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Ana Cristina Lara posa para el reportaje en su despacho del Patronato de Asuntos Sociales.
Ana Cristina Lara posa para el reportaje en su despacho del Patronato de Asuntos Sociales. / M. LOPERA

Manos que hablan un idioma universal

  • DE PROFESIÓN... INTÉRPRETE DE LENGUA DE SIGNOS | ANA C. LARA

  • Ya se dedicaba a esta profesión cuando muchos no sabían ni que existía y, aunque se han hecho avances, asegura que aún queda camino por andar

Aunque lleva más de 20 años trabajando como intérprete de Lengua de Signos, Ana Cristina Lara asegura que cuando estudiaba Magisterio en Ciencias Humanas no sólo es que no se le pasara por la cabeza dedicarse a esta profesión, es que ni siquiera la conocía. «No había visto un sordo en mi vida», asegura. Pero, cosas de la vida, terminó la carrera y, como tenía que esperar un año para poder presentarse a las oposiciones, un día, de casualidad, tuvo conocimiento de un curso de FPO de la Junta de Andalucía de Comunicación en Lengua de Signos. «Me llamó la atención y decidí hacerlo, eran unas 500 horas con un profesor sordo de Granada y una intérprete de Sevilla», recuerda Ana Cristina, que fue así como empezó a tener contacto con las personas sordas.

De hecho, nada más terminar aquel curso empezó a colaborar como voluntaria con Aprosoja (la Asociación Provincial de Personas Sordas de Jaén). «Recuerdo que hicieron una exposición con fotografías de todo su historia y yo estuve de allí de intérprete, fue lo primero que hice y lo recuerdo con mucho cariño», manifiesta la intérprete, que reconoce que al principio era complicado, «como cualquier idioma, que, aunque te sepas la teoría, luego tienes que llevar a la práctica y que, aunque sea un lenguaje universal, unos hablan más deprisa, otros gesticulan más, hay que acostumbrarse», recalca.

Entonces, hace más de 20 años, ver un intérprete de Lengua de Signos en un acto cualquiera era raro y, de hecho, era muy poco el trabajo que había en ese sentido. Pero Ana tuvo suerte y después de unos meses de voluntariado, Aprosoja la contrato para las diversas actividades que iba organizando, como talleres y cursos. Incluso, a través de la Federación Andaluza de Asociaciones de Personas Sordas (FAAS), empezó a trabajar también en colegios e institutos de Jaén para hacer de intérprete a niños con problemas de audición.

Y precisamente se encontraba trabajando en el IES Virgen Virgen del Carmen con un alumno de ciclo superior que era sordo cuando la llamaron del SAE (estaba inscrita en mejora de empleo) para informarle de que en el Ayuntamiento de Jaén iban a seleccionar intérpretes de Lengua de Signos. «Me llamaron, hice la entrevista, una prueba y un examen y al final, junto con otra compañera, fui seleccionada y me convertí en personal laboral», explica la intérprete, que se muestra «muy contenta» por haber tenido la oportunidad de trabajar en todos los ámbitos de la lengua de signos y por estar ahora desempeñando su profesión para una Administración pública como personal laboral. «Es algo pionero en Andalucía y yo diría que en España, en otros sitios se tiene subcontratado el servicio, si es que existe, pero aquí se hizo una apuesta firma hace nueve años», recalca.

Por eso no es raro que les suene su cara de verla en los informativos de Onda Jaén o en los plenos municipales. «Lo de los plenos realmente es un trabajazo, no puedes despistarte un segundo y hay veces que sales con la cabeza loca, pero al mismo tiempo para mí es un reto cada vez que lo hago, creo que es la mejor forma de reciclarse», dice.

Ahora, además de eso, de los informativos y los plenos, Ana Cristina también realiza diversos servicios a demanda de las propias personas sordas. «Ellos hacen una solicitud al Patronato de Asuntos Sociales si, por ejemplo, necesitan que se les acompañe al médico, al juzgado o a cualquier otro sitio y nosotras vamos con ellos», apunta la intérprete, que tiene su despacho en el edificio del Patronato de Asuntos Sociales, en la calle Cerón.

Además, como el Patronato tiene un convenio de colaboración con Aprosoja, también acude allí dos días en semana para realizar cualquier servicio que necesiten sus socios. «Realmente no paramos y poder tener tanta actividad como intérprete de Lengua de Signos la verdad es que era impensable no hace tantos años», manifiesta Ana, que, no obstante, reconoce que, aunque se ha avanzado mucho, aún queda «bastante camino por recorrer».

Y es que, aunque es una lengua reconocida y desde 2007 está aprobada la Ley de la Lengua de Signos, «no se utiliza en todos los ámbitos en los que debería, faltan intérpretes, no hay dinero, y no se contrata y, en el caso de la educación, hay muchas deficiencias porque no se asume por la administración la figura del intérprete», manifiesta esta jienense que, lamenta que el suyo siga siendo un trabajo que aún no está todo lo valorado que debiera. Incluso, añade, la titulación máxima para estudiarlo, que es un ciclo superior, lo eliminaron hace poco del IES Santa Catalina, el único lugar donde se impartía en Jaén. «Ahora sólo han dejado un ciclo de mediador de comunicación pero no tiene nada que ver una cosa con la otra», asegura.

Balance positivo

En cualquier caso, y a pesar de que falte valoración, Ana Cristina se congratula de poder dedicarse a esta profesión. «Muchas veces acabas entrando en una rutina y no te das cuenta, pero lo cierto es que hay veces que te paras a pensar y sientes mucha satisfacción por poder ayudar a estas personas, porque realmente necesitan un intérprete para su día a día», señala Ana, que reconoce que, como todos los trabajos de cara al público, en éste también te encuentras a veces con personas de carácter difícil.

«Pero el balance sigue siendo positivo, a mí me llena muchísimo lo que hago», manifiesta esta docente que también ha trabajado como profesora en alguna ocasión y que es interina con tiempo de servicio también en esa otra faceta que tiene más abandonada pero que no descarta tampoco en su vida. «Me gusta mucho la docencia, pero si me dedicara a ella algún día, querría compaginarla con la Lengua de Signos, no la quiero dejar», apostilla Ana Cristina Lara.