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Un juzgado investiga un vertido tóxico desde hace siete años en Andújar

  • Una sustancia llamada creosota se filtró desde la estación de tren hasta acuíferos subterráneos y contaminó tierras a un kilómetro de distancia

11 de julio de 2007. Un agricultor riega su campo de ciruelos en la vega de Andújar, entre la Autovía de Andalucía A-4 y el Guadalquivir. El restaurante El Botijo casi se ve desde la parcela. Observa que de los goteros no sale el agua limpia y clara de su pozo, sino un líquido viscoso y maloliente. La sustancia resultó ser creosota, un producto químico muy tóxico y peligroso para la salud. «Cancerígeno», dice la Junta en un informe oficial. El vertido, según consta en los informes del Seprona de la Guardia Civil, procedía de la estación de ferrocarril, a 964 metros de distancia atravesando naves industriales y una carretera. Allí había una planta de tratamiento de traviesas para las vías donde se usaba creosota industrialmente. Siete años después, un juzgado tiene un procedimiento penal abierto para delimitar responsabilidades. Al mismo tiempo, la Junta de Andalucía tramita todavía la declaración de suelo contaminado. Mucho papeleo pero a día de hoy nadie ha despejado la principal duda: si la creosota sigue bajo la tierra. «El vertido llegó a una zona de tierras calmas donde se planta algodón y donde desde siempre ha habido ciruelos. Allí nadie hace un pozo ya desde hace años ni se hacen sondeos porque salían contaminados. Ha pasado tiempo, pero aquí nadie ha dado garantías de que no haya creosota», aseguraba esta semana un agricultor con una parcela en la zona.

Durante décadas (desde principios de siglo), en Andújar hubo una planta de tratamiento de traviesas que dejó de funcionar en 1998. Había balsas llenas de este material y tres grandes depósitos. Todo se desmanteló. Hoy solo queda una explanada con algunas piedras dispersas frente a los andenes donde esperan los viajeros. La estación es de Adif, y una empresa, Impregna, trabajaba en esas instalaciones con la creosota. Ambas entidades aparecen citadas tanto en el procedimiento judicial como en el administrativo.

La creosota, según un informe de la Junta de Andalucía, se filtró en terrenos de la estación hasta una profundidad de unos cinco metros, empapando la tierra. Después comenzó a moverse a favor del desnivel que cae hacia el río Guadalquivir. Pasó bajó el polígono La Fundición, llegó a un acuífero y contaminó al menos tres pozos, dos de ellos de uso agrícola: uno situado a unos 500 metros junto a un cortijo abandonado, otro a un kilómetro en un campo de ciruelos y otro en la zona industrial próxima.

Seguía estando allí

«Se tomaron medidas para garantizar la seguridad, se precintó el pozo y se abrió un expediente administrativo», indican en la Junta de Andalucía. Se ordenó además inmovilizar las frutas que habían sido regadas supuestamente con líquidos contaminados. Aunque la creosota seguía estando en la tierra.

«Cuando llovía se formaban charcos negros», relata un trabajador de la estación de ferrocarril de Andújar. Allí todos conocen la historia de la creosota. «Se hicieron obras. Excavaron una zanja de 10 metros de profundidad y construyeron un muro de contención de hormigón», afirman los operarios señalando una línea de arquetas al otro lado de las vías. «Cada cierto tiempo vienen con un camión y sacan líquido de allí. No lo dejan, están encima», aseguran. Al otro lado del muro, en la zona de andenes de la estación y junto a un aparcamiento, hay otros puntos de los que también toman muestras para comprobar si persiste la contaminación.

Adif mantiene que el problema no lo generaron ellos –ni antes que ellos Renfe– y que ante el expediente administrativo y el proceso judicial se está actuando en defensa de los intereses de la empresa, que al ser pública, «es también el de los contribuyentes». «Además, por responsabilidad social corporativa se ha actuado con un proyecto supervisado por la Consejería de Medio Ambiente para obras de contención y evitar que se extendiese. Parecer ser que la contención, decantación y extracción ha funcionado bien», asegura un portavoz de la empresa pública, desde donde se insiste que están a disposición de la Justicia y de la administración.

Impregna, por su parte, prefiere no hacer comentarios aunque en vía administrativa se admitió una alegación suya y se incluyó a Adif en el expediente.

Los datos facilitados por Adif indican que se limpió y recogió creosota del subsuelo en la zona de la estación, pero ni la empresa ni la Junta han aclarado si se limpió algo en los campos contaminados.

Atascado

Mientras, el procedimiento judicial continúa abierto en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Andújar sin que a día de hoy conste que alguna persona de Adif o de Impregna hayan declarado como imputados. Durante mucho tiempo, la instrucción judicial estuvo paralizada porque nadie emitía un informe oficial sobre la verdadera naturaleza del vertido. El juzgado se lo pidió a la Junta de Andalucía, que a su vez indicó que la entidad idónea para hacerlo sería el Instituto Geológico y Minero. Allí se mostraron encantados de realizarlo siempre que antes se depositasen en una cuenta más de 6.000 euros como provisión de fondos. El juzgado instó entonces de nuevo a la Junta a hacer el informe. Finalmente, hace unos meses tuvo entrada ese documento de la Junta.

El informe se remonta a 2007, cuando se abrió de oficio un expediente tras una denuncia por la posible afectación de aguas subterráneas por el vertido de creosota. Se detalla que se ha producido «una afección generalizada que ha avanzado más allá de los límites del emplazamiento» de la estación, y que ha alcanzado acuíferos y pozos. ¿Hasta dónde llegó el vertido? «La afección fuera de la parcela no queda delimitada en el estudio realizado», dicen Leandro Sequeiros Madero, jefe de servicio de residuos y calidad del suelo, y M. Cinta Flores Toledano, asesora técnica de suelos contaminados, en el año 2014. «No llegó al río» indican en el Seprona, que tomó muestras en los primeros momentos del procedimiento.

Las conclusiones del informe oficial de la Junta indican que «se ha detectado riesgo de tipo sistémico y cancerígeno por contacto dérmico e ingestión accidental del agua y por consumo de vegetales regados con ella».

Hasta 2011, cuatro años después del vertido, la Junta cerró su primer intento de declaración de suelo contaminado la zona del antiguo taller de creosotado de la estación de Renfe. El 3 de marzo de ese año se comunicó a la Agencia Andaluza del Agua un proyecto de descontaminación.

Impregna alegó asegurando que no era causante de la contaminación, y que por tanto su responsabilidad sería subsidiaria en todo caso. A final de 2011 la Junta le dio la razón en parte y anuló la declaración de suelo contaminado en la que se la señalaba como responsable. Hubo que comenzar desde el principio para poder escuchar a las empresas ADIF e Impregna. El 3 de diciembre de 2013 se emitió un dictamen del servicio de residuos y calidad del suelo que informaba favorablemente la declaración de suelo contaminado y convocaba a audiencia a las dos empresas.

La declaración de suelo contaminado es importante porque señala a los «sujetos obligados a realizar las operaciones de limpieza y recuperación, la delimitación del suelo contaminado, el plazo de ejecución de las operaciones de limpieza y recuperación, y las restricciones de uso de suelo». El principio es que el que contamina paga.

En el juzgado, mientras, se espera que en breve se hagan citaciones de imputados a varias personas y que se ofrezca a propietarios de terrenos afectados la posibilidad de personarse en la causa como perjudicados.