Ideal

De tú a tú: Vicky Romero

De tú a tú: Vicky Romero
  • La cantaora es otro de los personajes para entender el Jaén del siglo XXI

VICKY Romero (Cerdanyola del Vallés, 41 años) tiene una voz cautivadora. Por eso desde el primer momento tuve claro que esta foto y la entrevista que sirve como base a esta semblanza tenía que hacerlas en el lugar más cautivador de la capital: los baños árabes. Los haces de luz que penetran caprichosamente por esas tragonas que emulan al firmamento tienen magia. Y el ‘quejío’ de Vicky, duende. Magia y duende. Duende y magia. El cóctel perfecto para la turbación, pero sobre todo para la sinceridad.

Un entendido me dijo un día que los flamencos no lloran, que los flamencos se emocionan. Vicky Romero me confesó que había llorado y se había emocionado unas horas antes de vernos, escuchando a sus alumnos de la Escuela de Cante de la Universidad Popular Municipal. Porque, en efecto, subirse al tablao significa darlo todo, un esfuerzo y un derroche de creatividad que requiere unas cuerdas vocales perfectamente afinadas (técnica), pero sobre todo mucho sentimiento. Vicky aporta lo uno y lo otro.Sus pupilos lo saben, el público también.

Vicky Romero es catalana de nacimiento y jienense de sangre y de adopción. Su familia remanece del barrio de la Magdalena y de Carchelejo y, además, hace ya quince años que puso pie e ilusiones en Jaén. «Donde siempre quise estar», confiesa. Aquí, en su tierra, crece todos los días personal y profesionalmente. Viendo como sus hijos Paula (diez años) y Adrián (cinco años) se hacen grandes y viviendo cada vez con más intensidad su pasión y su profesión, cantar. Lo hace con sobrada maestría cada vez que se pone delante del micrófono –memorable, por cierto, su interpretación de ‘La canción del espantapájaros’ junto al ínclito José Antonio García (091) en un concierto ofrecido en febrero en el Iroquai– y también cuando, sin quererlo, entona unos cantes de trilla y labores al pasear por el campo o sencillamente cuando prepara la comida en casa. «Me sale, no necesito ningún entorno especial», comenta la buena de Vicky Romero, quien no disimula la fascinación por actuar en sitios tan emblemáticos como el parador de Santa Catalina o la asignatura pendiente de hacerlo en los mismos baños árabes –durante la sesión fotográfica no evitó arrancarse por soleares, como se observa en la imagen–.

Señoras y señores, con todos ustedes, la gran Vicky Romero, genio y figura.