Ideal

«Zarandea a un maestro por regañar a su hijo y no hace nada ante los recortes»

En la imagen, el autor de 'El laberinto de Peter Pan
En la imagen, el autor de 'El laberinto de Peter Pan / Ideal
  • Antonio Navarro Barriga Escritor y Psicólogo

  • La realidad de los niños y sus miedos frente a los problemas que viven sus mayores centra la última novela de Antonio Navarro Barriga

'El laberinto de Peter Pan' es el último libro de Antonio Navarro Barriga, la trama de la novela se desarrolla en un mundo de niños, donde está presente la educación, el entorno familiar. El título incide en cómo les afecta la crisis a los pequeños de la casa; y en cómo esconderles lo que nos aflige solo hace que ellos imaginen otras realidades que son aún más dolorosas. Se trata de una novela donde a pesar de tratar temas duros, también se atisba la luz, a través de la solidaridad y de personas que están dispuestas a ayudar a los demás.

-¿Qué le mueve a meterse en las historias que rodean a 'El laberinto de Peter Pan'? ¿Qué poso hay en el trasfondo de la novela?

-Yo a lo largo de mi vida profesional he tenido siempre mucho contacto con niños y con jóvenes. Porque he trabajado en Educación Especial, en reforma juvenil, en Psicología Clínica Infantil, ., y bueno, siempre he tenido mucho contacto con la infancia. Muchas veces he dicho que el problema del niño -cuando venía a consulta- es que tiene padres... A veces son los padres los que realmente le complican un poco la existencia. Pero este libro nace también por todo el tema de la crisis. Yo creo que la infancia está saliendo muy perjudicada de toda esta situación, porque de alguna manera va perdiendo bienestar, atención de los adultos -que es lo que más necesitan-; si a eso unimos la idea que las personas tienen de que el niño es feliz por el simple hecho de ser niño, que no entiende de problemas, que no se pone triste, que todo lo de igual, etc. Y eso es un auténtica falacia. No es verdad. El niño sufre, tiene sus dificultades también para el día a día. De ahí surgió la idea de escribir esta historia, donde los protagonistas fueran esos dos niños, y a través de ellos contar toda esta situación que creo que es muy profunda, importante y que hay que tomar muy en serio.

-¿Cómo se manifiestan en los niños estas situaciones de crisis y esos desequilibrios de su entorno?

-Se manifiestan de muchas maneras. Yo hablo con muchos maestros y me dicen que efectivamente a clase llegan muchos niños, no de un día para otro, pero que sí empiezan a mostrar un comportamiento que no es el habitual. Se muestran tristes; revoltosos, llamando más la atención; dejan de rendir. Puede ser que en casa también, pero por esa idea que tenemos los adultos de que hay que ocultarles la verdad al niño para que no sufra, pues muchas veces hacemos como que no nos damos cuenta de lo que está pasando y lo que hacemos es cortar la comunicación en ese sentido. Eso es un error porque descoloca más todavía al niño, que no sabe qué sucede; sabe que está pasando algo, que sus padres están tristes, que lloran, discuten, pero no sabe el porqué. Entonces, ¿qué hace el niño? Pues que al no conocer la realidad, cuando nadie se la explica, tiende a refugiarse en la fantasía. Y a veces esa fantasía va acompañada de una realidad paralela que suele ser más triste, más dolorosa que la que están viviendo los adultos en su entorno.

El papel del docente

-¿Qué papel deben jugar los docentes ante estas situaciones? ¿Cómo pueden ayudar?

-Yo creo que juegan un papel fundamental. Y le estamos cargando de demasiada responsabilidad a los maestros, que ya tienen bastante con lo suyo. Pero su labor es muy importante. Si hay un maestro o una maestra que es capaz de darse cuenta de que el niño está pasando un mal momento y tiene sensibilidad suficiente como para acercarse a esa criatura e indagar, ver cómo ese niño está viviendo la situación, puede ayudar muchísimo. En la novela están representados los dos modelos de docentes; los que tienen sensibilidad, que son vocacionales, y también los otros, los que están ahí por un trabajo, que les falta esa sensibilidad para acercarse al niño. Así que yo creo que el papel del docente es fundamental, muy importante.

A qué se enfrenta el niño

-Esa diferenciación de profesionales de la docencia y de maneras de enseñar está muy presente en la novela. ¿Cuál es la realidad? ¿Qué tipo de enseñanzas nos encontramos? ¿A qué enseñanzas se enfrenta el niño?

-Bueno, yo no estoy trabajando en la escuela, por lo tanto, hablar de esto. En ningún momento quiero dejar mal a los centros, ni a los maestros y maestras. Al contrario, yo me siento muy cercano a ellos porque también he trabajado en Educación y porque he sido profesor de Magisterio durante 17 años, así que de alguna manera he colaborado en formar a muchos profesionales que ahora trabajan en la escuela... Yo creo que la escuela tiene ahora muchísimas dificultades, muchas. No solamente porque hay unos recortes muy alarmantes, sino también porque hay una crisis de valores. La cultura no está tan reconocida como debiera. Ya no importa tanto lo que se aprenda ni cómo se aprenda. Ahora la urgencia está en ir pasando cursos, sacar unas notas más o menos brillantes y eso pone a los maestros en una situación complicada, porque no tienen los recursos suficientes, no tienen el tiempo que necesitarían y no son las condiciones adecuadas para trabajar de una manera mucho más positiva y más fructífera.

-Por lo tanto, ¿cuáles son las cosas de las que se adolecen?, ¿qué necesitan estos niños a la hora de afrontar estas situaciones que centran su novela?, ¿cómo dar respuesta a sus inquietudes?

-Yo creo, y parte del argumento de la novela va por ahí -aunque no es una novela para escolares y maestros, es para el público en general-, que hay un problema actual, que son las prisas. Los padres, las madres, los maestros. todos tenemos mucha prisa y entonces como que no hay tiempo para el niño. ¿Qué está ocurriendo? Que como no hay tiempo para el niño se le intenta conformar y hacer sentir bien a base de cosas materiales. De ahí viene que se le regala a un niño con siete o diez años un teléfono de última generación. Como si eso fuese a suplir todo lo demás, todas las carencias de dedicación. No nos paramos con el niño a contarles cuentos, cuentos que les ayudarían muchísimo en su desarrollo social, cognitivo, etc. El problema al que se enfrenta el niño, las consecuencias de todo esto es que son niños que aparentemente son felices porque lo tienen todo; pero nos damos cuenta de que cada vez hay más niños a los que les cuesta aprender, a los que les cuesta seguir el ritmo, que no se sienten cómodos, y tienen comportamientos que son muchas veces alarmantes. No nos dedicamos a educar realmente. Un padre se pueden enfadar y zarandear a un maestro porque ha regañado a su hijo; pero sin embargo no hace nada cuando los gobernantes recortan en Educación, no vana zarandear al ministro o al diputado que haya decidido eso; parece que eso no afecta a su niño. La maestra o el maestro seguramente ha pretendido educar a ese niño, llamar la atención para que ese niño se centre, pero sin embargo lo otro es claramente una agresión al presente y al futuro de esos niños que van a carecer de muchas posibilidades.

-Han comentado los que han leído este libro, que aunque se habla de cosas graves y duras, al final se atisba una luz de esperanza, ¿cuál es ese mensaje positivo que se extrae también de la novela?

-Bueno, el mensaje positivo es que a mí se me ha dicho muchas veces que esta historia, esta novela, es dura porque presenta una situación social donde hay mucho dolor, muchas dificultades; pero también en esa misma historia aparecen personajes que tienen una actitud mucho más positiva, que intentan ayudar, salir adelante o que luchan por evitar fracaso total. Y hay personas que son solidarias y que ayudan a que eso sea posible. Por lo tanto mientras queden personas capaces de dar un poco de sí mismas para ayudar a otros, ahí se abre una puerta importante y no debemos perder en ningún momento la esperanza. En ese sentido, esta historia tiene también esa parte positiva, esa parte buena que muestra que no todo es sufrimiento.