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Diego Merlo, Sebastián Martos y Francisco Martos en hacen un selfie en el podium. / CÉSAR CARCELÉN

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La carrera más popular y deportiva

  • La Carrera Internacional Noche de San Antón se supera año tras año. 10.000 corredores y miles de vecinos en la calle para presenciar la competición demuestran el éxito consolidado de la iniciativa que tiene 33 años de vida

Los favoritos cumplieron con su papel y no dieron opción a la sorpresa en la XXXIII edición de la Carrera Internacional de la Noche de San Antón. Ganó por segunda vez esta prueba, después de hacerlo en 2012, Sebastián Martos Roa, que paró el cronómetro en 28 minutos y 42 segundos. Solo seis segundos más tarde entró el segundo clasificado, el corredor del Atletismo Albacete, Diego Merlo, mientras que el hermano del ganador, Francisco Martos, fue el tercero en el podio con un tiempo de 29 minutos y 20 segundos.

En la categoría femenina tampoco fallaron los pronóstico y fue Jacqueline Martín Álvarez la que se proclamó campeona. La atleta del FC Barcelona firmó una marca de 32 minutos y 57 segundos. Por debajo de ella en la clasificación, llegó Rehima Serro Hussein que tardó un minutos más que la ganadora. El podio femenino lo completó Almudena Rodríguez, del club de atletismo Caja de Jaén, que culminó la carrera en 34 minutos y 33 segundos.

Tras los profesionales llegó la inmensa marabunta de atletas que completaron la carrera. Y es que por suerte para el espectáculo y la carrera de San Antón, la inmensa mayoría de los 8.000 inscritos para la prueba de adultos consiguieron terminar la prueba y llegar a una línea de meta donde las reacciones efusivas de celebración se mezclaron con las caras de alivio de aquellos a los que ya les fallaban las fuerzas.

Bien distintos eran los ánimos antes de que se diese el pistoletazo de salida. La San Antón, prueba deportiva para profesionales a parte, es una carrera popular y solo hay que darse una vuelta por el final de la Avenida de Andalucía, momentos antes de que de comienzo, para darse cuenta.

La camaradería entre atletas fue máxima y conforme fueron desapareciendo las capas de ropa se fue formando un pelotón frente a las vallas que separan al corredor llano de los profesionales.

Mientras tanto los más pequeños se divirtieron siendo partícipes de la gran noche del atletismo de Jaén. Cientos de padres y madres orgullosos, además del numeroso público asistente, jalearon sin descanso a los 2.000 corredores, menores de 15 años, quienes repitieron el gesto con los mayores al término de su prueba particular.

Se impacientaba el creciente pelotón popular que esperaba que se abriesen las vallas y que dejasen de calentar los que se escaparían rápido. Aprovecharon muchos para formar parte de la iniciativa que la Ortopedia García Férriz dispuso en la zona interior de la carrera.

Durante toda la jornada, dicha ortopedia estuvo realizando estudios biomecánicos de la pisada, de una forma totalmente gratuita, a todos aquellos corredores que se acercaron hasta su stand. Además, García Férriz sorteó un juego de plantillas a medida, adaptadas al calzado usado por el corredor.

Pero lo realmente bueno estaba al caer. Al fin dieron las ocho y sonó el pistoletazo de salida pero claro, este año había récord de corredores y eso se nota. La salida fue totalmente limpia y ordenada por lo que, hasta cuatro minutos después de que saliesen disparados los favoritos, todavía había corredores cruzando la línea de salida.

El entusiasmo hizo que, en el primer kilómetro, la serpiente multicolor que formaron los millares de deportistas fuese rápido a pese a la aglomeración. Como de costumbre, el paso por el túnel que hay bajo la Plaza de los Perfumes fue uno de los momentos estrella de la carrera. A esas alturas, los corredores aun conservaban el resuello y pudieron entonar cánticos festivos y jalear en general a todo el que trotaba.

No fue tan alegre el tramo final de una cuesta de la Avenida de Madrid que se hizo eterna a la mayoría de los corredores y que consiguió que apareciesen los primeros caminantes (aquellos que no conseguían aguantar el ritmo).

Tapones en la carrera

Repusieron las fuerzas en la Avenida de Granada y los corredores volvieron a cantar. Lo hicieron aún más cuando, bordeando la plaza de toros, la estrechez de la calzada y un público demasiado cercano, hicieron que la carrera de detuviese y que los participantes se viesen obligados a caminar durante algunos instantes.

Y es que si algo se puede calificar de negativo en esta edición de la carrera de San Antón, es que la gran afluencia de corredores y el numeroso público que salió a la calle a animarlos, provocó que hubiese algunos tramos en los que se formaron cuellos de botella y se paró la marcha de los atletas.

Pero ni esto pudo con su ánimo. Ya ardían por dentro algunas piernas como lo hicieron las más de 2.000 antorchas repartidas por la ciudad. Cada vez se oían menos gritos de ánimo entre los participantes y se agitaban más las respiraciones.

Llegó la tan temida cuesta de los Escuderos y en ella se vieron las mejores imágenes, para un servidor, de la carrera. Cónyuges que se animaban entre ellos, grupos de amigos que ridiculizaban, tratando de apelar a su orgullo, al más débil en ese momento y desconocidos que se echaban un cable moral para conseguir llegar a la cima de aquel 6.000.

Qué relajación al conseguirlo. Muchos dicen que la carrera de la San Antón termina una vez que se escala dicha pared, aunque lo cierto es que aún restan seis kilómetros nada despreciables. Entre otras cosas, el resto del recorrido te permite obtener una imagen idílica de la catedral de Jaén a la luz del fuego de las antorchas o cómo la Plaza de los Jardinillos se atesta de gente comiendo rosetas mientras ven sudar a sus paisanos.

Es menor la cantidad de público que se ve en las calles paralelas a la Avenida de Andalucía, donde transcurre un zig zag en el que a los corredores de a pie solo les empuja ya el saber que la meta anda cerca. Todo el esfuerzo vale la pena, y no solo porque se marchan con cada gota de sudor alguno de los excesos cometidos durante las vacaciones, sino por sentir el ánimo que desprende la multitud que espera en esa última recta que supone el Gran Eje.

Todo termina. Llega la pesadez en las piernas cansadas pero a la vez las caras se llenan de júbilo y risas. Pueden verse besos sinceros, emotivas escenas de aquellos que ven un reto superado o de quienes echan en faltan a alguien. Puede sonar a tópico, pero lo cierto es que todos fueron campeones.