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Fórmula 1 | GP de Canadá

Hamilton, el niño que lloró al emular a su dios

Hamilton, tras lograr la 'pole'.

Hamilton, tras lograr la 'pole'. / AFP

  • El británico iguala las 65 poles de su ídolo Ayrton Senna con un final de clasificación memorable

  • Alonso y Sainz, lejos de Q3 pero con opciones de puntos

Cuando un deportista empieza a competir, siempre tiene a un ídolo al que emular. Los Maradona, Sampras, Ballesteros o Nieto tenían en su mente a ese jugador, tenista, golfista o motociclista que les apasionaba, y a quien querían igualar o superar. Conseguirlo sólo ha estado en manos de algunos de estos magnánimos deportistas, y este sábado, Lewis Hamilton logró lo propio: consiguió igualar, por fin, a Ayrton Senna. ¿Cómo no iba a emocionarse?

El escenario no podía ser mejor para sumar su sexagésimo quinta pole. El circuito Gilles Villeneuve, donde Hamilton logró su primera victoria hace diez años, vivió una de las escenas más emotivas de lo que llevamos de Mundial. Después de haber logrado batir por dos veces el récord del circuito, Hamilton recibía de manos de la organización un casco original (no una réplica) que usó el mismísimo Ayrton Senna. La propia familia de 'Magic' pidió que se lo hicieran llegar, en homenaje no sólo al mítico piloto brasileño, sino también a los éxitos que está logrando Hamilton en estos 10 años en la Fórmula 1.

Hamilton no podía estar más satisfecho por haber logrado una pole que, sin duda, no olvidará. La clasificación empezaba con Ferrari con ligero favoritismo. No en vano habían mostrado una fortaleza en los libres letal, después de una tercera sesión en la que todo eran dudas acerca de si se estaban guardado algo en Mercedes o realmente eran los coches de rojo los que iban a llevar la voz cantante. Que en la Q1 no montasen los neumáticos superblandos fue una forma de mostrar el colmillo: iban tan sobrados que se los iban a ahorrar para la segunda parte de la sesión.

Sin embargo, Hamilton quería sacarlo todo de esta sesión. Sabía que estaba al borde de una ocasión histórica que ya se le escapó (y por mucho) en Mónaco. Es un especialista en clasificaciones, como Senna lo fue hace 30 años. ¿Qué mejor lugar que el circuito de Montreal, donde empezó a deslumbrar cuando aún defendía los colores de McLaren? En la primera vuelta de la Q3 ya hizo saltar por los aires el récord del circuito: desde que este trazado se usa, a principios de los años 70, nadie había bajado a 1:11.791. Y eso que hizo una ligera, ligerísima corrección, que le impidió sellar la pole que llevaba soñando toda su vida. Aún necesitaba más en el segundo intento, porque Sebastian Vettel sí que había fallado más y sólo se dejó cuatro milésimas en el cronómetro con respecto al británico. Por eso, como poseído del espíritu del mismísimo Ayrton, en la segunda intentona hizo lo que en todas las simulaciones parecía la vuelta perfecta. Rozó los muros, pasó por el punto óptimo… y sacó un 1:11.459 que ya es historia de la Fórmula 1.

Historia ya ha hecho, pero aún le queda historia por hacer. Hamilton está a cuatro de las 69 que marcó Michael Schumacher. Salvo sorpresa, esa cifra caerá y el británico se convertirá en el piloto con más poles de la historia de la Fórmula 1.

Alonso, como una pole

Cuando sólo se aspira a no romper, cualquier resultado es bueno. Por eso llegar a la 12ª posición con una carencia de unos 18 km/h es, en palabras del propio Alonso por radio, «como una pole». Las sensaciones tan malas que dejó el MCL32 en la jornada del viernes hizo que el piloto español saliese este sábado a la clasificación con cierto temor. Sin embargo, en el equipo se curaron en salud y prefirieron colocarle una nueva centralita y una nueva batería (las terceras, sin sanción), con lo que así se garantizaban al menos algo de fiabilidad.

Estaba tan contento que, incluso, se atrevió a arriesgarse. «Tengo todas las ruedas un poco firmadas por los muros. Gracias a Dios, no tenemos que utilizarlas porque salimos con gomas nuevas al no entrar en Q3…», sonreía el español.

Tras él partirá su amigo Carlos Sainz. El madrileño estaba un poco contrariado, ya que le perjudicó una bandera amarilla que le impidió mejorar y llegar al 'top 10' de la Q2 y poder disputar la Q3. Pese a ello, estaba razonablemente satisfecho, porque ya ha demostrado en el pasado que en Canadá remontar es algo más que factible.