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Un sudafricano en el reino europeo

Binder celebra su campeonato.
Binder celebra su campeonato. / AFP
  • Binder arrolla a sus rivales en Moto3

 Los gestores del Mundial de motociclismo buscan desde hace tiempo fórmulas que permitan ampliar la gama de países representados en la competición. MotoGP ha abierto sus ojos a otros mercados, primero con la incorporación de más circuitos no europeos -en América o Argentina, mientras se siguen esperando Grandes Premios en países como Indonesia o Tailandia-, después con el apoyo a copas de promoción abiertas a cazar nuevos talentos transoceánicos. Dorna ayuda a Wayne Rainey para reflotar el decaído mercado estadounidense a través de MotoAmérica, una competición en la que este año ha participado el primer campeón de Moto2, Toni Elías. Además, usa el campeonato de España -con la denominación de Mundial junior desde hace unos años- para foguear a pilotos no españoles, organiza la Asian Talent Cup, que busca el talento asiático y apoya a la Red Bull Rookies Cup, una copa de promoción con Moto3 de KTM que se disputa en paralelo a muchas de las pruebas del Mundial. De ahí salió Brad Binder (Potchefstroom, Sudáfrica, 11 de agosto de 1995), primer campeón de 2016 después de cerrar la clase pequeña este domingo en Aragón. Con cuatro carreras de adelanto.

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«Para un sudafricano, la mejor manera de intentar entrar en el mundo de la elite del motociclismo es hacer la Rookies Cup», explicaba tras terminar segundo en la carrera de Moto3, a 30 milésimas del ganador, Jorge Navarro. «Es la manera más fácil de llegar al Mundial. Porque en Sudáfrica no tenemos ninguna competición potente para crecer. Hasta los doce (años) estuve siempre corriendo más o menos contra los mismos tipos, y así es más difícil progresar», reconoce. Fue a esa edad cuando los padres de Binder, Trevor, un fanático del motor, y Sharon, decidieron compaginar la vida africana con la europea -alquilaron una casa en Moraira, en la costa alicantina, después de pasar un tiempo en el Reino Unido-, para tratar de cumplir con el sueño de Brad: llegar a la máxima competición del motociclismo.

«Estoy tan, tan agradecido a mis padres», reconoció emocionado el sudafricano, que sucederá en el palmarés de su país a Jon Ekerold, campeón en 1980 con una Yamaha en los 350 cc. «Se sacrificaron mucho para que yo esté hoy aquí. Nos fuimos de Sudáfrica. O más bien empezamos a estar mucho por Europa, cuando tenía doce años. Hoy es el primer día en el que siento que les estoy devolviendo lo que hicieron», explica. El éxito en 2016 de Binder tiene mucha relación con el buen trabajo del finlandés Aki Ajo y de su equipo. Ajo ha hecho campeones en estos años a Mike Di Meglio y Marc Márquez en 125cc y a Sandro Cortese en Moto3, además de que sacó su mejor jugo a Johann Zarco -primero en el octavo de litro y después en Moto2-, Jack Miller, Miguel Oliveira o el recientemente fallecido Luis Salom.

 «Creo que lo que ha marcado la diferencia es que tengo al equipo más increíble detrás de mí. Es una estructura tremenda y todo ha funcionado muy bien. No ha habido ninguna carrera en la que haya salido a pista con dudas sobre algo, el equipo trabaja muy duro y la gente de KTM y todos los que están a mi alrededor han hecho todo lo posible para que fuese perfecto para mí. Y eso es muy importante, porque he salido a las carreras sin preocupaciones, simplemente he tenido que pensar en mi trabajo», afirma. El triunfo del binomio Binder-Ajo tuvo su punto clave en Jerez, cuando el sudafricano fue capaz de ganar saliendo desde la última posición de la parrilla. Su primer triunfo en el campeonato del mundo. «Cada vez que tenía algún problema este año echaba la vista atrás hasta ese momento y me decía que si había sido capaz de ganar desde el último puesto tenía que ser capaz de hacerlo si no estaba en la mejor posición en parrilla. Allí se produjo un clic. Desde ahí siempre intenté apretar al máximo para ganar cada carrera», reconoció el sudafricano.

El éxito de Binder ratifica el camino emprendido por Dorna. En su felicitación al campeón, los tres primeros de MotoGP este año -Márquez, Rossi y Lorenzo- reconocieron lo positivo de tener un campeón de un país como Sudáfrica, que en 2004 albergó su último Gran Premio en el circuito de Welkom. «Esta pasada semana ha sido una locura con la cantidad de peticiones de los medios de mi país que he tenido. Mi teléfono sonaba cada dos minutos. Y me da que los próximos van a ser aún peores», vaticinó. MotoGP sigue trabajando en derribar sus muros geográficos.