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La lucha de las mujeres de rosa

Dos mujeres se abrazan en una de las marchas solidarias organizadas por la asociación Ajicam.
Dos mujeres se abrazan en una de las marchas solidarias organizadas por la asociación Ajicam. / AJICAM
  • El cáncer de mama trae consigo el miedo. Por ello, la Asociación jienense de cáncer de mama ayuda a personas que se enfrentan al gran reto de su vida

María –nombre ficticio– se sienta con relativa tranquilidad en la consulta del médico. Ha dejado su mesa de oficina empantanada. «Son solo unos análisis, los recojo y vuelvo al trabajo», piensa ella. Pero su idea inicial, su día, su mes, su año y su vida cambia por completo en esa pequeña consulta. «Es cáncer», le dice él. Y en ese momento, los ‘grandes’ problemas de su vida, el estrés en la oficina, la rebeldía de su hijo y las discusiones por temas banales con su marido quedan reducidos a la nada. Una nueva y desconocida lucha ocupa toda su mente.

Es María, pero podía ser cualquiera de las 26.500 mujeres diagnosticadas en España con cáncer de mama, según los datos de la Asociación Española Contra el Cáncer. Para solventar sus dudas, ofrecerles apoyo y compartir experiencias –todas sus integrantes son supervivientes del proceso– nació la Asociación jienense de cáncer de mama (Ajicam). «Les hacemos ver que todos los problemas se pueden superar y les damos herramientas para que se vean fuertes, ya que lo más importante es que ellas estén bien para recibir los tratamientos y lo que les viene encima», recalca Natividad Cueto, presidenta de la asociación y «superviviente» del cáncer, como ella misma dice.

Las mujeres que acuden a Ajicam ya conocen su diagnóstico. Llegan principalmente derivadas del hospital o por el boca a boca. «Vienen con miedo, muy hundidas y con la incertidumbre de no saber qué va a pasar. Nadie puede asegurarles que van a ser supervivientes, así que tienen que aprender a vivir con el miedo, a controlarlo, ya que nunca se pierde. Tener paciencia es algo que les debe acompañar en todo el proceso, en los tratamientos, pruebas y resultados», destaca Natividad Cueto.

Como en el caso de la citada María, muchas pacientes acuden a la consulta sin esperar un diagnóstico negativo. Por ello, deben enfrentarse a la tarea de comunicarlo a sus seres queridos. Resulta llamativo que en bastantes ocasiones acuden primero a Ajicam para pedir consejo sobre cómo comunicarlo. «Les preocupa mucho cómo decirlo, sobre todo a los hijos, que suelen ser los últimos en enterarse. Algunas se encuentran solas, pero la mayoría están por fortuna acompañadas», añade la presidenta del colectivo.

En este sentido, desde Ajicam resaltan la idea de que, aunque «a las mujeres les cuesta», deben dejarse cuidar. «Están acostumbradas a preocuparse de los demás, pero ahora es su turno. Deben pensar en ellas mismas y dejarse cuidar, esto no significa que estén imposibilitadas o que las traten como inútiles, sino que a nuestro alrededor se sienten bien cuidándolas y ellas necesitan cariño cuando están bajitas por los tratamientos», incide Cueto.

Porque para Natividad Cueto el cáncer no es una desgracia, sino una lección. Un impulso para valorar la vida y aprender a «llenarla» de momentos. «El proceso les enseña muchos valores que no todo el mundo tiene. Muchos desperdician su vida y nosotras tenemos otra oportunidad para vivirla mejor, sumar vivencias, superar retos y sacar a la luz valores que teníamos escondidos como la valentía, la fuerza o el orgullo por haber superado algo así», indica Cueto.

Desde Ajicam aportan a las afectadas asesoramiento jurídico, atención psicológica y social, actividades físicas y talleres, todo ello impartido por profesionales de las diferentes materias. Las voluntarias de la asociación y «supervivientes», por su parte, ofrecen consejos y experiencias personales a las que acuden en busca de ayuda.

«Tratamos de darles soluciones a sus problemas. Hay pañuelos, gorros de lana o de hilo y pelucas preciosas para la cabeza. Les decimos que se maquillen si se ven peor, pueden seguir siendo preciosas. Y por supuesto les animamos a que lleven una buena alimentación y que hagan ejercicio físico en la medida de lo posible, que anden, les ayuda a las defensas y a sentirse bien. Hay consejos más específicos en función del tratamiento que estén recibiendo. Si sienten amarga la comida por culpa del acero de la cuchara, que utilicen de plástico, que usen guantes para abrir el grifo por si les da calambre, etc.», añade.

Antes y después del tatuaje solidario.

Antes y después del tatuaje solidario. / TATUAJE SOLIDARIO

Asesoramiento y consejos

Y es que Natividad Cueto insiste en que las pacientes deben «aprovechar» los momentos en los que el tratamiento les de un respiro, ya que sólo le deben dar a la medicación «los días en los que el cuerpo les pide estar en el sillón». «Les animamos a que cuando se encuentren mejor hagan vida normal, realicen actividades con nosotras como hacer lacitos rosas, algo que les haga salir de su casa y sentirse bien. En la asociación se sienten entre iguales porque se identifican con las demás y con las experiencias que les contamos», apunta.

Pero con el final del tratamiento no acaba la lucha. En muchos casos, ese el momento de mayor debilidad emocional para las pacientes. «Inician un proceso de asimilación, ya que durante el proceso van como corderillos sin pararse a pensar, con pruebas, médicos y consultas. Después tienen mayor sufrimiento, las secuelas o el miedo de no verse al 100 por cien y que se les reproduzca, ya que las pruebas pasan a ser cada tres meses. Les decimos que los médicos saben lo que hacen y que deben confiar en ellos».

Porque como Natividad Cueto destaca, el cáncer nunca termina, sino que se convierte en una experiencia que siempre recordarán. «Deben aprender a vivir con ello». Y ser felices, que se lo merecen.