Ideal

¿Tú firmarías?

Déjame que te explique y permíteme el tuteo. Me resulta más cercano pensar que te tengo enfrente y te voy contando.

Vista la situación económica del Ayuntamiento y la repercusión que esta ausencia absoluta de dinero tiene para, al menos, mantener mínimamente la ciudad, que sigue su lenta y progresiva degeneración en todos los sentidos. Visto que esta situación es absolutamente irreversible, salvo que, al menos, la mitad de la deuda municipal, unos 350 millones de euros - que se dice muy pronto - sea de alguna manera o condonada u objeto de un milagroso crédito, que tendría que tener una carencia de, al menos, cincuenta años, y para pagar en un par de siglos. Visto que ya no es tiempo ni de buscar culpables, sino algún tipo de solución. Y visto que ya es tarde para todo, porque gobierne quien gobierne sólo se puede, en el mejor de los casos, sobrevivir. Antes de seguir quiero decirte que para nada soy pesimista, pero esta es la realidad. Reconocida, siempre en 'off', por nuestros gobernantes locales.

Propongo que nos olvidemos, toda la ciudadanía, incluyendo a nuestros partidos políticos locales, de todo tipo de diferencias ideológicas e intentemos salvar nuestra ciudad. Porque Jaén se muere, se está desangrando día a día.

¿Y cómo hacerlo? Pues sólo se me ocurre una cosa: hacer presión donde haga falta. O sea, en el Ministerio de Hacienda y, también, aunque evidentemente en menor medida, en la Junta de Andalucía. Sería fantástico aglutinar un movimiento ciudadano que fuera capaz de articular una recogida masiva, de decenas de miles de firmas, pidiendo algo tan básico como socorro. No desde un partido, sino desde la sociedad civil. Y, por supuesto, con todo el soporte mediático que fuera posible. Porque mientras más jaleo se meta, más caso te hacen. Y no hablo tanto de manifestaciones, concentraciones, etcétera, como de plantear una plataforma que pida audiencia al ministro de Hacienda y le entregue un tocho con cincuenta mil firmas por lo menos. Y otro tanto en la Junta.

A ver si puede ser que les llegue el clamor de una ciudadanía que debe pasar del fatalismo y la resignación a la reivindicación.

¿O es que tú y yo tenemos alguna culpa del desastre? ¿Esta es la ciudad que le vamos a dejar a nuestros hijos e hijas? No hay nada que perder y hay mucho que ganar. Autoestima. Dicho queda.