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La memoria viva de la Justicia

Reyes Ansino posa en la sala de vistas de la Audiencia de Jaén.
Reyes Ansino posa en la sala de vistas de la Audiencia de Jaén. / M.A.C
  • LAS MIL CARAS DE JAÉN

  • A sus 70 años, Reyes Ansino es el único jienense que ha participado en la junta general de las 45 elecciones democráticas y no piensa en jubilarse (y tal y como pintan las cosas puede sumar más)

Un tribunal, probablemente, es el último lugar donde uno espera que le roben su chaqueta. No que se la lleven confundida, no; desaparecida. A él, toda una vida en uno, incluso eso le ha pasado. Reyes Ansino Peña (Fuensanta, 1946) ríe abiertamente al recordar. «Lo saben muy pocos, nunca lo he contado públicamente creo. Entramos en la sala de togas que existía antiguamente, el magistrado, los abogados y yo, nos quitamos la chaqueta para ponernos las togas, y al salir estaban todas menos la mía. Ni rastro», rememora. El misterio de la chaqueta desaparecida se resolvió poco después. «Habían visto a un hombre que llevaba unos días rondando por allí para ver cómo iban sus asuntos y la Policía lo localizó. La había cogido él. Cuándo le preguntaron por qué la había robado contestó: no la he robado, la he cambiado de sitio». Como defensa la respuesta resulta endeble; como definición de robar es fantástica. Vale para casi todo. No he robado el coche, lo he cambiado de sitio; no he robado millones de euros, los he cambiado de cuenta, a una de Suiza a mi nombre, concretamente. La chaqueta, efectivamente, apareció en otro sitio, dentro de un armario, cerrado, en el mismo juzgado. No fue el robo perfecto.

La anécdota brota charlando con el secretario de la Audiencia Provincial de Jaén desde 1988. Una institución. La memoria viva de la Justicia de Jaén. Don Reyes, como le llaman la mayoría de sus compañeros, hacia los que él destila cariño y admiración, empezando por los cuatro magistrados con los que comparte trabajo diario. A sus 70 primaveras se debería haber jubilado ya forzosamente, pero el cambio de la ley le permitió solicitar una prórroga de dos años, por lo que seguirá en activo hasta los 72. Es la única persona que ha estado en una junta general en los 45 procesos electorales que ha habido en Jaén, entre elecciones generales, europeas, referéndums, etcétera (tal y como pintan las cosas aún puede sumar algunos más).

Su memoria alcanza para contar entresijos e historias para pasar horas entretenido, pero no hace falta, su vida en sí es ya una la mar de interesante. Hijo de agricultores y segundo hermano de la familia, su padre falleció del maldito cáncer a los 31 años. Su madre se hizo fuerte y se fijó como objetivo que sus hijos salieran del pueblo, estudiaran una carrera y no tuvieran que trabajar en el campo y tener un vida tan dura como la de ellos. «Siempre he dicho que soy un hombre dominado por las mujeres, en el buen sentido. Mi madre y mi mujer han sido claves para mí, mujeres muy fuertes. Y mis dos hijas son un orgullo (licenciadas en Derecho, abogada y jueza con plaza en Linares)».

Los casos más duros

Tras estar interno en Maristas estudió Derecho en Granada porque «quería algo de letras y en esa época era lo que había». Aprobó las oposiciones en 1974 a fiscal del distrito (hoy secretario judicial) con los últimos coletazos del franquismo. Lejos de la imagen de aquellos años movidos en la Universidad él lo recuerda como de «muy poca conciencia política, era un tema vedado, aunque sí empezaban ya tímidamente algunos movimientos». Solo un año después de sacarse su plaza fallecía Franco y tocaba 'inventar' la justicia y poner en marcha todo el tinglado. «Me precio de haber colaborado en ello», afirma. En Huelva de 1974 a 1988, cuando llegó a Jaén.

En todo este tiempo, se ha enfrentado a casos de todo tipo, «los peores, los de abusos sexuales a niñas pequeñas y los de violencia de género». «Estamos acostumbrados, pero no quiere decir que no nos afecte. Los que nos dedicamos a la justicia tenemos nuestro corazoncito», señala. Algunos también con personajes célebres, como el sindicalista Marcelino Camacho.

La Justicia ha cambiado desde entonces. «Ahora tenemos muchos más medios materiales, yo entré cuando todavía los pleitos se cosían. Aunque seguimos lejos de los medios técnicos que tiene por ejemplo la Agencia Tributaria. Nosotros somos todavía incapaces de conectarnos unos órganos con otros. La Justicia es la gran olvidada de todos los gobiernos sin distinción de color. Nadie ha invertido en ella».

¿Por qué? «Tengo mi teoría: a nadie le conviene que funcione bien y con agilidad. El poder judicial es el tercer poder del Estado, el que controla a los demás, al Ejecutivo y al Legislativo. Teóricamente somos independientes los tres poderes, pero el dinero lo tiene el ejecutivo, el que hace el presupuesto, y si se mantiene débil al poder judicial pues menos me controla. Es un problema endémico. La Justicia no funciona bien en ningún sitio, pero no cabe duda de que en España funciona peor», analiza.

Más corruptos

¿Hay más corruptos ahora? «No creo que haya más, pero afortunadamente ahora se sabe; hoy vemos políticos esposados, algunos en la cárcel. Lo que sí es verdad es que nuestro nivel de corrupción es preocupante. Hay quien dice que es reflejo de la sociedad española pero yo me niego a creer eso y verme reflejado en esos señores. No todos se pueden meter en el mismo saco, pero es cierto que es un problema que no se ha afrontado con decisión. Y todos tienen que ser más escrupulosos con sus listas. Cuando se destapa algo de golpe ya se sabía de antes y se podía haber actuado».

El problema de Jaén

Habla con pasión, como sigue realizando su trabajo tras 41 años realizándolo. «La audiencia provincial de Jaén es un referente en España, hemos llegado a ser la mejor del país. Ahora hemos bajado un poco, debido sobre todo a la carga de trabajo», lamenta.

Don Reyes, que vive cinco días en Jaén y dos en Fuensanta en una casa en el campo donde pasea siempre que puede, ya es abuelo, de los de babero, de Javier, de dos años, «la alegría de la casa». Le gustaría poder tomar algo un día de estos con el padre Ángel, al que ya conoce, y al Papa Francisco. Es muy creyente, «aunque con la Iglesia soy muy crítico».

Sin olvidar en cualquier caso su máxima en la vida. «Todos los días cuando me levanto mi única idea es hacer bien mi trabajo y no hacerle daño a nadie. Y que cuando llegue la noche poder dormir tranquilo. No creo que todos puedan hacerlo».

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