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Análisis

Alonso: donde no llega el motor, llegan sus remontadas

Alonso espera en su monoplaza.
Alonso espera en su monoplaza. / EFE
  • El pundonor del asturiano, que remontó 15 posiciones en Malasia, le granjea los elogios de todo el mundo de la Fórmula 1

«Piloto del día: ¡Max Verstappen!». Cuando, después de que Daniel Ricciardo, Max Verstappen y Nico Rosberg pasaron por meta, la cuenta oficial de Twitter de la Fórmula 1 anunció que el neerlandés era el elegido como mejor corredor del Gran Premio de Malasia y la afición miró incrédula: ¿en serio se iba a quedar Alonso sin este reconocimiento? La remontada que hizo el español, que le llevó desde la 22ª a la 7ª plaza final, quedó ligeramente tapada por las sospechas de conspiración de Lewis Hamilton y por el doblete de Red Bull, pero fue sin duda uno de los momentos más destacables del fin de semana.

Hombres respetados dentro y fuera del ‘paddock’ elogiaron la labor del español. Damon Hill, campeón del mundo en 1996, tuiteó durante la carrera: «¿Cómo no vas a querer a Alonso?». En la retransmisión de Sky Sports, Martin Brundle (piloto en los años 90) o Ted Kravitz (uno de los periodistas más respetados) destacaron lo heroico de un Alonso que peleaba con coches mucho más potentes que su McLaren, como el Williams de Valtteri Bottas. O cómo trepaba curva a curva para intentar cazar y adelantar a Romain Grosjean con el Haas motorizado por Ferrari. Otros, como su buen amigo Pedro Martínez de la Rosa, directamente calificaron a Alonso como «el mejor piloto de todos los tiempos», una machada que, según a quién pregunte, no es tan descabellada.

La mejor definición de Alonso posiblemente la hizo otro buen amigo suyo, Mark Webber. «Es el último piloto que quieres tener detrás de ti», aseguró. Y no le falta razón: Carlos Sainz ni siquiera intentó pelearle la posición, pese a que ambos luchaban por los puntos, cuando vio que por el retrovisor llegaba una mancha negra con el casco azulado.

Cada piloto suele destacar por una cualidad y algunos, como es el caso de Alonso, por varias. De Ayrton Senna se decía que era el maestro de la lluvia, de Alain Prost, que era el más calculador; de Nigel Mansell, que era el más fiero; de Michael Schumacher, el más agresivo… Y de Alonso, en los últimos tiempos, que es el más completo. No es especialmente rápido a una vuelta (‘sólo’ tiene 22 ‘poles’ y 22 vueltas rápidas en 268 Grandes Premios), pero sí es el más constante: rara es la carrera en la que Alonso ha acabado por detrás de cómo ha empezado.

Un monoplaza menor

No es la primera vez que Alonso supera con creces las expectativas de su coche con una actuación estelar. De sus años en Ferrari no se llevó ningún título, pero sí el respeto de los siempre difíciles ‘tifosi’ del ‘Cavallino’. Alonso nunca se rindió en su lustro de rojo, pese a que le tocó pelear en los años de gloria de Red Bull. No tuvo ninguna victoria fácil y cada podio lo tuvo que sudar de sobra.

Si su tiempo en Ferrari fue doloroso para él, mucho más lo está siendo sus días en esta segunda etapa en McLaren. Tras un 2015 para olvidar, en el que acabar cada carrera era prácticamente un milagro, en este 2016 ha vuelto a disfrutar, aunque sólo sea porque por fin tiene una meta clara: puntuar. En Sepang, un trazado que teóricamente no era de los más propicios para McLaren y su motorista Honda, decidieron penalizar y echar el resto en Japón, donde Honda no sólo se juega el prestigio sino donde además tienen puestas las expectativas muy altas.

En ‘petit comité’, Alonso confiesa que su objetivo es alcanzar el ‘top-5’ en Suzuka, uno de sus trazados predilectos. Esa meta implica que no falle uno, sino al menos dos coches de los ‘seis magníficos’ (las parejas Mercedes, Red Bull y Ferrari). A la postre no sólo implica que el asturiano necesite hacer una actuación estelar, sino que también le acompañe la suerte. Quizá si en Japón, donde además hay previsión de lluvia, Alonso vuelve a cuajar una actuación espectacular, el público sí que le dé un reconocimiento en forma de premio a ‘piloto del día’, aunque seguro que este lo cambiaría de buen grado por quinto puesto.