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El sector olivarero no entiende de crisis ni de precios

La producción de aceite de oliva se ha incrementado hasta los 1,4 millones de toneladas
La producción de aceite de oliva se ha incrementado hasta los 1,4 millones de toneladas / EFE
  • España, líder mundial, produce la mitad del aceite de oliva global y destina el 60% a abastecer a más de 160 países

Los agricultores siempre miran al cielo para tratar de adivinar cómo será su futuro. Su mayor aliado son las nubes; cuanto más negras mejor, porque más lluvias traerán al campo. Eso es signo de bonanza. Y así le ocurre al sector olivarero. Su futuro está íntimamente ligado a la climatología, esa que le trajo la pasada campaña 2014-2015 el segundo peor registro de la última década. Pero tras un mal año suele venir otro bueno, puesto que el cultivo del olivar se caracteriza por su marcado carácter vecero, que supone la alternancia de producciones altas y bajas. Y, salvo que la sequía de los últimos meses y las extremas temperaturas de este verano lo arruinen, éste tiene toda la pinta de acabar por lo menos dentro de la media.

A dos meses del final de la campaña -que en términos comerciales va de noviembre de un año a octubre del siguiente-, la producción de aceite de oliva se ha incrementado hasta los 1,4 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 66% en relación con la pasada y del 15% sobre la media de las cuatro últimas, según los últimos datos recopilados por el Ministerio de Agricultura y actualizados a 31 de julio. El récord de producción se logró en la campaña 2013-2014 con 1,8 millones de toneladas. No hay país que ni siquiera lo iguale, pues Italia le sigue pero muy de lejos, con una media de 400.000 toneladas.

Las exportaciones, a su vez, han experimentado una «recuperación, tanto en el mercado comunitario como en el mundial» -según constató la Mesa Sectorial- y se mantienen en línea con las campañas anteriores. El mercado extranjero ha comprado más de 713.000 toneladas, apenas un 1% menos que en la anterior temporada. Cabe destacar el incremento del 20% de las salidas a mercados de terceros países, y especialmente el norteamericano, que registra una subida de más del 40%.

«El único país que ha generado excedentes para abastecer es España», explica con cierto orgullo Juan Luis Ávila, responsable de COAG en Andalucía. «El resto, excepto Turquía y Túnez, prácticamente solo tiene para su consumo propio», añade, haciendo hincapié en que, por esta misma razón, en los últimos tres o cuatro años las exportaciones se están incrementando mucho.

Por su parte, las importaciones, que principalmente proceden de Portugal, Túnez e Italia, continúan con su ralentización y alcanzan una cifra estimada de 103.000 toneladas, cerca de un 20% menos que la campaña anterior pero un 22% más que la media del último cuatrienio.

Un consumidor «fiel»

El consumo nacional, que suele estar en el medio millón de toneladas, ya ha superado las 435.000, un 3% más que la campaña pasada pero a su vez un 3% inferior a la media. «Ha demostrado su fidelidad al producto», sostiene Ávila, quien se jacta de que pese al encarecimiento que ha registrado el kilo de aceite de oliva en el último año, el sector no se ha resentido sino que se ha hecho incluso más fuerte.

Efectivamente, en 2015 el kilo del denominado 'oro líquido' subió en España un 23% a consecuencia de la mala cosecha. El kilo pasó de costar 2,73 euros en 2014 a 3,36 un año después (actualmente está en 3,10 euros). Esto hizo que, en contrapartida, el gasto per cápita se elevara de 25,1 euros en 2014 a 28,08 euros a lo largo de 2015.

Con estas cifras, España es indiscutiblemente líder mundial en este sector. No en vano cuenta con la mayor superficie de olivar del mundo (casi 2,6 millones de hectáreas) y prácticamente la mitad del aceite de oliva que se produce a nivel internacional tiene su nacionalidad.

Pese a que la producción de aceituna está distribuida por 35 provincias, es Andalucía la que concentra el grueso de esta, puesto que cuenta con el 60% de los olivos españoles. De hecho, la segunda por importancia de la lista queda muy lejos; es Extremadura, con el 12% de cuota. La importancia del sector también se mide en el empleo: da trabajo a 350.000 agricultores, que entregan su aceituna en las cerca de 1.750 almazaras distribuidas en 13 comunidades.

Tampoco sorprende que España sea el primer exportador mundial de aceite de oliva, con un 60% de la producción destinada a abastecer a más de 160 países, principalmente en la Unión Europea, y en concreto Italia como principal destino de estas ventas. Sin embargo, las ventas de aceite a Estados Unidos, Australia, Japón y Brasil cada vez son más importantes. Estas exportaciones reportan más de 2.700 millones de euros anuales, lo que sitúa al aceite en cuarto lugar, por valor, entre los productos agroalimentarios españoles exportados, según el Ministerio.

Y es que en este sector no hay crisis que pueda con él. Así lo explica Rafael Pico, director general de Asoliva, la patronal del aceite. «En estos años de recesión económica -explica-, donde muchos sectores y productos han sido más sensibles, a nosotros no nos ha afectado, y menos en el mercado internacional». Según él, es precisamente en estas últimas campañas -exceptuando la última por climatolología- cuando España ha alcanzado récords históricos en producción y exportación.

Mirando al futuro también confía en que sea bueno. Sus preocupaciones se dirigen más -a juicio de Pico- hacia los nuevos productores, como California y Australia. Como no pueden competir con España por tener cosechas más pequeñas y más caras, tratan de atacar la calidad de los aceites nacionales, algo que -se reafirma- está fuera de toda duda.