Ideal

Extraña decisión, pardiez

Vamos a empezar estas líneas en corto y por derecho: soy muy de Dylan. Bueno, rectifico. Soy muy muchísimo del señor Dylan. Con él descubrí la música que realmente me gustaba; con él mi juventud dio un cambio radical y con él empecé a entender algunas de las cosas que habían pasado hasta 1975. Y con esos antecedentes, me alegra que los señores de la Academia le hayan dado un premio de la relevancia del Nobel. No me parece justo, eso también, pero como dylaniano que me considero me congratula.

Dylan tiene muchas virtudes como compositor. De él se ha dicho todo y se ha analizado todo. Y él se ha dejado querer o le ha dado la espalda al mundo en función de lo que su ego le dictara en cada momento. Pero Dylan es un compositor. Es un tipo que escribe letras de canciones -extraordinarias-, y que sabe combinarlas de manera magistral con la música que bulle en su cabeza y con su peculiarísima forma de interpretar. Pero es eso: un músico, un bardo, un trovador o como se le quiera llamar.

Pero no es un literato. Al menos él no escribe literatura, él no hace literatura, por mucho que utilice las palabras con una precisión que los angloparlantes destacan permanentemente. Vale, admito que habría que definir entonces que es la literatura. A mí me enseñaron que es una actividad de raíz artística que se expresa a través del lenguaje con la intención de crear belleza. Y no creo que esa sea la intención del autor. Que con las palabras crea imágenes bellas es indudable. Pero esas palabras suenan distintas si se leen con música o sin música. Y incluso evocan situaciones distintas si las escuchas cantadas o leídas. Y la literatura es palabra, en sí misma. Si necesita de otros artes para alcanzar su máxima expresión, entonces se convierte en otra cosa. Al menos así lo veo.

Los señores de la Academia han justificado convenientemente la decisión. Por supuesto. Y con argumentos sólidos, faltaría. Y personajes de acreditada solidez intelectual se han alegrado y les ha parecido muy bien. Pero a mí no me convence. Y no sé siquiera si él se lo cree.

Cuando le concedieron el Premio Príncipe de Asturias se excusó en compromisos anteriores para no ir a recoger el galardón a Oviedo. Igual esta vez hace lo mismo. De momento tiene conciertos comprometidos hasta el 23 de noviembre. Veremos.