Ideal

¡Guerra, guerra!

Eso canta el coro egipcio al final del primer acto de 'Aída'. «¡Guerra, guerra! ¡Exterminio al invasor! ¡Vamos, Radamés, regresa vencedor!». Eso le piden a Pedro Sánchez los suyos, y a Susana Díaz los otros, en un partido muy partido. Los egipcios despiden a sus tropas que marchan sobre los etíopes, después de que la diosa eligiera al capitán para guiarlas en el campo de batalla. «¡Ritorna vincitor!». Pero los estatutos del PSOE, que son como los designios de Isis en versión administrativa, no aclaran quién debe ser su Radamés. Por lo que ayer quedó planteada una pugna tan cruenta como larga, una guerra civil en toda regla. ¡Guerra, guerra!

Guerra también a este lado del Guadalbullón entre administraciones gobernadas por 'populares' y socialistas, una vez que parece superado el beatífico efecto de la toma de posesión de Javier Márquez como alcalde jienense, que puede quedar en un espejismo. Agosto y sobre todo septiembre han roto muchos puentes.

La ruptura de las hostilidades, para regocijo de los 'hooligans', tuvo como detonante los distintos procesos judiciales de las últimas semanas. Casos como 'Paraíso', 'Permuta', la legionela en las fuentes o los contratos con Matinsreg, y agravados por sus distintos tratamientos policiales, para malestar socialista, que ve el sello de Fernández de Moya y que ha pasado de no hacer sangre por la imputación del concejal de Personal a sacar los cañones como anteayer hizo Reyes, hablando de gestión municipal «muy turbia» del exalcalde, quien la semana pasada salió en tromba anunciando que el PP se personará como acusación particular en el caso del delegado de Empleo y que pedirá una comisión de investigación en la Diputación, poniendo también en duda la la limpieza de la gestión de esta.

Y si el clima de entendimiento instaurado hace diez meses tuvo como símbolos la presencia del presidente de la Diputación en el Ayuntamiento o la visita a este de Susana Díaz, negadas a su antecesor, el símbolo de la actual fase bélica es el cruce de acusaciones del alcalde y el delegado de Fomento, amigos como todo el mundo sabe, a cuenta del tranvía. El regidor, partidario de ponerlo en marcha e incluso de una segunda línea, pudo esgrimir sin más la evidente ruina municipal. En su lugar, echó mano de los argumentos de Fernández de Moya, y Valdivielso tampoco se quedó corto cuando le dijo que había sido abducido por el espíritu de este.

Las palomas abducidas por los halcones. A río revuelto, ganancia de 'hooligans'. Y la casa sin barrer. Es la guerra. ¡Guerra, guerra!