, condición social y rama ideológica.

En ese entorno hay que tener en cuenta otro factor que también se revela de gran importancia: la juventud. Divino tesoro. Si uno no es revolucionario cuando es joven, ¿cuándo lo podría ser? La mesura en la manifestación de las ideas aparece con el paso de los años, con la aparición de arrugas en el rostro y -con suerte- canas en la mollera. Como dije antes, así es y así fue siempre. ¿O ya se nos olvidaron las manifestaciones estudiantiles durante la Transición, contra la Guerra de Irak o el movimiento 15-M; o -más lejos en el espacio o el tiempo- las de la 'Primavera Árabe', la de oposición a la intervención de EE UU en Vietnam o las de la Plaza de Tiananmén? A la cabeza de todas ellas siempre están y siempre estuvieron los estudiantes universitarios. Siempre en defensa de la libertad y la democracia.

Me hace gracia y, a la par, me preocupa la polvareda levantada por el escrache-boicot -que cada uno escoja la palabra que le parezca más adecuada- que un grupo de universitarios llevó a cabo en la Universidad Autónoma contra la celebración de una conferencia cuyos oradores iban a ser Felipe González y Juan Luis Cebrián. Es curioso que sean éstos, el 'Zipi y Zape' fáctico del 'golpe' a la excúpula socialista, los que ahora se rasguen las vestiduras ante un incidente universitario como tantos hubo en el pasado. Que lancen su abrumadora batería mediática contra un grupo de jóvenes estudiantes mientras justifican solapadamente otros asuntos que ponen en jaque la misma supervivencia de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho.

No seré yo quien justifique una acción de fuerza que impida la libertad de expresión, sea esta del tipo que sea. Y mucho menos si se produce contra dos personas que se disponen a exponer sus ideas en un foro universitario. Pero situar estos hechos a la altura del terrorismo de ETA, un golpe de Estado o la violencia fascista es extraordinariamente excesivo. Lo que, volviendo a la dicotomía que mencioné al comienzo, denota el estado de las cosas en este país. El giro conservador de las políticas -por ahora- económicas, que han abrazado la crisis como excusa, nos ponen en riesgo a todos. Lo discursos se radicalizan en los extremos mientras una gran porción de la sociedad permanece aletargada, ajena, desinformada -que nadie se lleve a engaño- por decisión propia. Y votamos, todos votamos.