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Un día entre Broncano y Buenafuente

Un día entre Broncano y Buenafuente
  • Catering, camerinos, famosos desconocidos y anécdotas ocultas de todo tipo de una jornada en el programa Late Motiv

"Todo debe parecer Barcelona", reza una frase escrita enorme en la pared de la redacción de Late Motiv, la sala de máquinas del late night de Andreu Buenafuente. El programa se graba en Madrid, en Tres Cantos, pero gran parte del equipo es el que ha acompañado al showman en sus aventuras anteriores, cuando rodaba en la ciudad condal. Se trataría, por ende, de algo más que simple añoranza geográfica, apelando también a la simbología, al espíritu. Al fondo, una foto de Buenafuente con el dedo acusador (o a lo Julio Iglesias y su "y lo sabes") corona un póster con las palabras "Os vigilo". Eso va por más de medio centenar de trabajadores, desde realizadores a cámaras, maquilladoras, peluqueros, transportistas, guionistas, músicos, etc. Entre ellos, como uno de sus colaboradores estrella, destaca desde hace un tiempo un jienense (de Orcera, en concreto, si no lo saben es que lo han visto poco, porque está entre sus palabras más pronunciadas en cada intervención) al que acusan con sorna de tener pinta de yonqui con traje y que sin embargo (lo juran él y lo que es más importante sus amigos de toda la vida, lo que da credibilidad a la afirmación) se pide un Colacao en la barra libre de una boda o un Biofrutas un sábado a las dos de la mañana.

Para entrevistarlo llega a Madrid el arriba firmante (desde ahora la estrella emergente), a la una de la tarde. La productora El Terrat se encarga de toda la logística. A las 15:20 horas le recogen del programa, diez minutos antes de lo acordado previamente. "Cuando caen cuatro gotas Madrid es un caos", le explica el encargado de recogerle. Un cuarto de hora después están atrapados a la entrada de Tres Cantos.

Antoni Daimiel y Darth Gayder

Pasadas las cuatro llegamos a los estudios y nuestro "chófer" entrega a la entrada el testigo a una chica de producción. "¿Claudia?", le preguntamos, pues hemos hablado con ella para gestionar los pormenores por teléfono en los días previos. "No, no soy Claudia, seguidme", contesta, sin añadir nada más. Avanzamos un largo pasillo blanco y la chica que no es Claudia nos abre la puerta de nuestro camerino con el cartel "Periodistas de Jaén". Dentro nos esperan banderillas de frutas, refrescos, dulces y un espejo muy apañado. Le enseño el traje oscuro casi negro que he traído al igual que José Manuel Serrano, de diario "Jaén", pero hay cambio de planes en el guion. Será algo más tipo elecciones americanas en lugar de íntimo y en penumbra y no podemos chocar con la vestimenta de Buenafuente y David Broncano, las estrellas de verdad. Así que a la estrella emergente le toca ponerse uno de este último. La chaqueta le vale, pero el pantalón se convierte en su segunda piel nada más probarlo, como el traje simbiótico de Venom a Peter Parker, para los más frikis. Con los nervios contaba, con no poder respirar no tanto.

En maquillaje unas chicas simpáticas le echan unos polvos en la cara y nada más, todo muy natural, con un pelín de gomina en el flequillo y listo. Podemos dar un paseo por las instalaciones, nos dicen. Lo hacemos y nos topamos con Antoni Daimiel, que también se hace ahí el programa de Deportes y NBA, y al monologuista Ricardo Castella, entre otros que sorprenden. La tele engorda, dicen, y es cierto, pero los que salen en ella también engordan algunas veces solos.

Se tropiezan también a la entrada del plató con la cabeza de Darth Vader multicolor y debajo la inscripción "Darth Gayder". Un poco más allá un premio que se asemeja un Goya, pero que al observar de cerca tiene la cabeza de Berto. Nos encuentran los guionistas y nos cuentan. Tenemos que salir y preguntar lo que queramos. Libertad casi total. Ahora, en la línea del programa, vienen a decir, las preguntas serias o comprometidas luego fuera de antena. "¿Qué bravos no?", me comenta Serrano. "Pensaba que estaría todo guionizado, podríamos preguntar cualquier barbaridad", añade. Asiento, pensando que, conociendo a Broncano, las respuestas probablemente lo sean, sin importar demasiado la pregunta.

Al fin nos llevan a plató, que es más grande de lo que parece (como buena estrella emergente ha estado en otros y casi siempre decepcionan por ser más pequeños de lo que uno se imagina, la magia de la tele, pero este no, "es sin duda de los mejores que se han hecho en España en los últimos años", nos confirma después Broncano). Apenas una prueba de sonido, nos explican donde ponernos y poco más. En la mesa ya está Andreu, que nos ve y se acerca. "¿Los periodistas de Jaén no, qué tal? Oye ¿hay buen rollo entre los periódicos o estamos provocando una guerra en Jaén al juntaros?", se interesa.

Llega David Broncano, apretón fuerte de manos, sonrisa y un ¡Uy qué miedo me dais!. La lluvia de estrellas no cesa y aparece Rosa María Calaf, que nos da dos besos a cada uno y charla con nosotros sobre Jaén, "al que he ido mucho, más incluso cuando estaba por ahí que ahora". Regresamos al camerino, preparamos las preguntas y al rato nos llaman. La hora de la verdad.

La hora de la verdad

Acaba el monólogo de Andreu mientras nos retocan el maquillaje y nos ponen los micrófonos con la petaca en el bolsillo interior de la chaqueta. La realizadora, muy maja, nos coloca detrás de la cortina (literal) mientras se oye a Broncano decir "al fin con esta entrevista podré actualizar mi perfil de Wikipedia" –el leitmotiv de todo esto–, a Buenafuente replicar "bueno, si te lo publican, creo que tiene que salir en un medio y escrito" y al jienense apostillar "claro, y tallado en piedra, no te jode". Risas. Muchas risas. "Oye pues sí hay gente ahí", piensa la estrella emergente en mitad de la calma tras la cortina y recuerda fugazmente El Mago de Oz, aquello de que al mirar detrás de ella se ve la realidad, que no hay más que ilusionismo. Estamos, sin embargo, al otro lado, así que cuando miremos detrás de la cortina no veremos el truco, sino la magia. Llega David que se sitúa en el centro, guiño de ojo a su derecha y palmadita en la espalda a su izquierda. Y se descorre el telón.

Los focos deslumbran y el público queda difuminado, más lejos de lo que parece que va a estar en el "seudoensayo". ¿El corazón? Bien, gracias, me tomé hace un par de días un Danacol. Empezamos con las preguntas y hay tensión, pero hay sitio para el disfrute. David como en el sillón de su casa luce tablas, esas que a nosotros nos faltan un poquito en pantalla, mientras Buenafuente al fondo, fuera de plano, sonríe desde la mesa y asiente, dando su confianza o su beneplácito.

Se escapan risas sinceras por alguna respuesta brillante e improvisada del entrevistado y llegan las del público, que se hace más nítido con el paso de los minutos. No muchos, eso sí, porque al parecer Rosa María Calaf tiene prisa para llegar a otro acto y debe pasar ya, así que llega pronto la frase clave para cerrar la entrevista (o lo que fuera que hicimos): "¿una última pregunta?". José Manuel, al que le toca en suerte presentar a la becaria, da el paso al titán del periodismo. Las órdenes son de quedarnos sentados para no convertir aquello en una amalgama de saludos, pero no me convence al decírnoslo y en el momento menos. Es lo primero que su madre reprocha a la estrella emergente al llamarla rato después. "Te tenías que haber levantado", le regaña. "Yo no te eduqué así" (esto último no lo dice, pero apuesten a que lo pensaba).

Salimos de plató y la sensación no es de tan subidón como esperaba, pero tampoco de bajón. David nos acompaña a Control, al cerebro del programa, donde vemos el resto. Allí aplausos al acabar la entrevista a la Calaf ("¡Pedazo de entrevista, sí señor!", gritan y aplauden al dar el paso a publi) y mil detalles curiosos ante diez o doce pantallas. El "prota" allí le parece a la estrella emergente una suerte de Tom Cruise moviendo pantallas en Minority Report, con las manos en el aire, solo que una compañera ejecuta con botones y no en el aire los cambios de plano de previsualizar o adelante cámara 4 (con nombre además cada una, Raúl y otros, no un número impersonal únicamente).

En #0 de Movistar, antiguo Canal+, de pago, le explica la también jienense Sonia Cano, que se encarga de buscar fallos en los planos, como entradas de micros, focos y cosas que no deberían estar ahí, viven mejor. "Antes, lo primero al llegar era mirar la cifra del día anterior (el dato de audiencia, el share), ahora sabes que importa la calidad y otros factores, no solo ese". Renuevan por temporada, por lo que cuando acabe, si se renueva adelante, y si no a buscarse la vida.

El buen rollo es patente pese a la presión, que durante la grabación es alta, aunque con algún que otro chiste (fuera de plato hablamos ahora), que la relaja. El ambiente es tal que parece que todos se vayan a ir juntos a tomar algo para celebrarlo al acabar y la estrella emergente pregunta por si acaso apuntarse, pero no, es solo un día más de trabajo en la tele. A veces lo hacen, pero a final de semana. Estamos a lunes. Además, no todos salen a la misma hora, hay quien se queda con redes sociales o preparando algo del programa siguiente.

Regalos de despedida

A la salida de plató aparecen Buenafuente y Broncano, que se despiden como empezaron, con un "gracias de verdad por venir, eh" de Andreu, y un selfie que resulta casi obligado. En la puerta a los periodistas de Jaén les espera un taxi que les dejará en el hotel con un papel blanco y rosa, con copia, con el sello de El Terrat, para pagarlo. "Dadle esto y ya está, de ahí se cobra", nos aclara la chica que no es Claudia, pero es eficiente. Así nos despedimos de la tele, con una bolsa de recuerdo (un póster con la cita "Reír es la única salida" y otro adorno con el logo del programa), abriendo en el móvil las redes sociales para poner alguna cosita, que el periódico lo pide y el cuerpo un poco también, que no ha sido un día mundano. "No está mal esto, no está nada mal", piensa la estrella emergente antes de tomarse una copa (solo una), porque en escasas horas toca madrugar, y apagarse en la habitación del hotel. Mañana será otro día y "show must go on".