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La supervivencia del pequeño comercio

Dos parejas pasean tras un día de compras por Jaén.
Dos parejas pasean tras un día de compras por Jaén. / IDEAL
  • Crisis, bajas ventas y mucha competencia es la radiografía de un sector que lucha por mantenerse a flote, en una ciudad en la que el paro pone más difícil reactivar la economía

57.429. Es el número que retumba en las cabezas de los dueños de pequeños comercios de Jaén. Esos que no paran de ajustarse el cinturón, que sufren con la caída de sus ventas y que renuncian incluso a tomarse unas vacaciones. Porque 57.429 es el número de desempleados que se registró el pasado mes de julio en la provincia de Jaén. Un habitante de Jaén de cada once está desempleado; si se tiene en cuenta solo la población activa, más de uno de cada cinco en disposición de trabajar se encuentra en las listas del paro. Esta situación incide directamente en la economía, ya que, como indican los comerciantes, las ventas no remontarán hasta que estas cifras den un vuelco y comiencen a ser positivas.

Y es que la tasa de desempleo por encima del 34 por ciento -casi 15 puntos más que la media nacional- tiene en vilo desde hace años a las pymes de la capital, que observan con resignación cómo la actividad económica no termina de arrancar.

Alejandro Rodríguez, propietario de una joyería en la calle San Clemente, asegura que el negocio nada tiene que ver con el que era tras su apertura hace 36 años, cuando en el local «no daban a basto» por la gran cantidad de clientela que tenían. «Cada vez las ventas van a menos. Con esta tasa de paro, los jienenses ya no compran como antes. Y mi sector, el de la joyería, es el más afectado, ya que no es un bien de primera necesidad», lamenta el comerciante.

Por el contrario, Bruno García, secretario general de Comercio Jaén, hace una valoración positiva de la actividad económica de los últimos meses. Recalca que desde el inicio de 2016, «el incremento del consumo ha supuesto un incremento de ventas del 6 por ciento respecto al año 2015. Sólo el mes de abril y mayo tuvo un pequeño parón el crecimiento de las ventas», señala.

Ventas irregulares

Las opiniones vertidas por los dueños de las pymes denotan cierto pesimismo, pese a que aseguran que «la gente comienza a pararse más en los escaparates y a preguntar por precios con intención de compra», tal y como recalcan Juan Miguel Toledano, dueño de Óptica Suárez, y su hijo, Juan Pedro Toledano. «Las ventas son irregulares, algunos meses empiezan muy bien y cuando parece que vamos a salir de la crisis de repente pegan un batacazo. No podemos confiarnos, ni hacer inversiones grandes porque nunca se sabe. Hemos tenido que comprar una máquina nueva y pedir para ello un préstamo, algo que antes se pagaba sin más», señalan padre e hijo.

Por su parte, Alfonso Carrillo, de Sugar Moda Flamenca, señala que este año está vendiendo hasta un «30 por ciento menos» que el año anterior. Y su salvavidas es, sin dudarlo, la provincia. «En Jaén he notado una gran bajada en el mundo del flamenco. Sigo adelante gracias a los pueblos, ya que vienen desde allí para comprarme, sobre todo de Torredelcampo, Torredonjimeno, Noalejo o Campillo de Arenas. Temo la apertura de Jaén Plaza, va a cargarse lo poco que queda», manifiesta el comerciante.

Al igual que la moda flamenca o la joyería, el arte es otro de los sectores que más ha sufrido la crisis, al no considerarse un bien de primera necesidad. Así lo indica Pedro Carrillo, propietario de la tienda de cuadros Cica. «Lo que más ha bajado es la enmarcación, que es en lo que más nos basábamos, y la venta de cuadros también ha seguido esa línea. El cliente que invertía en arte y gastaba dinero ya está jubilado, la gente joven va a por el cuadro comercial y barato», reclama el dueño de Cica.

Rebajas y competencia

Respecto a las rebajas, Bruno García afirma que, tal como estimaban las previsiones para la provincia, las ventas se han incrementado en un 3 por ciento sobre el mismo periodo del pasado año. «En la provincia, las ventas en rebajas de verano han alcanzado los 20 millones de euros. Los sectores que tienen mayor venta en rebajas son textil, calzado, complementos y pequeños electrodomésticos», recalca el secretario general de Comercio Jaén.

«Han estado llenas de altibajos, aunque pongamos los productos rebajados nos piden aún más, y ya no podemos permitirnos eso. Además, el problema que detectamos es que antes el periodo de rebajas era julio y parte de agosto, pero ahora todo el año vemos a nuestro alrededor descuentos del 70 por ciento, y contra eso no se puede competir», denuncian desde Óptica Suárez.

«Cada vez hay más competencia, sobre todo yo lo noto con la importación de productos asiáticos. Puede que haya algo más de ventas que el pasado año, pero poco más. Por ejemplo, yo los sábados por la tarde no abro, ya que no hay nadie por las calles y no me merece la pena», destaca por su parte Francisco Javier González, propietario de Macario, tienda dedicada a la venta de bolsos y maletas generalmente de piel.

Las circunstancias han llevado también al propietario de Sugar Moda Flamenca, según comenta, a rebajar «por primera vez los trajes de flamenca un 20 por ciento».

Otro de los handicaps señalados por los comerciantes es el éxodo jienense que se produce en estas fechas, en las que los vecinos aprovechan para refugiarse del calor de Jaén en la costa o en segundas residencias fuera del centro de Jaén, provocan que la mayor parte de estos días los comercios se encuentren «bastante solitarios». Y los que se quedan, aseguran, los comerciantes salen «tarde» a la calle. Por ello, en algunas pymes en las que los dueños contratan personal para verano, estos últimos recalcan la necesidad de modificar en la medida de lo posible los horarios. «Abrimos a las 17:00 y cerramos a las 21:00, pero hasta las 20:00 no empieza la gente a salir. Quizás tendría sentido abrir más tarde y hasta más tarde, porque a las 17:00 de la tarde no hay nadie», recalca Leticia Beltrán, dependienta de una céntrica tienda de cosméticos.

La supervivencia del pequeño comercio

Para superar el cúmulo de dificultades que supone la crisis y la alta competencia -sobre todo con las grandes superficies- el pequeño comercio tira de aquello por lo que, en palabras de los propietarios, se diferencia: el «trato personal» con el cliente.

Sinceridad y trato personal

Isabel Morillas, trabajadora de la tienda de moda Spagnolo, recalca que desde el negocio en el que trabaja como dependienta han tenido que realizar «muchas iniciativas nuevas» para mantenerse en el mercado, con lo que han conseguido «mantenerse en una buena línea» de ventas. «Ofrecer calidad y buen trato es esencial, nosotros tenemos clientes fijos y fieles que prefieren venir aquí que comprar por internet. Si la sociedad nos apoya así, el pequeño comercio sobrevivirá», asegura la empleada.

Por su parte, los empleados de Óptica Suárez creen que uno de sus puntos fuertes es la sinceridad con el cliente, ya que «siempre tratan de ofrecerles lo mejor y que más se ajuste a sus bolsillos», tratando de «fidelizarles» y que salgan del local con una buena imagen de la empresa. «Nos adaptamos al cliente, hemos llegado a venir a las 16:00 de la tarde porque no podían venir a otra hora. Amoldarse es uno de nuestros puntos fuertes», destacan.

Son pequeños, pero tienen grandes expectativas. Quieren dejar atrás la mera supervivencia para retomar la ilusión de antaño, una ilusión que aplicaron en su día para poder emprender. Han pasado -y pasan- por una época difícil, luchando por no tener que echar el cierre. Un pequeño comercio clave, tanto en la economía como en la vida de la ciudad.

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